A propósito del balbuceante discurso real
de la Pascua Militar
Miércoles, 8 de enero
de 2014
Coronel Amadeo Martínez Inglés (*) -
Canarias-semanal.org
¿Pero es que este país está castrado
o qué? ¿Hasta cuándo vamos a permitir los españoles que este hombre, este
anciano decrépito, este vejete tullido y enfermo, este acabado cazador de las
sabanas africanas, este antiguo play boy de las noches madrileñas por
cuenta ajena, este conseguidor real de suculentas comisiones en los
depravados reinos misóginos del turbante y las babuchas… siga haciendo a diario
el ridículo personal más vergonzoso y, lo que es peor, obligándonos a hacerlo
también a todos sus vasallos? ¿Hasta cuando vamos a dejar que nos obligue
a cojear con él, a trastabillar con él, a tartamudear con él, a someternos al Photoshop
con él, a maquillarnos con él, a ponernos caderas de titanio como él, a
pedir perdón con la misma caradura que él, a hacernos partícipes de estupideces
y bobadas como aquella que soltó hace escasas nochebuenas de que "la
justicia debe ser igual para todos" cuando fiscales y abogados del
Estado se dan de bofetadas para amargarle la vida al juez que trata de
empapelar a la "chorizo consorte" del antiguo ducado de Palma?
Y encima, a este último y senil Borbón, sin dos dedos de frente, se le ocurre organizar un año más, con la que está cayendo y tal como se encuentra personalmente en el terreno físico y mental, el sarao castrense éste de la Pascua Militar en recuerdo del agradecimiento que su antepasado Carlos III mostró a sus Ejércitos por la reconquista de la ciudad de Mahón de manos de los ingleses. ¿Pero por qué estos Borbones, que han llevado a esta nación a la ruina durante siglos, no recurren para sus festejos castrenses a algún que otro evento histórico que se adapte mejor a sus desastroso determinismo histórico? Como, por ejemplo, a la pérdida de Gibraltar por cuenta, asimismo, de la pérfida Albión, un imperio de verdad que desde siempre ha puesto en su punto de mira geopolítico a esta familia irreal importada de Francia y que cayó en su día sobre esta desgraciada piel de toro ibérica como monumental y hambrienta plaga de langosta.
Y encima, a este último y senil Borbón, sin dos dedos de frente, se le ocurre organizar un año más, con la que está cayendo y tal como se encuentra personalmente en el terreno físico y mental, el sarao castrense éste de la Pascua Militar en recuerdo del agradecimiento que su antepasado Carlos III mostró a sus Ejércitos por la reconquista de la ciudad de Mahón de manos de los ingleses. ¿Pero por qué estos Borbones, que han llevado a esta nación a la ruina durante siglos, no recurren para sus festejos castrenses a algún que otro evento histórico que se adapte mejor a sus desastroso determinismo histórico? Como, por ejemplo, a la pérdida de Gibraltar por cuenta, asimismo, de la pérfida Albión, un imperio de verdad que desde siempre ha puesto en su punto de mira geopolítico a esta familia irreal importada de Francia y que cayó en su día sobre esta desgraciada piel de toro ibérica como monumental y hambrienta plaga de langosta.
Pero bueno,
sigamos con el ridículo evento político-social- castrense que comentamos y que
tuvo lugar ayer día 6 de enero por la mañana en el palacio real de
Madrid. Y la primera pregunta que me surge de la vergüenza ajena con la
que lo contemplé es la siguiente: ¿Pero qué coño hacían los hieráticos jerarcas
de uniforme que allí se apretujaban, la flor y nata de unos Ejércitos españoles
empobrecidos y desarmados, con sus medallas de latón, sus barrigas enfajadas y
su cara de póker, sirviendo de decorado y attrezzo a la puesta en escena de una
monarquía obsoleta, extemporánea, acabada, corrupta, rechazada mayoritariamente
por la ciudadanía y que en la actualidad solo sirve como escaparate para que un
anciano decrépito haga el ridículo más espantoso a nivel nacional e
internacional, contribuyendo así a externalizar la imagen de país en ruina
total? Y encima teniéndole que agradecer que les diga, como comandante en
jefe se entiende, que son "ejemplares" y que sigan así, que la
patria se lo agradecerá. Cuando todos en este país sabemos ya que los
militares españoles, desde que se quitaron el pelo de la dehesa franquista allá
por los años ochenta del pasado siglo, son unos profesionales muy ejemplares,
entre otras cosas porque no les queda más remedio al ser unos auténticos
esclavos sociales sin ninguna clase de derechos civiles (reunión,
manifestación, expresión, sindicación… etc., etc.) que pueden ser despedidos y
mandados a retiro por una simple manifestación pública en un medio de
comunicación.
Y a este respecto, y
por si a algún ciudadano español demasiado joven no le suena, le recordaré la
triste historia democrática (sí, sí, estábamos ya en democracia, en 1990) de
todo un coronel de Estado Mayor, a punto de ascender a general, con experiencia
de guerra, medallas al valor y currículo modestito, que fue encarcelado cinco
meses y enviado a retiro por manifestar a un periodista algo tan pecaminoso
como esto: "España debe profesionalizar totalmente sus FAS y
abandonar la obsoleta mili obligatoria". ¿A que tuvo gracia
la cosa? Seguramente, por lo menos para el descerebrado ministro
socialista de Defensa de la época, el inefable y después presuntamente corrupto
Narcís Serra.
Pero bueno, olvidemos el pasado. Ya está bien de reconocer ejemplaridad y buen hacer en los pobres, casi míseros, militares españoles. Si el que debe ser ejemplar, y no lo es en absoluto, es su jefe supremo, el rey Borbón, que mientras sus soldados (vuelvo a repetir, mal pagados, mal instruidos, mal equipados, transportados en aviones basura que se llevaron decenas de sus vidas) se jugaban repetidas veces sus vidas durante los últimos veinte años en misiones en el exterior, él se dedicaba a la juerga institucional, a los viajes de placer, a la caza de elefantes y osos borrachos y a entretener (o entretenerse) con sus amigas entrañables. Así está el pobre ahora, hecho unos zorros.
Y para terminar este rápido comentario sobre el acto castrense del pasado día 6 de enero, con la mejorable intervención tartamudeada del jefe supremo de las FAS españolas, yo me atrevería a proponerles a los altos mandos del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea presentes en el mismo que si quieren ser ejemplares de verdad en el futuro y servir un buenísimo servicio a España, se reúnan todos cuanto antes mejor, sin conspiración ni nada todo legal y reglamentario, y acuerden pedirle a su majestad borbónica que se vaya de una vez, que ya está bien de marear la perdiz con operaciones quirúrgicas y prótesis de titanio, que esto ya no tiene remedio, que él lo que tiene es senilidad y muchos años muy mal vividos. Y que por el bien del país debe ahuecar el ala como su abuelo. Que no cabe ninguna duda de que fue un golferas como todos los Borbones pero por lo menos supo quitarse de en medio cuando molestaba. Aunque luego conspirara como un diablo para que cuajara el golpe militar fascista de su protegido el generalito Franco, en julio de 1936.
¡Váyase de una vez, Juan Carlos I, y descanse para siempre!
Fdo.: Amadeo Martínez Inglés Coronel. Escritor. Historiador
Pero bueno, olvidemos el pasado. Ya está bien de reconocer ejemplaridad y buen hacer en los pobres, casi míseros, militares españoles. Si el que debe ser ejemplar, y no lo es en absoluto, es su jefe supremo, el rey Borbón, que mientras sus soldados (vuelvo a repetir, mal pagados, mal instruidos, mal equipados, transportados en aviones basura que se llevaron decenas de sus vidas) se jugaban repetidas veces sus vidas durante los últimos veinte años en misiones en el exterior, él se dedicaba a la juerga institucional, a los viajes de placer, a la caza de elefantes y osos borrachos y a entretener (o entretenerse) con sus amigas entrañables. Así está el pobre ahora, hecho unos zorros.
Y para terminar este rápido comentario sobre el acto castrense del pasado día 6 de enero, con la mejorable intervención tartamudeada del jefe supremo de las FAS españolas, yo me atrevería a proponerles a los altos mandos del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea presentes en el mismo que si quieren ser ejemplares de verdad en el futuro y servir un buenísimo servicio a España, se reúnan todos cuanto antes mejor, sin conspiración ni nada todo legal y reglamentario, y acuerden pedirle a su majestad borbónica que se vaya de una vez, que ya está bien de marear la perdiz con operaciones quirúrgicas y prótesis de titanio, que esto ya no tiene remedio, que él lo que tiene es senilidad y muchos años muy mal vividos. Y que por el bien del país debe ahuecar el ala como su abuelo. Que no cabe ninguna duda de que fue un golferas como todos los Borbones pero por lo menos supo quitarse de en medio cuando molestaba. Aunque luego conspirara como un diablo para que cuajara el golpe militar fascista de su protegido el generalito Franco, en julio de 1936.
¡Váyase de una vez, Juan Carlos I, y descanse para siempre!
Fdo.: Amadeo Martínez Inglés Coronel. Escritor. Historiador

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