Aspira a "la mayor subida
electoral" de la formación en las elecciones de 2015, busca atraer al
electorado de centroizquierda y se muestra abierto a acuerdos con socialistas y
UPyD
Eddy Sánchez, en los alrededores de
la estación de Delicias. / BERNARDO PÉREZ
Contrario a
la política de salón y coche oficial, Eddy Sánchez
(Maracay, Venezuela; 1973) no se considera alguien excepcional. El coordinador
general de Izquierda Unida,
elegido en diciembre de 2012, compra en el AhorraMás y se mueve principalmente
en metro. “Te tienes que levantar antes, madrugas, pero está bien porque ahí,
en el asfalto, no hay políticos de carrera. Te permite tener una percepción de
Madrid como la tienen en la calle”, reflexiona este economista que cree que ha
llegado el momento de que IU “se quite los complejos y piense a lo grande: en
gobernar en 2015”.
Pregunta. Han ampliado su objetivo de
electorado. ¿La revolución pasa por el centro?
Respuesta. Queremos ampliar nuestro espacio
más allá de nuestras fronteras originales. Por tanto, nos dirigimos a todos los
sectores que están sufriendo la crisis. El gran debate político en España y
Madrid está entre los que han creado la crisis y los que la estamos sufriendo:
desde trabajadores manuales a pequeñas empresas, desde profesionales y técnicos
o gente del mundo de la ciencia hasta pensionistas y jóvenes estudiantes. La
gran decisión que tomamos en la asamblea de hace un año en IU Madrid fue que no
se iba a salir de la crisis si no dábamos un paso adelante y asumíamos responsabilidades.
Y eso pasa por gobernar Madrid. Con toda la seriedad y responsabilidad. Frente
a los discursos lastimeros de que no hay salida, IU da un paso adelante,
queremos hacernos cargo de esta situación y constituirnos como una fuerza de
gobierno. Si uno es coherente con ese objetivo, ya no podemos dirigirnos solo a
la gente de la izquierda convencida, a una minoría muy de izquierdas, por muy
movilizada y generosa que haya sido siempre. Ampliamos nuestro discurso a una
mayoría social que en gran número ha votado al PP, PSOE, UPyD
o se han abstenido. A todos ellos también nos dirigimos, porque padecen la
crisis. Pretendemos que el electorado de centro izquierda también sea nuestro
votante potencial.
P. Ese perfil de votantes es
tradicionalmente del PSOE.
R. Iniciamos una etapa para liderar un
cambio, y eso supone dejar de ser un partido de minorías. Fuera complejos.
Nuestra ambición es muy grande. Queremos ser un factor de cambio en Madrid y
queremos liderar ese cambio. Ha habido un fin de etapa, de ciclo, y es el
momento de dar un salto. Somos la organización llamada a liderar el cambio en
Madrid. Lo del hermano pequeño del PSOE se acabó. Nos planteamos resolver los
grandes problemas de Madrid en toda su complejidad. No nos asusta.
P. La relación con el PSOE cambiaría.
R. Sería una relación de tú a tú. De
igual a igual. En estos momentos IU tiene un orgullo muy grande en Madrid.
Entendemos que somos la organización con mayor rigor en nuestras propuestas,
porque van directas a los grandes problemas. Para ser una organización grande,
hay que tomar la iniciativa.
P. Esta amplitud de miras hace que le
definan de derechas dentro de su partido.
R. Lo que no puede pretender alguien
que dirige una organización es no tomar decisiones. Se tienen que tomar en
función de lo que requiere la sociedad, y no podemos seguir otra legislatura
con el PP en
el Gobierno. Y no podemos seguir más años inmersos en la crisis. Ese es el
objetivo, y para eso, si IU quiere ser más que el reproche moral a la situación
actual, sino ser un factor de solución y alternativa, tenemos que ir a la
mayoría de la sociedad. Tenemos que trascender. Esta nueva IU requiere de tomar
dos decisiones: ampliarnos a otros sectores sociales no tradicionales nuestros
pero que demandan un cambio, y ser una organización con alternativas de rigor.
En definitiva, ser gobierno y demostrarlo. Sabemos que tenemos y vamos a
gobernar, y para eso IU tiene la vocación no de crecer, sino de abrirse. No
aspiramos a resistir, sino a ganar.
P. ¿Y por qué van a gobernar ahora
cuando el PP lleva en el Ayuntamiento desde 1989 y en la Comunidad desde 1995?
R. Porque hasta ahora nadie se había
planteado en serio derrotarles. Incluso llegó un momento…
P. ¿Incluso en 2003?
R. 2003 es una expresión clara de que
la vocación clara de derrotar al Partido Popular no era muy homogénea por parte
de otras organizaciones [tamayazo]. Nosotros nos veíamos siempre como una
organización muy estable en su electorado pero insuficiente para promover y
liderar un cambio. Y otras organizaciones a lo mejor se acomodaron a una
dinámica de que, siendo oposición, pintaban algo. Todo eso le dio mucha
estabilidad al Partido Popular. El PP tenía las grandes propuestas de empleo,
las grandes propuestas económicas, las grandes propuestas de infraestructuras…
Y nosotros no dábamos la batalla.
P. ¿Ve factible un tripartido
PSM-IU-UPyD en el Gobierno?
R. Lo que no veo factible es otro
gobierno del Partido Popular. En este sentido, cada uno tiene que asumir sus
responsabilidades. Y no queremos que se produzca un cambio del PP para que
sigan las mismas políticas. Sería frustrante para la gente que tanto ha
reivindicado y tantos esfuerzos ha realizado. IU va a buscar una política de
alianzas, primero electoral y luego institucional, que posibilite que el PP no
gobierne y las políticas sociales que los madrileños reclaman y hace mucho
tiempo se abandonaron. Aspiramos a nuestra mayor subida electoral de la
historia y llegar a pactos institucionales que garanticen un cambio. Que
garanticen empleos sin precariedad, servicios públicos y mayor democratización.
P. O sea, que está abierto a una
alianza con PSOE y UPyD.
R. No estamos predispuestos a no cerrar
acuerdos, este es nuestro proceso de ampliación y maduración. La mayoría de la
gente quiere llegar a un acuerdo. Vamos a un mapa político de cuatro partidos,
probablemente los cuatro igualados. No va a haber dos muy grandes y dos muy
pequeños. No. Va a estar muy equilibrado. En lo que nos centramos es en lo que
tenemos que hacer en los primeros 100 días de gobierno, con el empleo como eje,
con una reforma fiscal progresiva, con impuestos justos con los que
obtendríamos más ingresos; y revertiríamos las privatizaciones porque además de
injustas son una hemorragia económica. Y habría que lograr que la gente
recuperase poder adquisitivo. No podemos salir de la crisis bajando salarios.
P. ¿Hay más desilusión que esperanza?
R. Hay indignación, porque se miente mucho.
A la gente no le puedes decir que hemos salido de la crisis. Pasan los años y
hay cierto cansancio de la crisis. No es lo mismo estar en el paro un año que
tres. No es lo mismo estar buscando trabajo seis meses que un año. Como tampoco
es lo mismo estar en Primero de carrera que ya terminándola, con la angustia de
no saber qué vendrá después. Esa situación de cansancio de la crisis lleva
también a buscar una salida. Y en Madrid se puede. Llevamos dos décadas en
torno a lo mismo, y lo que viene puede ser mejor. Las manifestaciones ya no son
como aquellas de “bueno, voy porque voy pero la reforma laboral va a salir”.
Ahora las manifestaciones ya son de “mira, pues se paró lo de la privatización de
la sanidad” o la huelga de limpieza.
P. Tras dos semanas de huelga de la
limpieza viaria en noviembre, tampoco se produjeron los más de mil despidos
previstos.
R. El conflicto de la limpieza viaria
y la jardinería es la primera gran derrota política del Partido Popular en
Madrid, en concreto en el Ayuntamiento. Eso es evidente. La marea blanca
de la sanidad fue la primera vez donde se empató, logrando frenar el proceso
privatizador de hospitales, y esta es la primera vez en la que se ha ganado al
PP, a la reforma laboral, por mucho que Ana Botella
dijera que no habría despidos gracias a ella, que defiende un modelo en el que
hoy ganas mil, mañana ganas 700 y pasado mañana te echamos. Esto supone incluso
un cambio anímico importante. Significa que las movilizaciones sirven. Pero no
cualquier tipo de movilización, sino las bien planteadas, unitarias, con
objetivos muy concretos y muy compartidos por la gente. Y se gana porque todo
el mundo cede y porque se busca una reivindicación que aúna a mucha gente. La
gente se ha dado cuenta de la amenaza, independientemente del sector en el que
trabajen. Porque les puede pasar a ellos. A todos.
P. Para que no pasara, se congelaron
el sueldo y aceptaron un expediente temporal de empleo.
R. Es destacado lo que han hecho los
trabajadores de la limpieza frente lo que hacen normalmente quienes les gobiernan:
el conflicto se desatascó con un coste salarial para los trabajadores,
incluidas las regulaciones temporales de empleo. Es decir, hay un sacrificio.
Estos discursos tan manidos de que hay que apretarse el cinturón, hacer
sacrificios entre todos... Esos trabajadores conservaron algo de todos, el
empleo, en una medida muy solidaria frente al egoísmo de unos gobernantes que
siguen erre que erre con una hoja de ruta que está generando mucho sufrimiento.
Nadie, de la gente que de verdad tiene, hace un gesto.
P. ¿Cómo salen los sindicatos de estas
huelgas? El desprestigio por los escándalos en Andalucía es palpable.
R. El sindicalismo en Madrid tiene
diferencias con el resto del Estado a favor, que le está permitiendo ser un
factor de movilización. Aquí el sindicalismo siempre ha sido muy autónomo de
los gobiernos que ha habido, y más con los gobiernos conservadores que llevan
tanto tiempo en Madrid. Nunca se le ha visualizado como un sindicalismo sin
autonomía, ha sabido mantener su papel ante cualquier gobierno. Y se ha
mostrado muy dinámico en la crisis, que ha llegado como una avalancha a todo
tipo de sectores. En la marea verde, el sindicalismo, fundamentalmente
Comisiones Obreras, lo impulsa y comparte. Creo que se han adaptado a una
situación tan convulsa y una sociedad muy heterogénea que viene ideológica y
profesionalmente de muchos sitios. Madrid ha sido un ejemplo europeo de una
movilización muy compleja, porque se ha movilizado gente que era conservadora,
que vivía bien antes, con trabajadores manuales, gente universitaria… El
sindicalismo ha sabido dar respuestas distintas ante a una sociedad movilizada
pero muy heterogénea.
P. ¿Cuál es la alternativa al fiasco
de Eurovegas?
R. No vamos a salir de la crisis con
proyectos que dependen de otros. El futuro de Madrid, una capital importante
con sus universidades, sus centros tecnológicos y su capacidad humana no puede
depender de que Alberto de Mónaco y no sé cuántos del COI decidan nuestro
futuro o de que un empresario caprichoso y tan oscuro como Sheldon Adelson
decida o no si se localiza o no Eurovegas en Madrid. Una capital y una región
que quiere jugar en la Primera División de las capitales del mundo tiene que
decidir sus grandes proyectos en función de los debates y los intereses de
aquí. Y no depender de las decisiones de terceros. Eso es típico de los
territorios periféricos. Dependientes. De que venga Adelson a cambio de bajarle
los impuestos. Eso es una muestra de debilidad y poca ambición. Cualquier
capital o región importante de Europa que tiene una situación mejor en la
globalización es aquella que no depende de un sector. Aquí dependíamos de uno,
del monocultivo del ladrillo, del sector residencial inmobiliario. Ahora se
quiere sustituir por otro sector de monocultivo que es el hostelero. Pasamos de
construir chalets adosados a plazas hoteleras en Eurovegas... Si dependes de un
sector te puede ir bien unos años, pero al final, cuando ese sector no da más
de sí, no tienes nada que te dé respuesta a eso y la economía se cae. Es vivir
en torno a la especulación, al pelotazo, al golpe de suerte.
P. Entonces, ¿qué opción propone
frente al ladrillo?
R. La diversificación de la economía.
¿En qué te vas a apoyar aparte del sector servicio? ¿En la agricultura? Madrid
no da esas condiciones. ¿En seguir construyendo grandes superficies para
abrirlas de lunes a domingo y atraer turistas? Estamos viendo que no tienen los
resultados esperados. Planteamos un sector industrial y tecnológico potente:
Madrid tiene más universidades que nadie en España, tiene el CSIC y los grandes
organismos públicos de investigación, y tiene sectores que no tiene nadie a
nivel mundial, como el aeroespacial. Solo seis regiones del mundo se
especializan en lo aeroespacial, que cuentan en su territorio con un sector que
además no entra en crisis: si el que te pide aviones es Estados Unidos pero
entra en crisis, entonces te los pedirán China, Brasil o los países emergentes.
Y es un sector que además encadena a muchos otros sectores. Tenemos toda la
capacidad para crear un modelo productivo muy dirigido a acabar con el paro y
la precariedad laboral.
P. La industria madrileña está en
constante declive.
R. La industria madrileña tiene dos
graves problemas: un Gobierno que no la apoya claramente, con políticas
industriales y tecnológicas, y que además creo que es un sector que creo que
desconoce por completo. Y luego está que muchas de las industrias están
obsoletas. Que hace 30 años pudieron ser punteras, pero no en estos momentos.
La industria no puede sobrevivir en ningún país del mundo sin decisiones
políticas, porque, con todos mis respetos, el sector industrial no es como
abrir un bar. El sector industrial de energías limpias y renovables por ejemplo
en Alemania no lo montó una empresa familiar. Se montó en torno a decisiones
del Gobierno y presupuestos durante muchos años, que ahora hacen que Alemania
no solo venda Wolkswagen, sino que las grandes patentes de los sectores del
futuro las tienen ellos. Y eso lo podíamos haber tenido nosotros. Por otro
lado, no podemos seguir existiendo agónicamente en torno a sectores que ya son
otros países los que los pueden hacer mejor. No podemos seguir con artes
gráficas, con químicas… Hay que apostar por las industrias grandes del futuro.
Por un modelo en el que además los países no van a disponer de los recursos de
antes, no se podrá costear la energía que costeábamos antes debido a los
precios del petróleo, ya no vamos a poder estar quemando residuos continuamente
porque llegará un momento en el que en el Este de Madrid no se va a caber… Hay
que dar grandes soluciones a los problemas que tenemos con el medio ambiente y
con el paro. Y eso puede posibilitar un futuro.
P. ¿Y mientras? Habla de proyectos a
mediano y largo plazo.
R. Mientras generamos un modelo
alternativo a la locomotora del ladrillo, nadie se puede quedar tirado. En
Madrid, el gran dato para mí, es que 420.000 desempleados de 600.000 no tienen
ningún derecho a prestación. En Madrid no puede haber un solo parado sin
prestación. De ahí nuestra propuesta de una renta social garantizada. Tú
permites que esa gente tenga una entrada de ingresos, evitas la fractura social
y la exclusión y luego garantizas mayor capacidad de consumo. No es una medida
muy cara, eso y no realizar despidos en el sector público elevaría el consumo
inmediato de sectores importantes en la población. Probablemente estemos
hablando de medio millón de personas en Madrid que están ahora fuera de
cualquier circuito de consumo económico y entrarían en él. Y haría que pequeños
comercios no cerrasen, que la gente se volviese a plantear comprar un piso en
el futuro, o renovar un coche pasado de años… Permitiría mover un poco la
economía generando más ingresos para proyectos a medio plazo.
P. ¿Contemplaría expropiaciones y un
mayor endeudamiento?
R. Somos más favorables a una reforma
fiscal, Madrid tiene recursos con sus presupuestos y una reforma fiscal
progresiva e inteligente, que vaya al encuentro del fraude fiscal y que haga
que los grandes patrimonios paguen más. Con eso tendríamos más de 3.000
millones extra de presupuesto que gastaríamos en rentas para desempleados, para
combatir la malnutrición infantil, libros y becas de comedor, en revertir las
privatizaciones… Con eso nos daría. No somos partidarios de endeudarnos como
hace el Gobierno de Madrid. Primero porque hay que decidir endeudarse para qué.
Y no somos partidarios de endeudar Madrid para bajarles a unos los impuestos y
pagarles a otros las privatizaciones. Lo podríamos valorar si fuera para tener
más tecnología y más I+D… Al final quien paga la deuda es quien vive de su
salario. Si se acude a la deuda, debe ser para cambiar el modelo productivo,
pero en ningún caso basaríamos nuestra política económica en el endeudamiento.
Lo que no puede ser es que nos gastemos más en peajes en la sombra que en
universidad, tecnología e investigación juntos.
P. ¿Qué le parece la reforma fiscal de Ignacio González?
R. Es una medida continuista con lo
que es una obsesión del PP, que solo piensa en una minoría en Madrid, los votantes
de derechas convencidos y que están descontentos. Su obsesión de bajar
impuestos a quien más tiene es un error. Sobre todo en momentos de crisis en
los que el paro y las bajadas salariales… Es hacer recaer el esfuerzo de la
crisis en quienes más la están sufriendo. Los madrileños que más tienen deben
dar un paso adelante con responsabilidad e ir a una reforma fiscal justa, no
con más impuestos sin más. Las políticas fiscales tienen que estar al servicio
de un objetivo: salir de la crisis. Y la reforma fiscal de González no cumple
ese requisito, porque ingresamos menos. Y tampoco tiene cierto grado de
justicia, ya que beneficia a quién tiene más pisos, garajes y mejor salario. Si
ganas 23.000-25.000 euros brutos al año, que es lo que gana el 62% de los
madrileños, con esta reforma te ahorras 40 euros ¡al año! ¿Quién va a salir de
la crisis con eso? Es una broma. Pero si tienes un salario bruto de más de
120.000 euros te puedes ahorrar 10.000. Los que más tienen son los que más
salen ganando. González está legislando a la defensiva, como los gobiernos en
declive. No por una necesidad de gobierno, sino para que su electorado de
siempre no se quede en casa el día de las elecciones. La imputación de su mujer por presunto blanqueo de capitales y un
delito fiscal por el ático que tienen en Estepona le ha dejado a los pies de
los caballos.
P. En la Asamblea hay diputados que le
desprecian por su condición de técnico en su etapa en el Parlamento autonómico.
Como si estuviera en un escalón más bajo.
R. La política vieja tiene este tipo
de reacciones. La sociedad demanda representantes políticos que sean como
ellos. Y honestamente creo que me parezco a la mayoría de la gente que vive en
Madrid, sobre todo a los de mi edad. Soy una persona que vivo de mi trabajo,
que ha tenido una formación, que ha vivido muy angustiado al terminar la
carrera por el futuro. Puedo ser en estos momentos el único representante político
de un gran partido que sabe lo que es la precariedad, el problema de trabajar y
no cobrar… Me he pagado la carrera trabajando como reponedor, llevando piezas
de coches en almacenes y polígonos industriales… Como otros estudiantes que
ponían cafés y otros que se iban a Reino Unido a hacer camas. Aunque en este
país las políticas de becas son inexistentes, estoy muy orgulloso de esa etapa.
En definitiva, mi vida es la de una persona corriente de mi generación.
Comparto su realidad. La nueva dirección de IU se parece más a cualquier
persona de Madrid que, generalizando, a los diputados de la Asamblea.
P. ¿Por qué decidieron que el
coordinador de IU no tenía que ser diputado? ¿Por qué fue a propósito?
R. El objetivo de buscar un
coordinador que no fuera diputado era dar muestras de una organización que se
había renovado, que patear la calle fuera más allá de un mero símbolo. Que
recorrer los barrios y municipios de Madrid fuera real, en una relación muy
franca con organizaciones vecinales y movimientos sociales. Creo que somos más
sensibles y hemos captado el malestar en la calle. Ahí, en el asfalto, no hay
políticos de carrera. Sumando actos de sanidad, educación, de plantear nuestra
alternativa, he ido a 60 municipios de los 179 que hay en Madrid. Eso significa
estar en uno diferente cada tres días. Ese ritmo no lo ha tenido ningún
dirigente político ni persona destacada de ninguna otra organización política
en Madrid. Y nosotros sí.
P. ¿Cómo percibe la Asamblea desde
fuera?
R. He trabajado allí, y lo que percibo es que los
ciudadanos saben que existe pero la ven como una fuente de conflicto. De bronca
política, y no de solución. Es un escenario de bronca política tradicional
alejada de las preocupaciones de un ciudadano medio, sobre todo por parte de
los partidos mayoritarios. Quien más responsabilidad tiene es quién más grande
es. IU debe abanderar los discursos contrarios, de acuerdos y alternativas.
Fuente: www.elpais.com

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