Manuel Alcaraz Ramos |
Profesor Titular de Derecho Constitucional en la Universidad de Alicante
nuevatribuna.es | 12 Enero 2014 - 10:38 h.
EL
REY O LA TRAGEDIA: El declinar físico de D. Juan Carlos se está convirtiendo en
una metáfora de su declinar político y un recordatorio angustioso de lo poco
ejemplar de su biografía desde el punto de vista de una ética pública: ni
practicó una ética de la responsabilidad ni una ética de la convicción, que lo
suyo es la ética de la supervivencia. Nadie sensible puede recrearse con sus
balbuceos o con el despedazamiento de lo que quiso ser la familia más ideal que
los siglos vieron. Pero tampoco podemos dejar de solazarnos, con angustia, si
se quiere, de la esperpéntica imitación del padre de Indiana Jones en la
portada del “¡Hola!”: parece que no se da cuenta de que si deseaba disimular su
vejez –lo que no es necesario- lo que ha conseguido es aparentar arrogancia de
viejo verde, repintado por las maravillas de la tecnología fotográfica. No es
precisamente eso lo que necesita España, por más que se empeñe en recordarnos
lo importante que es la unidad y que desde su altura de rico genético muestre
cada Navidad su solidaridad con los desfavorecidos. Hay algo que se nos está
rompiendo por dentro: al fin y al cabo este hombre es materia de nuestra
nostalgia y, pensemos lo que pensemos de la Monarquía, ha prestado sus buenos
servicios y encarna una institución que merece respeto formal mientras exista.
Prescindir de él no va a ser fácil. Pero menos lo va a ser convivir con su
decadencia convertida en espectáculo y parte médico habitual. Él y algunos
sabios madrileños sabrán por qué no abdica, atrapado como está entre la
fragilidad de sus huesos y la rigidez de una Constitución que impide al
Príncipe de Asturias asumir funciones constitucionales, condenándole a ser un
figurón trotamundos, acartonándose mientras se hiela en el funesto destino de
quien espera la muerte de su padre para ver realizada su misión. La psicología
de los tiempos actuales no está preparada para entender tanta crueldad. He aquí
un argumento inédito a favor de las Repúblicas: éstas no son sádicas, no
emparedan a un heredero entre la educación para ser amo del futuro y la larga
expectativa de la expiración o de la senilidad total de un ser querido. Hay en
todo esto un aire de predestinación trágica a la griega, una broma del tiempo,
con el fantasma entubado de Franco paseándose por algunas memorias y con un
joven Príncipe a la espera de lo que dispusiera para sí el Señor. Pero,
insisto, no estamos para estas truculencias, que bastante tenemos con lo que
tenemos y tampoco se sabe que el poder del monarca fuera usado nunca para pedir
moderación a sus amigos, los que le regalaban yates en las horas altas de la
monarquía y de la economía. Ni supo parar esa congregación de sombras que le
fue apareciendo por los rincones de la estirpe. Símbolo del sistema, este
marino egregio hace aguas conforme las preguntas se acumulan a las puertas de
la Carta Magna; a este cazador cazado, se le ha agotado la pólvora de rey
cuando las finanzas vienen flacas. La escena de la Pascua Militar, penosa, nos
remitió a otras de Juan Pablo II. El Papa que, por ver si la aureola de
martirio conseguía algo, aguantó hasta el final. Pero su sucesor no aguantó.
Que se apliquen el cuento. Juan Carlos: ¡santo súbito!
EL
PRESIDENT O EL DRAMA: Que Cotino arranque naranjas para cultivar caquis es un
signo tragicómico del declive de la patria valenciana entendida como Levante
feliz. No damos para más. Pido a los Diputados que inscriban en el Libro
Guinnes a nuestro parlamento como el único presidido por un cultivador de
caquis. Y que se dejen de esas zarandajas de preguntar por qué antes
consideraba compatible su negocio naranjero con la exclusividad retributiva y
ahora no. ¿Por qué habría de ser? Lo de las naranjas era lo de todos, los
caquis es lo exótico, el último símbolo del cambio, o sea, del paso del caballo
de Atila, uno de los mejores afiliados al PP. Como él: alto representante de
los ungidos por las sectas vaticanistas y por las velas del diablo del dinero
inmobiliario y aledaños, aunque en trance de adaptarse, acometiendo el inmenso
sacrificio de renunciar a unos cientos de euros al año. Dios nos perdone lo que
les hemos obligado a hacer, a él, que más que moderar debates sacramenta con su
mirada y el terciopelo de su lengua a esa institución, les Corts, que él,
personalmente, debe considerar una estupidez. Habiendo caquis…
EL
CURA O LA COMEDIA: No entiendo el revuelo que se ha gestado –con perdón de Dios
y sus Ministros- con el folleto –con perdón de Dios y de sus militantes de
base- emitido por el párroco de Beniarrés para preparar mejor a las almas para
recibir el sacramento de la penitencia, alentar el sentimiento de dolor de
contrición y aclarar las dudas impertinentes que asaltaran maltrechas
conciencias de la de grey de ovejas católicas en general y, en especial, de
ovejas católicas lelas, con perdón de la redundancia. Larga es la historia de
los manuales para pecadores y confesores y algunos son altamente valorados por
la tradición, así, el de Alfonso María de Ligorio, como es sabido. Y si unos
fueron laxos, como acusó Pascal a los jesuitas, otros fueron de feroz rigidez.
Sea como fuere, este es actual, aunque lamentablemente no esté disponible en
aplicación para tablet, con preguntas sabrosas y ya veremos lo que dicen
algunos descarriados cuando se vean en el infierno mientras los que ejercitaron
esta gimnasia del espíritu revoloteen entre nubes haciéndoles burla. Al fin y
al cabo, se pongan como se pongan los rojos, todo seminarista sabe que, por
ejemplo, hay mujeres que, por puro vicio, abortan dos o tres veces a la semana,
y conviene afearles su conducta. Lo que creo es que faltan algunas preguntas.
Amplia es la nómina que se me ocurre, pero a título de muestra, sugiero añadir:
¿Ha practicado en la últimamente el sexo por conducto auricular o nasal?
¿Cuántas bombas atómicas ha arrojado? ¿Le gusta la carne de niño crudo? ¿Ha
reflexionado más sobre la Santísima Trinidad o sobre la crisis? ¿Le ha robado
alguna vez un paraguas a un cura? ¿Ha tenido sueños eróticos con Wert, Báñez o
Gallardón?, ¿juntos o por separado? ¿Ha comido caquis?, ¿cuántas veces al día?
¿Es monárquico o cree en la familia? ¿Ha dado en pensar que su párroco a) es
tonto del haba, b) es un degenerado a la espera de ciertas respuestas, c) es un
imbécil, d) es todo a la vez?
Fuente: www.nuevatribuna.es

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