La carismática y polémica hermana argentina Lucía Caram
—que vive en España desde hace 19 años, usa Twitter, alimenta a unas 4.500
personas pobres y fue apodada 'La monja cojonera'— ofrece su opinión sobre los
problemas actuales de la sociedad.
15 de abril de 2014
En una reciente entrevista con el diario argentino 'El
Perfil', la religiosa comentó, entre otras cosas, su misión en el país ibérico,
pero antes le preguntaron por el sobrenombre con el que se la conoce. La monja
señaló que según la opinión de la gente ella "toca los cojones" (una
expresión vulgar en España sinónimo de molestar para intentar conseguir algo).
"Es que cuando trabajas con gente que está en exclusión social […] a veces
uno denuncia cosas, y eso resulta incómodo", explicó.
Sor Lucía tiene tiempo de orar, estudiar y compaginar
su vida en comunidad con la actividad social junto a las personas más
necesitadas. Y es que esta hermana de buena fe, amante de la cocina, fue la
promotora de un proyecto en Cataluña para ayudar a los pobres.
"Estamos ayudando a 1.600 familias, que son unas
4.500 personas, a través de nuestro banco de alimentos. También damos albergue
a 17 personas sin hogar. Creamos una empresa de inserción para trabajar en
huertos ecológicos, un taller de costura y haremos una cooperativa de trabajo
asociado a ello", declaró en la entrevista.
La religiosa también ha hablado sobre política luego de
que esta semana ella misma le pidiera la renuncia al ministro de Hacienda,
Cristóbal Montoro, por cuestionar las cifras de la pobreza del informe de
Cáritas España. "Yo no sé dónde vive el ministro que, en vez de
arrodillarse y dar gracias al trabajo que están haciendo Cáritas y tantas
instituciones humanitarias en España, es capaz de descalificar tan fácilmente".
El papa, la esperanza. El Vaticano, lujos
sin humildad
La hermana calificó al papa Francisco de "una
persona coherente". "No solo es muy consciente de que hay que ser
santos, pobres y austeros, sino que, además, hay que dar esa imagen",
sostuvo Caram.
Por otro lado, cuando le pidieron dar su opinión sobre
el lujo y el oro que desborda el Vaticano, la hermana religiosa indicó que la
vez que visitó Roma "estaba tan cabreada [enojada] con cómo estaba montado
todo el sistema". "Ese oro no lo tiene que gestionar la
Iglesia", subrayó la monja, agregando que lo que debe hacer es ayudar
"a que la gente tenga una vida más feliz".
Sobre los casos de pederastia dentro de la Iglesia
dice: "Tolerancia cero". "Cuando se le ha hecho daño a un
pequeño y se le ha arruinado la vida para siempre, esto no puede quedar impune,
por lo cual, la Iglesia tiene que colaborar con la justicia", denunció la
religiosa.

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