Su retrato de miliciana con el
fusil al hombro en una terraza de Barcelona, tomado por el fotógrafo Hans
Gutmann, la inmortalizó como uno de los iconos de la Guerra Civil
PÚBLICO /
AGENCIAS París 06/01/2014 10:31 Actualizado: 06/01/2014 13:01
Marina Ginestà, en la épica fotografía tomada en la
terraza del Hotel Colón de Barcelona.- HANS GUTMANN (EFE)
La sonrisa de
una miliciana, fusil al hombro, mirando a la cámara en una terraza de Barcelona
se convirtió en uno de los iconos más emblemáticos de la Guerra Civil y la
resistencia antifascista frente al golpe de Estado militar que perpetraron
militares. Esa sonrisa era la de Marina Ginestà y fue el fotógrafo Hans
Gutmann quien la inmortalizó. Ginestà murió este lunes en París a los 94
años.
Cuando en
verano de 1936 posó orgullosa y desafiante en la terraza del Hotel Colón de
Barcelona para Gutmann, ella tenía 17 años, un carné de las juventudes
socialistas y el sueño de una revolución. Vestida con un uniforme miliciano,
con el cabello al viento, pertrechada con un fusil que portó por primera y
última vez en toda su vida, ella vivía un momento histórico, la primera victoria
del pueblo en armas frente a los militares alzados contra la República.
"Es una buena foto, refleja el sentimiento que teníamos en aquel
momento. Había llegado el socialismo, los clientes del hotel se habían
marchado. Había euforia. Nos aposentamos en el Colón, comíamos bien, como si la
vida burguesa nos perteneciera y hubiéramos cambiado de categoría
rápidamente", afirmaba Ginestà en una entrevista con la Agencia Efe en su
domicilio de París en 2008.
Como
periodista, Ginestà vivió la guerra desde una trinchera militante esforzándose
en mantener alta la moral republicana
Antes del
inicio de la contienda, Ginestà y otros muchos idealistas preparaban la
Olimpiada Popular como respuesta a los Juegos Olímpicos que ese mismo año
organizaba la Alemania nazi. "Éramos tan ingenuos que pensábamos que el
levantamiento militar era contra la Olimpiada popular", aseguraba en dicha
entrevista. Hicieron falta muchos días para que aquellos jóvenes entendieran
que afrontaban una cruenta guerra que acabaría con sus sueños.
Primero como
traductora del enviado especial del diario soviético Pravda Mijail
Koltsov y luego como periodista de varios medios republicanos, Ginestà vivió la
guerra desde una retaguardia militante, esforzándose por mantener alto el ánimo
de su bando. "Éramos periodistas y nuestra profesión era que no decayera
nunca la moral, difundíamos el lema de Juan Negrín 'con pan o sin pan,
resistir'. Y nos lo creíamos", afirma la mujer, convencida ahora de que
los datos que contribuía a propagar habían sido falsificados para mantener viva
la ilusión de la victoria.
De la mano
de Koltsov asistió a la entrevista que mantuvo en agosto del 36 con
Buenaventura Durruti en la localidad maña de Bujalaroz, una conversación de
alto nivel político que Ginestà asegura que costó la vida a ambos, porque
Stalin les estaba espiando y no debió apreciar lo que se dijeron.
"Teníamos
la sensación de que la razón estaba con nosotros y que ganaríamos la
guerra"
De su
trabajo en la retaguardia también conservaba recuerdos duros, como la visita a
un hospital barcelonés para identificar cadáveres. "Es el recuerdo más
terrible que guardo de la guerra. Por primera vez tuve una idea de la muerte.
Vi a una mujer muerta con su hijo en brazos... Todavía hoy me viene a la mente
ese recuerdo".
Pero los
momentos más duros llegaron cuando tuvo que abandonar el país camino del
exilio francés, su patria de nacimiento. En el paso de los Pirineos perdió
a su novio, comisario político, pocos días antes de reencontrarse con sus
padres. La llegada de los nazis les obligó a tomar un barco con destino a
América. La nave, que se dirigía al México de Lázaro Cárdenas donde los
aguardaban con los brazos abiertos, se desvió para ganar tiempo a la República
Dominicana. Ginestá pasó también por Venezuela. Sólo entonces sintió que la
guerra estaba perdida.
"La
juventud, las ganas de ganar, las consignas,... yo me las tomaba en serio. Creía
que si resistíamos ganábamos. Teníamos la sensación de que la razón estaba
con nosotros y que acabaríamos ganando la guerra, nunca pensamos que
acabaríamos nuestras vidas en el extranjero", afirmaba en 2008. La
decepción de la derrota, el recuerdo "de los compañeros que se quedaban
atrás, muchos de ellos fusilados", se mezclaba entonces con el sueño de
que las democracias europeas vencieran al fascismo en la recién iniciada Guerra
Mundial.
"Dicen
que en la foto tengo una mirada arrebatadora. Es posible, porque convivíamos
con la mística de la revolución"
"Esperábamos
que ganaran la guerra, que en España volviera la República y que Franco fuera
fusilado", asegura. Marina Ginestà no conocía la foto del hotel Colón, ni
el simbolismo que ésta ha adquirido con el tiempo. La instantánea se encuentra
en los archivos de Efe y un documentalista logró hace años descubrir la
identidad de la modelo y localizar su paradero. Ella consideró que la imagen
tiene algo de artificial. "Dicen que en la foto del Colón tengo una mirada
arrebatadora. Es posible, porque convivíamos con la mística de la revolución
del proletariado y las imágenes de Hollywood, de Greta Garbo y Gary
Cooper", recordaba entonces.
En 1946 se
encontraba exiliada en la República Dominicana, cuando tuvo que volver a
huir perseguida por el dictador Rafael Trujillo. Se casó en segundas nupcias
con un diplomático belga, con el que volvió a Barcelona en los años 1960.
Este lunes
falleció en un hospital de la capital francesa, donde había vivido los últimos
40 años.
Fuente: www.publico.es
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