Vicenç Navarro |
Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra
nuevatribuna.es | 12
Enero 2014 - 10:41 h.
Sistema
Digital | En los mayores fórums de reflexión financiera y económica en
España existe una actitud casi reverencial hacia el Fondo Monetario
Internacional (FMI). Sus informes se leen con gran detalle y sus
recomendaciones se toman muy en serio. El FMI es, se mire como se mire, una de
las instituciones financieras internacionales que tiene mayor influencia en los
círculos mediáticos y políticos en España, donde la sabiduría convencional se
genera, reproduce y promociona.
Conozco
bien el FMI. La The Johns Hopkins University tiene varios campus en Washington,
donde está ubicada la sede del FMI, y conozco a muchos de sus profesionales,
con los que coincido en congresos, seminarios y sesiones profesionales. Y
siempre me ha sorprendido el gran respeto que origina el FMI en los círculos
mediáticos y políticos españoles. Y mi sorpresa deriva de que el nivel técnico
de sus trabajos es, por lo general, y con notables excepciones, de muy escasa
calidad (una excepción al nivel de mediocridad es el Departamento de
investigación económica que, por desgracia, tiene muy poca incidencia en el
desarrollo de las políticas del FMI). Por lo demás, entre los que se
llaman “expertos”, hay gran cantidad de individuos formados en centros
académicos de EEUU o de Europa bien conocidos por su sensibilidad neoliberal,
impermeable a los datos que muestren lo contrario de lo que promueven. Y uno de
sus dogmas es el consabido énfasis en disminuir lo salarios (que llaman
devaluación doméstica) como manera más eficaz para salir de la crisis
financiera y económica. El FMI publica un informe (como promedio cada cuatro
meses) en el que se repite una y otra vez que la bajada de salarios es
necesaria para aumentar la competitividad y así incrementar las exportaciones,
aumento que será el que estimulará la economía y permitirá a los países de la
periferia de la Eurozona (lo que incluye a España) salir de la crisis. Conociendo
al FMI, les garantizo que en dos o tres años cambiará de postura, y, sin pedir
disculpas, promoverá otro dogma igualmente erróneo. Si no me creen, esperen un
par de años. Se acordarán ustedes de que hace dos años el FMI era uno de los
mayores promotores de otro dogma neoliberal: el de que la austeridad (recortes
del gasto público) era necesaria para conseguir la recuperación económica. El
FMI (junto con la Comisión Europea y el Banco Central Europeo) machacó miles de
veces que había que recortar, recortar y recortar el gasto público a fin de
reducir el déficit y la deuda, y con ello recuperar la famosa confianza de los
mercados financieros. Hace menos de un año, sin embargo, el FMI cambió de
parecer y dijo que no se hicieran tantos recortes, pues los recortes de gasto
público reducirían la demanda doméstica y con ello se reduciría la actividad
económica y el crecimiento económico. ¡Por fin habían visto la luz! Pero, por
lo visto, no se han dado cuenta todavía de que la reducción de los salarios
(¡20% de media en Grecia en los primeros meses de 2012!) también crea un enorme
problema de falta de demanda. Les garantizo que en un par de años van a
descubrirlo. Dudo que lo hagan antes pues son un poquitín lentos. Y mientras
tanto, sus políticas están haciendo un enorme daño.
Las
falacias de salirse de la crisis bajando los salarios
Pero
la situación es incluso peor, pues no solo su recomendación de que bajen los
salarios es empíricamente insostenible, sino que toda la evidencia –que usted,
lector, no verá mucho en los medios de información españoles- señala que es una
de las causas de la crisis, pues no solo dificulta la salida de la crisis, sino
que la empeora sustancialmente, pues al reducir los salarios, supuestamente
para ser más competitivos, se reduce la demanda en todos los países (que
compiten en ver quién baja más los salarios para ser más competitivos) que
están en crisis. Y esta es la causa de la crisis en la Eurozona, muy marcada en
sus países periféricos.
Pero
lo que es incluso más indignante es que los datos muestran muy consistentemente
que en ninguno de estos países sus exportaciones tienen mucho que ver con el
nivel salarial. La demanda exterior de productos (origen de las exportaciones)
ha permanecido para toda la Eurozona estancada durante el periodo 2008-2011. Ha
habido variaciones dentro de cada país. Pero, como promedio, ha habido en la
práctica un estancamiento, dentro de la Eurozona, del comercio entre sus países
miembros, y ello a pesar del descenso salarial que ha ocurrido en todos ellos.
En realidad, el crecimiento de las exportaciones de los países de la Eurozona
ha ido a países de fuera de la Eurozona, los Países Emergentes, donde los
salarios, por cierto, han aumentado. Y este crecimiento no tiene nada que ver
con el descenso de los salarios de los países exportadores, sino con el
crecimiento de los salarios en los países importadores (que están fuera de la
Eurozona) y con el descenso del valor del euro versus las monedas de aquellos
países. Esta es la evidencia que existe, fácilmente contrastable. Ahora bien,
les garantizo que el FMI (así como la Comisión Europea y el BCE) continuarán
machacando con que hay que bajar los salarios. Por cierto, los salarios de los
expertos del FMI son (junto con los de otra institución ultraliberal como la
OCDE) los más altos de todos los funcionarios internacionales, mostrando, una
vez más, que no hay relación estadística entre productividad y salarios. O,
dicho de otra manera: el nivel salarial es una variable política más que
económica. La incoherencia entre lo que el FMI impone y lo que hace en su
propia casa, es enorme.

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