La
caída de la prima de riesgo de la deuda pública española es el argumento
central del Gobierno Rajoy para intentar esconder el fracaso de su gestión
económica.
nuevatribuna.es
| Por
Manuel Lago | 13 Enero 2014 - 12:45 h.
La caída de
la prima de riesgo de la deuda pública española es el argumento central del
Gobierno Rajoy para intentar esconder el fracaso de su gestión económica. Dos
años en recesión con una caída acumulada del 3,5 % del PIB, la destrucción de
una buena parte de nuestra estructura productiva, la pérdida de 1,5 millones de
empleos y el aumento insoportable de la ya larguísima cola del paro en un
millón de personas más hasta superar, bajo su Gobierno, los 6 millones de
parados son demasiados fracasos para querer ocultarlos detrás de la prima.
El problema
para Rajoy es que este argumentario está lleno de falsedades. Porque la prima
de riesgo no es un buen indicador de la salud económica. Ni antes, cuando
estaba disparada, ni ahora, cuando se ha reducido. Y no lo es porque el
diferencial en el tipo de interés de la deuda lo mueven unos pocos agentes
económicos que además obtienen enormes beneficios en esas operaciones.
En segundo
lugar, porque cuando en enero del 2012 Rajoy llegó al Gobierno la prima de
riesgo española estaba en 323 puntos básicos y en 500 en Italia. Seis meses
después, en julio, la prima española se dispara hasta su máximo histórico de
649 puntos mientras que la italiana se quedó en 520.
En tercer
lugar, si Rajoy no fue el responsable de este diferencial tampoco lo es de su
bajada. Ni es mérito suyo ni tiene que ver con una supuesta credibilidad
recuperada de la economía española. Porque la prima italiana se ha reducido a
la mitad y está al mismo nivel que la española, la de Portugal se ha reducido
en más de 500 puntos y la griega, que sigue en niveles inaceptablemente altos,
se redujo en 1.777 puntos básicos.
No hay
ningún comportamiento diferenciado y virtuoso de la economía española que se
pueda atribuir el Gobierno, solo compartimos un proceso generalizado a todos
los países del sur de Europa. La palabra que explica este viaje hacia arriba y
hacia abajo es la especulación. Porque lo que está detrás de las tensiones del
verano del 2012 fue un brutal ataque especulativo contra las economías más
débiles del euro que reportó ingentes beneficios a los fondos de inversión y a
la gran banca. Ataque que contó con la necesaria complicidad de Merkel y el
BCE, porque sobre esta presión de los mercados de deuda impusieron su política
de austeridad extrema.
Negocio
redondo y sin riesgo para los especuladores que duró hasta que se acercó
peligrosamente al riesgo de provocar la implosión del área euro. En ese momento
el BCE, con el permiso del Bundesbank, paró el juego. Cuando Mario Draghi dijo
el 26 de julio del 2012 que el BCE haría todo lo necesario para preservar el
euro, los especuladores dieron por terminado uno de los episodios más
escandalosos y obscenos de especulación financiera contra Estados soberanos. No
es la prima de Rajoy, sino la de Draghi, que primero la dejó subir y después la
bajó.
La crisis de
la deuda pública en España es un fenómeno digno de toda sospecha. Porque en
2012 no existían razones reales para los episodios de pánico, ni ahora para
darla por terminada sin más. En la teoría, la prima valora la capacidad de un
deudor para devolver sus préstamos. Y eso depende del volumen total de la deuda
y de los ingresos del deudor. Pues bien, en los dos casos la situación actual
de España es peor que la de 2012.
En la
variable fundamental, el monto de lo que debemos, la situación es muchísimo
peor. En septiembre de 2013, último dato conocido, la deuda pública española
alcanzó los 955 mil millones de euros, mientras que al final de 2011 era de 737
mil millones. El cálculo es simple: el conjunto de las administraciones
publicas españolas deben hoy 218 mil millones más que hace dos años, lo que
equivale a un aumento del 30%.
Expresado en
porcentaje del PIB, la riqueza total que genera cada año el país, que es lo que
en el fondo responde de la deuda, pasamos del 70% al 94% y llegaremos al 100% en
2014. Ante estos datos un analista de riesgos utilizando criterios
profesionales solo podría decir que la situación de la deuda ha empeorado, y
mucho, y por lo tanto el riesgo de impago, si existiese, sería ahora mayor que
antes. Y sin embargo el interés que tenemos que pagar por la deuda no solo no
sube sino que baja.
La evolución
de la prima de riesgo no tiene por lo tanto un fundamento económico. Y eso nos
lleva a buscar otras explicaciones. Y hay una que tiene cada vez más
consistencia: que la crisis fue una estafa. O, dicho en otras palabras, que la
insoportable presión a la que se sometió a la deuda soberana española, entre
otras, no fue más que una estrategia deliberada para imponer el durísimo plan
de ajuste que hemos sufrido en estos dos años.
Desde la
reforma laboral hasta el ataque a las pensiones, pasando por los miles de
millones entregados a la banca, la devaluación salarial, los recortes en las
prestaciones por desempleo, en la ley de la dependencia, el deterioro de la
sanidad, de la educación y de otros servicios públicos y un largo etcétera de
retrocesos sociales, de pérdidas de derechos que serían prácticamente
imposibles de imponer de no ser por ese ariete formidable de los mercados
y la prima de riesgo.
A alguno
está explicación le puede parecer un ejercicio de teoría conspirativa de la
historia, pero la verdad es que existen otros ejemplos ya probados que le dan
verosimilitud. El más contundente es que hace poco más de un mes siete de
los más grandes bancos del mundo (Deutsche Bank, Societé Genérale, JP Morgan,
Citigroup entre ellos) fueron condenados a una multa de 1.712 millones de euros
por manipular el Euribor desde septiembre de 2005 hasta agosto de 2008,
estafando miles de millones de euros a sus clientes para engordar su cuenta de
resultados. Pero es que no es el único caso, la Comisión Europea está
investigando posibles manipulaciones en los mercados de divisas y en el de
seguros de impago de deuda soberana de diferentes países de la Unión por los
grandes bancos privados.
Y la sospecha
es lógica: si los bancos lo hicieron en estos mercados, si actuaron como un
cartel poniéndose de acuerdo para manipularlos, ¿por qué no lo iban a hacer en
el mercado de la deuda pública, con la ganancia asegurada al contar con la
complicidad de los reguladores europeos?

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