LUIS
DíEZ | 6/1/20144
El
teniente general José Mena Aguado abandonando el Ministerio de Defensa tras
serle comunicada su sanción. / Efe
El
proceso independentista en Cataluña ha llevado a la Asociación de Militares
Españoles (AME), integrada por oficiales retirados, a ofrecerse como “cauce
de expresión” de los mandos en activo que sean partidarios de la
intervención armada contra las instituciones catalanas para que puedan
expresarse sin ser sancionados. Esta iniciativa contrasta con la de otros
militares profundamente demócratas que rechazan de plano la intervención
militar y plantean en último término un referendo en toda España. A lo largo de
2013 el Ejecutivo de Mariano Rajoy Brey se ha abstenido de sancionar a
los beligerantes. En esta situación, los 132.282 profesionales de las Fuerzas
Armadas celebran hoy la Pascua Militar.
La
AME agrupa a un puñado de generales retirados entre los que figura el teniente
general José Mena Aguado, quien siendo jefe de la Fuerza Terrestre
aprovechó el brindis de la Pascua Militar de 2006, en pleno debate del nuevo
Estatuto catalán, para amenazar a Cataluña con la activación del artículo 8 de
la Constitución que encomienda a las FAS la defensa de la integridad del
territorio nacional. En su último comunicado, esta asociación a la que también
se inscribió el teniente general Luis Alejandre Sintes, cesado por el
ministro José Bono y con cargos públicos en el PP de Baleares, reclama
la intervención del Ejército en Cataluña y califica nada menos que de “alta
traición” al Parlament por haber aprobado la consulta soberanista y de “cómplice
de alta traición” al Gobierno y a las instituciones del Estado.
Abiertamente
en contra de ese núcleo de ruidosos belicistas, políticamente cercanos al PP,
se sitúan los generales de profundas y demostradas convicciones democráticas
que como el teniente general Pedro Pitarch abogan por “un referéndum
en el que todos los españoles podamos decir si queremos que Cataluña se separe
o no de España”. Para estos militares demócratas, que hoy son la gran
mayoría, “la política democrática tiene armas pacíficas para todo” sin
necesidad de alimentar el odio ni, mucho menos, de llegar a matarnos unos a
otros como plantean los pretorianos más emberrechinados, que diría Alfonso
Guerra.
La
“inquietud” en las altas esferas del Ejército por el avance del
independentismo en Cataluña es algo que ni el jefe del Estado Mayor de la
Defensa (Jemad), almirante general Fernando García Sánchez, se atreve a
negar, aunque eso sí, es “una inquietud individual”. Se colige que los
mandos no han trasladado todavía su excitación a los subordinados. Y puesto que
se trata de “preocupaciones individuales”, el Gobierno de Rajoy y su
ministro de Defensa, Pedro Morenés Eulate, han evitado sancionar a los
dos generales que en 2013 se han pronunciado abiertamente contra las
instituciones democráticas catalanas.
Así,
el general de división Juan Antonio Chicharro, que estuvo al mando de la
Infantería de Marina, quedó sin sanción después de abogar en el Casino de
Madrid por la intervención del Ejército para frenar la independencia de
Cataluña si el Gobierno y el Tribunal Constitucional no cumplían con su deber.
El ministro Morenés le llamó a capítulo y le dijo que con que abandonara el
cargo que ostentaba al frente de la Real Orden Militar de San Hermenegildo era
suficiente. Y otro tanto ocurrió con el general Ángel Pontijas Deu. Este
Pontijas era director de la revista mensual Ejército, órgano oficial del
Cuartel General, y en el número de noviembre pasado insertó un editorial contra
el president Artur Mas y contra el catalán. El Jeme, teniente general Jaime
Domínguez Buj no tuvo más remedio que agradecerle los servicios prestados y
cesarle.
La
extraña renuencia del ministro Morenés a sancionar a los altos mandos militares
por sus graves pronunciamientos antidemocráticos fue denunciada el 18 de
diciembre pasado por el diputado socialista y portavoz adjunto en la Comisión
de Defensa Félix Tudanca, y contrasta con la extraordinaria presteza
para encarcelar por la vía administrativa –lo que contraviene la Convención
Europea de Derechos Humanos– a los representantes de las asociaciones
profesionales por sus propuestas y reivindicaciones sociales. En 2013 fueron
encarcelados Jorge Bravo, presidente de la asociación mayoritaria entre
los suboficiales, soldados y marineros profesionales, la AUME; la secretaria la
secretaria de Mujer y los delegados de esta asociación en Murcia y en Cádiz, y
también el presidente de la Asociación de Tropa y Marinería (AMTM), por
acumulación de protestas contra la incuria laboral, salarial y profesional que
padecen.
La
línea de debilidad con los fuertes y de fortaleza con los débiles es en todo
caso un elemento a tener en cuenta ante los pronunciamientos odiosos (por
incitar al odio) y eutrapélicos (por insensatos) que se puedan producir a lo
largo de 2014 y a medida que se acerque el referéndum catalán del 9 de
noviembre. En la revisión del régimen disciplinario que tramita el Congreso, el
PP quiere ampliar las penas de privación de libertad a las faltas leves e
introducir la sanción de supresión de sueldo, pero no agrava el castigo por
incitar al odio en los cuarteles y las unidades.
En
términos políticos, muchos militares se preguntan ¿cómo es posible que aquel
Rajoy que utilizó en 2006 el pronunciamiento de Mena –ahora en su retiro dorado
en Alicante– como arma arrojadiza contra el entonces presidente José Luis
Rodríguez Zapatero, quien desactivó el plan Ibarretxe hacia la
autodeterminación del País Vasco, no haya sabido encauzar las demandas que le
planteó Mas y haya optado por el “tancredismo” hasta llegar al
referéndum independentista? Ahora que, como dice el general Pitarch, “el
toro ya está en la plaza”, el presidente deberá apelar a los capotes del
Parlamento para negar el permiso constitucional a la consulta, al propio
Tribunal Constitucional que preside el gracioso catalanofobo, exmilitante y
asesor del PP Francisco Pérez de los Cobos, y en última instancia a
todos los ciudadanos sobre la configuración del Estado español.
En
los años veinte del siglo pasado, cuando Ernest Hemingway visitó España
por primera vez se admiró de un tipo que se pintaba el cuerpo con cal para que
el toro no le oliera y permanecía inmóvil, jugándose la vida ante la fuerza
bruta y bien armada de los astados. Era Tancredo y le llamaban “don” por la
pasta que ganaba. Cuando el periodista se enteró de que un toro lo había arrollado
y ultimado, tituló la noticia para un periódico canadiense: “Don Tancredo ha
muerto por falta de capotes”. Cabe esperar que no se utilice la Pascua
Militar que hoy protagoniza el rey Juan Carlos de Borbón en el Palacio
Real para azuzar más a la fiera, la fuerza bruta y armada.
Fuente:
http://www.cuartopoder.es/

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