Por Eduardo Sotillos | Nuestro Presidente
ha querido concluir su viaje a Japón rindiendo tributo al gesto del
fundador de su partido e ilustre paisano, Manuel Fraga, desafiando los riesgos
nucleares en Fukushima...
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| Sistema Digital | Eduardo Sotillos | Eduardo Sotillos | 03 Octubre 2013 - 19:12 h.
Sistema
Digital | Los objetivos de la visita del presidente del Gobierno
español a Kazakstán y Japón no son, en principio, criticables. España necesita
abrir mercados y es conveniente que sus gobernantes abran las puertas que
puedan a nuestros empresarios. Habiendo renunciado a cualquier política activa
de inversión desde los Presupuestos del Estado, la única salida para potenciar
nuestro tejido productivo es atraer capitales extranjeros. No es el tipo de
solución que muchos desearíamos, pero es la única viable desde la perspectiva
de la política económica diseñada por los ministros y asesores de Rajoy. Otra
cosa es que la venta de la marca España se haga subrayando la precariedad de
los costes laborales como signo de competitividad y que se ofrezca modificar la
legislación española a gusto de cualquier especulador que lo demande para
garantizarse beneficios por la vía más rápida posible. Paradigma: Eurovegas.
Las
noticias que llegan desde la corte de Rajoy en Oriente inciden más en los
aspectos anecdóticos que en los resultados reales. Tal parece como si lo que
contara es subrayar la gestualidad de nuestro Presidente y llenar de imágenes
los telediarios. Después del bochorno de la entrevista concedida por Moncloa a
la cadena Bloomberg, con intento incluido de eliminar preguntas molestas, tras
la triste experiencia de Ana Botella en su intento fallido de Buenos Aires, los
asesores de Mariano Rajoy prepararon su entrevista con un canal de Tokio tan
concienzudamente que le forzaron a aprenderse de memoria tres palabras en japonés
para dar las gracias. Ahí queríamos ver a los periodistas palaciegos…los
teléfonos de todas las centralitas, que diría Anson, quedaron bloqueadas y el
índice Nikkei se disparó. ¡Rajoy dijo gracias en japonés sin
equivocarse! No exagero…hay crónicas firmadas.
Luego
a Rajoy le colocaron una rosa roja, descomunal, en la solapa. ¡Y no se la quitó
aunque le hicieran bromas sobre su simbolismo político en España! El protocolo
falló un poco cuando le recibió el Emperador. Rajoy, más republicano que
Zapatero, Obama o Evo Morales, no inclinó ni levemente su cabeza, a pesar de la
diferencia de altura con su anfitrión. Lógico, cuando acababa de anunciar que
el único tema que nos preocupa ya es saber cuán grande será nuestro
crecimiento, y anticipar, contra todo lo establecido, el resultado de los datos
del paro. Tan magníficos, que ya hemos conseguido sumar casi un millón más que
cuando se marchó el infausto Zapatero.
No
contento con lo conseguido hasta ese momento, nuestro Presidente ha querido
concluir su viaje rindiendo tributo al gesto del fundador de su partido e
ilustre paisano, Manuel Fraga, desafiando los riesgos nucleares en Fukushima. A
cambio de la rosa, ¿¡qué menos que una frase para la historia!? El creador de
los “hilillos” dictaminó que ya no había ningún riesgo de contaminación. Y no
se metió en el agua porque su séquito no había previsto llevarle unos calzones
de baño. Lástima de foto que hubiera dado la vuelta al mundo, mientras la
responsable de la Central Nuclear, una insensata ignorante, estaba alertando de
que se había producido una nueva fuga de agua radioactiva hacia el mar como
consecuencia de la ruptura de un tanque. No se preocupen, señores del Gobierno,
ya taparemos esa metedura de pata en los telediarios… No se puede pedir a un
hombre que haga el esfuerzo de aprender a decir gracias en japonés y
simultáneamente informarse de la realidad de un riesgo de contaminación
nuclear. No se puede bajar una escalera y mascar un chicle. Ni algún presidente
de los Estados Unidos era capaz de hacerlo. Bastante esfuerzo supone bajar las
pensiones subiéndolas o crear puestos de trabajo destruyendo el empleo…Ni Rajoy
da para tanto. Hombre, tal vez, lo que pudiera pedirse a él y a sus asesores,
es que se limite a hacer el ridículo en casa y no avergonzarnos a nivel
universal. Aquí ya

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