Por Pablo Vaamonde | La OMS afirma
que invertir en salud pública es rentable: se atajan las dolencias evitables y
se mejoran los indicadores de salud, produciendo un incremento de la capacidad
laboral y de la productividad.
nuevatribuna.es
| Pablo Vaamonde | Médico de Familia | 03 Octubre 2013 - 17:16 h.
Los
expertos no tienen duda: el derecho a la asistencia sanitaria gratuita para
toda la población es un mecanismo muy eficaz para romper el círculo de la
pobreza. Así lo afirmaron en una Asamblea General de la ONU
celebrada en estos días pasados. La OMS calcula que cada año hay unos 150
millones de personas en el mundo que van a la ruina por tener que pagar
facturas sanitarias (en algunos puntos de África una cesárea puede costar 200
euros, cifra imposible para la gran mayoría de la poblacion). El coordinador de
"Acción por la Salud Global", Tim Roosen, es
contundente: "si no se cumple el derecho a la salud para todos los
ciudadanos, los Estados no prosperarán ni crecerán, y los pobres seguirán
empobreciéndose cada vez más".
Si no reduce el consumo ni recauda dinero: ¿por qué aplica el
Gobierno una norma tan injusta y cruel?
La
OMS afirma que invertir en salud pública es rentable: se atajan las
dolencias evitables y se mejoran los indicadores de salud, produciendo un
incremento de la capacidad laboral y de la productividad. También sabemos
que invertir en sanidad mejora el pronóstico del cáncer; un estudio
reciente demostró una fuerte correlación directa entre gasto sanitario y
supervivencia al cáncer después del diagnóstico: a más gasto, la mortalidad es
menor.
En
España, a partir de la Ley General de Sanidad (1986), promovida
por Ernest Lluch, se hizo un largo camino para conseguir la cobertura
sanitaria universal de forma plena. El Sistema Nacional de Salud (SNS), de
cobertura universal y financiación a través de los impuestos, es un referente a
nivel internacional. La "Organización Panamericana de la Salud"
impulsa este modelo en sus países miembros. Pero aquí, por la actuación cruel y
pertinaz de este gobierno, estamos haciendo el camino en sentido contrario. En
lo que va de legislatura el PP está realizando una demolición programada del
SNS. Estas son algunas de sus
actuaciones:
1.-
El RD Ley 16/2012 introdujo la obligación de diversos copagos que
sobrecargan, de manera insoportable en algunos casos, las deterioradas
economías familiares. El 16% de los jubilados no pueden completar sus
tratamientos, y son cada vez más las personas mayores que piden ayuda para
comprar las medicinas. Pero también dejó sin cobertura a cerca de un millón de
personas que quedaron sin tarjeta sanitaria. Según “Médicos del Mundo” cada día
2.400 personas quedan excluidas de la cobertura sanitaria desde que
comenzó la aplicación de este decreto en septiembre de 2012. Esta organización
puso en marcha una campaña informativa - "Nadie
desechado" -, para concienciar a la población sobre la
gravedad de la situación. La supresión de la atención sanitaria a los
inmigrantes es una decisión cruel e injustificada: el daño provocado es
inmensamente superior al ahorro conseguido. Pero también es una medida
insensata y peligrosa: las personas excluidas con dolencias transmisibles
pueden representar un peligro para toda la población.
2.-
El gobierno del PP acaba de enviar a la UE su "Programa Nacional
de Reformas. Reino de España 2013" para evidenciar su voluntad de
continuar con los recortes sociales. Según un informe de la FADSP una de las
partidas más afectadas va a ser el Sistema de Atención a la Dependencia: de
2012 a 2014, en tres años, van a aplicar un recorte de 2.220 millones de
euros. Quedarán sin atención 256.000 dependientes, aunque "el
objetivo final es desmantelar todo el dispositivo previsto por la ley para
permitir a las multinacionales de los servicios sociosanitarios apropiarse de
estos, como hicieron ya en el Reino Unido".
3.-
El pasado 19 de septiembre el gobierno publicó en el BOE una resolución por la
que se obliga a los pacientes con dolencias crónicas graves (cáncer,
artritis reumatoide, hepatitis crónica, esclerosis múltiple etc.) al pago
del 10% del precio por envase de los fármacos de dispensación hospitalaria
-que suelen ser muy caros-. En el preámbulo de la resolución el propio gobierno
reconoce la gravedad y cronicidad de las patologías afectadas. Esta medida
debería ser implantada por las autonomías a partir del primero de octubre, pero
varias comunidades ya anunciaron que no la van a aplicar. Los defensores del
copago aducen dos razones para imponerlo: la función disuasoria y la capacidad
recaudatoria. Pero no es posible evitar que estas personas dejen de utilizar
estos fármacos, sin poner en riesgo su salud, y la recaudación económica va a
ser insignificante para el gobierno (hay un límite de 4.2 euros por envase)
aunque muy gravosa, e incluso imposible de asumir, para los enfermos.
Si
no reduce el consumo ni recauda dinero: ¿por qué aplica el gobierno una norma
tan injusta y cruel? Hay razones ideológicas para imponer estos castigos a las
personas más necesitadas de ayuda. La viceconsejera de sanidad de Madrid,
Patricia Flores, se preguntaba hace poco: “¿Tiene sentido que un enfermo
crónico viva gratis del sistema?”. También hay una intención
intimidatoria. Con estas medidas el gobierno intenta crear una situación de
pánico colectivo; los propios afectados se ven paralizados por el miedo,
superados por una situación de desamparo y desprotección que los hace temer por
la propia vida. Pero debe ser toda la ciudadanía la que reaccione ante estas
imposiciones que nos retornan a un pasado que creíamos superado. Porque, si no
actuamos, algún día podrá tocarnos a nosotros.

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