Juan Miguel de Mora, último
Brigadista Internacional mexicano que queda con vida, recuerda para 'Público'
su experiencia en la guerra española, donde luchó con apenas 14 años
ALEJANDRO
TORRÚS Madrid 05/01/2014 19:45 Actualizado: 06/01/2014 08:29
Juan Miguel de Mora.- Almudena Cros (ABBII)
Juan Miguel
de Mora afronta, con 92 años de edad, la "última etapa de la
juventud". Sentado ya en una silla de ruedas, pero con una mente más que
lúcida, Juan Miguel bromea porque, asegura, le han negado la participación en
las próximas olimpiadas. "Yo quería competir en los 100 metros lisos, pero
no me dejaron. Es una injusticia intolerable", asegura este hombre, que
señala que le hubiese gustado competir en los Juegos Olímpicos de Madrid
siempre y cuando "no tuviera que correr con Mariano Rajoy".
De visita en
España, invitado por la Asociación
de Amigos de las Brigadas Internacionales, Juan Miguel de Mora atiende a Público en la
que seguramente será su última visita al país por el que luchó para evitar la
victoria del fascismo. Tenía entonces 14 años, pero su tozudez le permitió
alistarse en la XV Brigada en la que luchó en la Batalla del Ebro.
"Discutí durante horas con el comisario general del Ejército republicano
para luchar en el Ebro. Me preguntó si pensaba que el ejército republicano
tenía alguna posibilidad de ganar la guerra. Le dije que no. Entonces, me
respondió que por qué quería luchar. Y yo le dije: Pues por eso mismo.
Finalmente, no le quedó otra que aceptarme por mi tozudez", recuerda.
En julio de
1936 usted tenía 14 años y estudiaba en un Liceo de París. ¿Qué se le pasó por
la cabeza para decidir acudir a la Guerra Civil española en defensa de la
República?
La sociedad
de entonces no tenía nada que ver con la de ahora. Yo tenía 14 años pero estaba
muy politizado. No hay que olvidar que había gente que con 12 años en la guerra
también estaba peleando. El clima de Europa era muy diferente. En el propio
Liceo había organizaciones comunistas, socialistas, fascistas y siempre estábamos
a golpes los unos con los otros. Cuando íbamos al cine veíamos en el noticiero
anterior a la película imágenes de lo que estaba pasando en Alemania, en Italia
y del golpe de Estado militar en España.
"Hoy la gente es indiferente
ante la política, pero entonces había un problema con el fascismo y todo el
mundo era consciente de ello"
¿Qué vio en
aquel noticiero sobre España para decidir acudir a una guerra donde podía
perder la vida?
En Francia
informaban de la existencia de dos bandos. Uno, el de los leales a la República
y otro, el de los nacionales. Las claves de rojos y nacionales eran de consumo
interno español. En Europa se utilizaban otros términos. Yo vi a unos militares
con el brazo en alto, como si estuvieran comprobando si llovía o no, y decidí
que tenía que luchar.
¿Cómo llegó
a España?
Yo tenía un
amigo a quien la guerra sorprendió con su mujer y su hijo de cinco meses
veraneando en España. Entonces, al producirse el golpe de Estado, él me dijo
que venía para España en coche a buscar a su familia y yo le pedí que me
llevara con él. Llegué a finales del mes de julio. Fui casi el primer
brigadista en llegar. Sólo llegaron antes que yo los atletas que estaban
participando en la Olimpiada Popular de Barcelona que decidieron alistarse en
el Ejército republicano. Aún hoy la gente no puede entender por qué lo hice.
Hoy, la mayor parte de la gente es indiferente ante la política, pero entonces
había un problema general con el fascismo y todo el mundo era consciente de
ello.
Una vez
llegó a España, ¿qué hizo? ¿Fue directo a alistarse?
Me fui
derecho a las Juventudes Socialistas Unificadas. Estaban, entonces, en el
Palacio de Liria, que ya había sido ocupado. Eran los primeros días de agosto
de 1936. Me inscribí y me quedé allí alojado hasta que decidieron qué hacer
conmigo. Tras un tiempo de espera me llamaron para acudir al Museo del Prado.
Estaban empacando los cuadros para su transporte y querían que yo cargara
camiones. ¡No tenía ni idea de la importancia de la tarea que estaba haciendo!
No sabía cómo proteger las piezas. Estaba molesto y cabreado. Había venido a
España a luchar y me habían puesto de peón de carga. Así que al día siguiente
me fui a la calle Francos Rodríguez, donde estaba la sede del V Regimiento, con
la intención de alistarme.
¿Qué pasó
allí? ¿Le aceptaron a pesar de tener 14 años?
Allí sucedió
uno de los episodios más divertidos de mi experiencia en España, pero en aquel
momento fue una tragedia para mí. Nada más llegar, vi un mural del V Regimiento
donde decían que había una guardería a disposición de los compañeros y
compañeras con hijos que habían decidido inscribirse. La edad para inscribirse
en la guardería era de 4 a 14 años. ¡Imagínate qué humillación y qué disgusto!
¡Yo quería ir a la guerra pero tenía la edad para estar en la guardería con los
niños! Aun así, fui a inscribirme, pero me dijeron que era un niño y que no
podía. Yo insistí e insistí y dije que había llegado desde Francia sólo para
luchar. Entonces dijeron que me aceptarían pero en trabajos de intendencia,
nunca en el campo de batalla.
"¡Yo quería ir a la guerra
pero tenía la edad para estar en la guardería con los niños!"
Fue un golpe
duro. A los 14 años uno quiere sentirse mayor. Fíjate que es la edad en la que
muchos empiezan a fumar para sentir que ya se es adulto. Yo quería ser soldado
y luchar por la República. Después, el Gobierno de la República emitió un
decreto en el que señalaba que la edad mínima de alistamiento eran los 17 años.
Entonces, muy amablemente, me dieron de baja y yo exigí un comprobante militar
oficial de que me daban de baja por mi edad. Fue una baja honrosa.
Ha señalado
anteriormente que llegó a estar en la Batalla del Ebro con la XV Brigada. ¿Cómo
llegó hasta allí?
Cuando me
dieron de baja en el Ejército volví a las JSU insistiendo en mi deseo de querer
ayudar. Finalmente, como era muy listo con los estudios, me dieron la plaza de
corresponsal de guerra del diario de la Alianza Juvenil Antifascista, que
tenían las juventudes socialistas, comunistas y anarquistas. Hacía reportajes y
artículos sobre la guerra y con este trabajo llegué a la Batalla del Ebro.
Con el
ejército de Franco ya en Castellón me presenté ante el Comisario General de la
Batalla en el Ejército republicano, el señor Velázquez, y le dije que quería
combatir junto a las Brigadas Internacionales. Nos conocíamos desde hacía un
mes o 20 días. Lo primero que me dijo fue: 'No seas gilipollas'. Lo recuerdo
perfectamente. Discutí durante horas con él. Me preguntó si pensaba que el ejército
republicano tenía alguna posibilidad de ganar la guerra. Le dije que no.
Entonces, me respondió que por qué quería luchar. Y yo le dije: 'Pues por eso
mismo'. Finalmente, no le quedó otra que aceptarme por mi tozudez. Me dio una
plaza en la XV Brigada.
La Batalla
del Ebro es recordada como la más cruenta de todas las batallas. ¿Qué recuerda?
Me ocurrió
un fenómeno que ha sido certificado por varios psquiatras. Se me olvidó la
batalla del Ebro durante años. Recordaba la guerra española, recordaba la
batalla de Guadalajara y otras muchas, pero mi cerebro estaba limpio de la
batalla del Ebro. No recordaba ni que había existido tal batalla. Con los años
me fui acordando de todo. Poco a poco. Ahora recuerdo absolutamente todo. De lo
malo y de lo peor y créeme que hay cosas que es mejor no recordar.
¿Cómo
terminó la Guerra Civil para usted?
Recibí un
bayonetazo y perdí el conocimiento. Me mandaron a Barcelona. Era septiembre de
1938. No pude estar presente ni en la despedida oficial de las BBII. Estando en
el hospital, ingresado, me dijeron que me tenía que ir, que los brigadistas ya
estaban abandonando el país porque la derrota era inevitable. Me negué en
rotundo y acabé en otra unidad militar, pero cuando terminó la guerra pasé a
Francia, donde me metieron preso en el campo de concentración de San Ciprián.
No obstante, pude escapar pronto de allí.
"Me ocurrió un fenómeno que ha
sido certificado por varios psquiatras. Se me olvidó la batalla del Ebro
durante años"
¿Cómo
escapó?
Es una
historia larga. Allí había playa y nada más. Playa y alambrada era todo lo que
se veía. Pensé que cuanto más tiempo pasara allí más difícil sería escapar
porque poco a poco irían perfeccionando la seguridad del campo. Así que a los
tres o cuatro días lo intenté y lo conseguí. Fuera había gente esperándome, que
dijeron que eran policías franceses que me llevaban detenido. Está claro que
era mentira.
¿Alguna vez
ha pensado qué hubiese pasado en España si hubiese ganado la guerra el bando
republicano?
Muchas veces
y no tengo ninguna duda. En España se hubiese instaurado una República de
tendencia izquierdista. Stalin no tenía ningún interés en la guerra. Él era un
dictador brutal y yo nunca fui del Partido Comunista. Acudí a las Juventudes
Socialistas Unificadas porque eran los que mejor organizados estaban para el
combate y la resistencia y yo tenía sentido práctico.
¿Queda hoy
algo en España de los valores de aquella II República y de la España que usted
conoció en la Guerra Civil?
Este país no
tiene absolutamente nada que ver con el país que yo conocí. Nada de nada. Lo
único que queda es la derecha española tradicional clerical. Esa derecha, por
cierto, que fue la que supo capitalizar la ayuda de Hitler, quien, por cierto,
era ateo. Cuando Alemania perdió la guerra, la Falange también perdió poder en
España en detrimento del sector más católico y ultraconservador. Los que
capitalizaron la guerra no fueron los fascistas ni los nazis que había en
España, sino los católicos. Si llega a ganar Hitler la II Guerra Mundial
hubiera mandado mucho más la Falange y la Iglesia lo hubiese pasado peor.
Fuente: www.publico.es
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