Artículos de
Opinión | Mireia Chavarria * | 15-04-2014 |
Cuando
decimos “castellano” o “español”, estamos utilizando términos que,
gramaticalmente, son nombres. Pero que son adjetivos en origen, lo que
significa “perteneciente o relativo a”. Hasta aquí, todo es lengua. La política
entra en el momento en que tenemos que decidir si este idioma es perteneciente
o relativo a la tierra de Castilla o a España. Y el debate se radicaliza cuando
la palabra no es introducida por un artículo indeterminado, sino determinado
(el castellano o el español), que vendría a representar “el idioma de Castilla”
o “el idioma de España. De aquí, si el español es el idioma de España, quedan
al margen el resto de lenguas que se hablan en el Estado, dando a entender que
son lenguas “menores”, tal y como hizo el Estado francés en denominar “patois”
a cualquier lengua que no fuera el francés.
Y es que el
castellano se ha impuesto en muchísimos territorios a lo largo de la historia,
con la ayuda y el beneplácito de las instituciones del Estado español. La RAE
es un buen ejemplo de instrumento político, ya que sirvió para regular y
unificar la lengua una vez que ya estaba bien sentada en los territorios
invadidos al otro lado del océano. Una forma de imperialismo lingüístico que
continuó después de la independencia de las antiguas colonias, en que la RAE
promovió el establecimiento de academias subordinadas a ella. El “limpia, fija
y da esplendor” que utilizó como eslogan era sincero. Aun así, en buena parte de
América Latina se llama “español” a la lengua. Es la denominación más habitual
también en el resto de lenguas (espagnol, Spanish, spagnolo…). ¿Popularidad o
antiimperialismo sin concesiones? Castilla, para mí, es la cuna de esta lengua;
España, un proyecto político muy concreto. Mi posición es clara, pero el debate
está servido.
* Mireia
Chavarria (@miretxebarria) es militante de En lluita / En lucha
Artículo
publicado en la sección Literata del Periódico En lucha / Diari En lluita

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