sábado, 11 de enero de 2014

MILITARES ULTRAS AMENAZAN A CATALUÑA Y DEMÓCRATAS PIDEN REFERENDO EN TODA ESPAÑA

LUIS DíEZ | 6/1/20144
El teniente general José Mena Aguado abandonando el Ministerio de Defensa tras serle comunicada su sanción. / Efe
El proceso independentista en Cataluña ha llevado a la Asociación de Militares Españoles (AME), integrada por oficiales retirados, a ofrecerse como “cauce de expresión” de los mandos en activo que sean partidarios de la intervención armada contra las instituciones catalanas para que puedan expresarse sin ser sancionados. Esta iniciativa contrasta con la de otros militares profundamente demócratas que rechazan de plano la intervención militar y plantean en último término un referendo en toda España. A lo largo de 2013 el Ejecutivo de Mariano Rajoy Brey se ha abstenido de sancionar a los beligerantes. En esta situación, los 132.282 profesionales de las Fuerzas Armadas celebran hoy la Pascua Militar.
La AME agrupa a un puñado de generales retirados entre los que figura el teniente general José Mena Aguado, quien siendo jefe de la Fuerza Terrestre aprovechó el brindis de la Pascua Militar de 2006, en pleno debate del nuevo Estatuto catalán, para amenazar a Cataluña con la activación del artículo 8 de la Constitución que encomienda a las FAS la defensa de la integridad del territorio nacional. En su último comunicado, esta asociación a la que también se inscribió el teniente general Luis Alejandre Sintes, cesado por el ministro José Bono y con cargos públicos en el PP de Baleares, reclama la intervención del Ejército en Cataluña y califica nada menos que de “alta traición” al Parlament por haber aprobado la consulta soberanista y de “cómplice de alta traición” al Gobierno y a las instituciones del Estado.
Abiertamente en contra de ese núcleo de ruidosos belicistas, políticamente cercanos al PP, se sitúan los generales de profundas y demostradas convicciones democráticas que como el teniente general Pedro Pitarch abogan por “un referéndum en el que todos los españoles podamos decir si queremos que Cataluña se separe o no de España”. Para estos militares demócratas, que hoy son la gran mayoría, “la política democrática tiene armas pacíficas para todo” sin necesidad de alimentar el odio ni, mucho menos, de llegar a matarnos unos a otros como plantean los pretorianos más emberrechinados, que diría Alfonso Guerra.
La “inquietud” en las altas esferas del Ejército por el avance del independentismo en Cataluña es algo que ni el jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad), almirante general Fernando García Sánchez, se atreve a negar, aunque eso sí, es “una inquietud individual”. Se colige que los mandos no han trasladado todavía su excitación a los subordinados. Y puesto que se trata de “preocupaciones individuales”, el Gobierno de Rajoy y su ministro de Defensa, Pedro Morenés Eulate, han evitado sancionar a los dos generales que en 2013 se han pronunciado abiertamente contra las instituciones democráticas catalanas.
Así, el general de división Juan Antonio Chicharro, que estuvo al mando de la Infantería de Marina, quedó sin sanción después de abogar en el Casino de Madrid por la intervención del Ejército para frenar la independencia de Cataluña si el Gobierno y el Tribunal Constitucional no cumplían con su deber. El ministro Morenés le llamó a capítulo y le dijo que con que abandonara el cargo que ostentaba al frente de la Real Orden Militar de San Hermenegildo era suficiente. Y otro tanto ocurrió con el general Ángel Pontijas Deu. Este Pontijas era director de la revista mensual Ejército, órgano oficial del Cuartel General, y en el número de noviembre pasado insertó un editorial contra el president Artur Mas y contra el catalán. El Jeme, teniente general Jaime Domínguez Buj no tuvo más remedio que agradecerle los servicios prestados y cesarle.
La extraña renuencia del ministro Morenés a sancionar a los altos mandos militares por sus graves pronunciamientos antidemocráticos fue denunciada el 18 de diciembre pasado por el diputado socialista y portavoz adjunto en la Comisión de Defensa Félix Tudanca, y contrasta con la extraordinaria presteza para encarcelar por la vía administrativa –lo que contraviene la Convención Europea de Derechos Humanos– a los representantes de las asociaciones profesionales por sus propuestas y reivindicaciones sociales. En 2013 fueron encarcelados Jorge Bravo, presidente de la asociación mayoritaria entre los suboficiales, soldados y marineros profesionales, la AUME; la secretaria la secretaria de Mujer y los delegados de esta asociación en Murcia y en Cádiz, y también el presidente de la Asociación de Tropa y Marinería (AMTM), por acumulación de protestas contra la incuria laboral, salarial y profesional que padecen.
La línea de debilidad con los fuertes y de fortaleza con los débiles es en todo caso un elemento a tener en cuenta ante los pronunciamientos odiosos (por incitar al odio) y eutrapélicos (por insensatos) que se puedan producir a lo largo de 2014 y a medida que se acerque el referéndum catalán del 9 de noviembre. En la revisión del régimen disciplinario que tramita el Congreso, el PP quiere ampliar las penas de privación de libertad a las faltas leves e introducir la sanción de supresión de sueldo, pero no agrava el castigo por incitar al odio en los cuarteles y las unidades.
En términos políticos, muchos militares se preguntan ¿cómo es posible que aquel Rajoy que utilizó en 2006 el pronunciamiento de Mena –ahora en su retiro dorado en Alicante– como arma arrojadiza contra el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien desactivó el plan Ibarretxe hacia la autodeterminación del País Vasco, no haya sabido encauzar las demandas que le planteó Mas y haya optado por el “tancredismo” hasta llegar al referéndum independentista? Ahora que, como dice el general Pitarch, “el toro ya está en la plaza”, el presidente deberá apelar a los capotes del Parlamento para negar el permiso constitucional a la consulta, al propio Tribunal Constitucional que preside el gracioso catalanofobo, exmilitante y asesor del PP Francisco Pérez de los Cobos, y en última instancia a todos los ciudadanos sobre la configuración del Estado español.
En los años veinte del siglo pasado, cuando Ernest Hemingway visitó España por primera vez se admiró de un tipo que se pintaba el cuerpo con cal para que el toro no le oliera y permanecía inmóvil, jugándose la vida ante la fuerza bruta y bien armada de los astados. Era Tancredo y le llamaban “don” por la pasta que ganaba. Cuando el periodista se enteró de que un toro lo había arrollado y ultimado, tituló la noticia para un periódico canadiense: “Don Tancredo ha muerto por falta de capotes”. Cabe esperar que no se utilice la Pascua Militar que hoy protagoniza el rey Juan Carlos de Borbón en el Palacio Real para azuzar más a la fiera, la fuerza bruta y armada.




No hay comentarios:

Publicar un comentario