15 abril de 2014
Enrique
del Olmo
Sociólogo y militante socialista
En
este abril con olores de república, con cada vez mas banderas tricolores en las
calles… Hablemos de la República pero no vamos a hablar de historia, lo haremos
de hoy y de mañana.
España
está en crisis, una afirmación que todos los días escuchamos profusamente:
crisis económica, crisis de empleo, crisis de forma de vida, crisis política,
crisis institucional, crisis social… crisis en todos los ámbitos que nos
rodean. Una de las características de una situación de crisis es que es
difícilmente previsible qué va a pasar, que los pronósticos tienen tanto riesgo
de no cumplirse como las predicciones económicas de los economistas
“oficiales”, en una crisis tan global toda la situación es tan inestable que un
acontecimiento imprevisible puede cambiar todos los equilibrios previos.
¿Quién
había oído hablar de Bárcenas hace medio año? ¿Quién conocía donde estaba
Botswana hace algunos meses? Estamos en una situación en que una leve pluma
puede descompensar el precario equilibrio de la balanza y esto es lo que vamos
a vivir en los próximos tiempos. No es tiempo de certezas, sino de
incertidumbres y en esta situación lo fundamental es tener una estrategia
global, esa que desde la izquierda no aparece ni por asomo. No es tiempo de la
maniobra táctica de corto recorrido, sino de dibujar un camino, una perspectiva
a la que se vayan incorporando cada vez más ciudadanos, que sea un proceso
capaz de sumar, de crecer, que haga posible que cada parte se sienta parte del
mismo, que cada arroyo sume al caudal de un río global. Ese es el auténtico
reto en momentos de desconcierto, desorientación y a veces de desesperanza.
Tenemos
un gobierno rechazado por la mayoría de la población, una monarquía a la que se
le acabó la bula, una clase política repudiada día a día en la calle, donde la
corrupción aparece insertada en todas las estructuras institucionales, un
empresariado con una voracidad sin limites que se lucra del empobrecimiento de
la gente, una justicia treméndamente cuestionada
Y
a la vez una ciudadanía que siente caer en picado su nivel de vida y sus
derechos, donde la pobreza aflora por todas partes, donde la indefensión de las
personas es cada vez mayor, donde la represión amenaza cuando se protesta. Pero
a la vez una ciudadanía que se moviliza posiblemente como nunca, el 15-M, las
huelgas generales, las mareas, las reivindicaciones nacionales, las luchas
contra los desahucios… Y además con nuevas formas: espontáneas, democráticas,
unitarias en la acción… millones de personas en las calles pero sobre todo y
mas allá de las reivindicaciones concretas un sentimiento profundo de que hay
que cambiar, que hay que tomar de nuevo el destino en nuestras manos, que la
crisis del régimen requiere una nueva alternativa global. Unos lo formula como
proceso constituyente, otros como cambio de la constitución, otros como un
nuevo pacto diferente al de la Transición.
Cada
día nuevas publicaciones en digital o en papel, nuevos foros, nuevas
reflexiones, cientos de artículos apuntan de forma persistente en la necesidad
de un cambio de rumbo y la necesidad una nueva propuesta global y plural, y
esto en un marco de desorientación política donde la alternativa a este
Gobierno de la derecha no existe y ello provoca desesperanza, donde la
alternativa de toda la vida, el PSOE, por el momento no está ni se le espera,
donde las otras opciones avanzan pero ni mucho menos al nivel de la exigencia
de los tiempos, donde una nueva alternativa unitaria tipo Syriza tampoco acaba
de vislumbrarse, donde las fuerzas acumuladas desde el 15-M no encuentran con
claridad canalización política aunque pugnan por encontrarla.
Tres
cuestiones configuran la situación: crisis profunda del régimen, movilización
enorme de la sociedad para resistir a los ataques y falta de alternativa
política que dé salida en el actual marco.
Esto
no se soluciona como otras veces desde el 78 con la alternancia, posiblemente
ya se estén aglutinando las fuerzas para un ejercicio de gatopardismode
altos vuelos: reforma constitucional moderada, nuevo pacto del establishmententablillando
la monarquía con abdicación y transparencia (la gran coaliciónaleteando),
ver cómo se incorpora a las derechas periféricas, todo ello con la aplicación
del ajuste de caballo que recomienda el Bundesbank, conclusión: menos
libres para ser mas pobres.
Ahora
sí, volvamos a la historia, en los años 20 ante la descomposición económica,
institucional y moral del país, la Corona y el Ejército arbitraron el golpe de
Primo de Rivera para recomponer dentro de la misma estructura. Muchos se
acomodaron pero el río siguió fluyendo y poco a poco se fueron descolgando del
régimen parte de los apoyos: Sánchez Guerra, Alcalá Zamora, Maura, Perez de
Ayala, el mismo PSOE de una cierta colaboración a la oposición frontal…
monárquicos reconocidos pasaron a republicanos del momento y el movimiento
republicano fue sumando y sumando hasta imponer su mayoría civil. Ahora no es
el tiempo de golpes militares mas allá de las astracanadas del General
Chicharro y otros toleradas por el Gobierno, pero ante la crisis global las
salidas serán globales: una la de los parches y otra, y en esa queremos
incidir, la de la República.
No
estamos ante una reivindicación nostálgica aunque nos sintamos orgullos de
aquella explosión de fe en el futuro y la libertad que supuso el 14 de abril de
1931, estamos ante una perspectiva política que se incardina con claridad en el
cambio de régimen. Los grandes problemas presentes: el poder político, la
profundización de la democracia, el control del poder financiero, la relación
con la Iglesia reaccionaria, la desaparición de quistes del pasado como la
monarquía, las relaciones federales entre las nacionalidades, las relaciones en
la UE… todo aquello que fue plasmado en centenas de plazas de todo el país
tiene auténtico sentido en un movimiento republicano aunque tarde en expresarse
política e institucionalmente. No es casual que hoy ya la monarquía esté tocada
y que las cohortes más jóvenes ya se pronuncien mayoritariamente por la
República.
Como
señalaba Julián Casanova en un reciente artículo: “Esa nueva cultura cívica
y participativa puede, y debe alejarse del marco institucional monárquico y
retomar la mejor tradición del ideal republicano. Hacer política sin oligarcas
ni corruptos, recuperar el interés por la gestión de los recursos comunes y por
los asuntos públicos. En eso consiste la República”.
Todas
las gentes que están hoy en acción, y las que más tarde o más pronto se
sumarán, encontrarán, antes o después, su punto de unión en esta reivindicación
del cambio democrático global: la República.
Fuente: www.publico.es

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