Los
países menos desiguales del mundo están en Europa, en particular los de
tradición socialdemócrata, seguidos por los continentales centroeuropeos.
nuevatribuna.es
| Por Antonio Antón | 13 Enero 2014 - 12:39 h.
La
desigualdad socioeconómica se ha agravado con la crisis económica y las
políticas de austeridad dominantes. Se han ampliado las brechas sociales en el
conjunto de las sociedades desarrolladas y, particularmente, en los países
europeos periféricos, como España. Aumentan la pobreza y la exclusión social,
así como las distancias entre individuos ricos y pobres. En el ámbito mundial
la polarización de la riqueza es cada vez mayor. Esta dinámica está destruyendo
la cohesión social. Los sistemas políticos europeos pierden calidad
democrática, disminuye la legitimidad de las élites gobernantes, se abren
profundas brechas entre el Norte y el Sur y se cuestiona el proyecto común
europeo.
Aquí, vamos
a mostrar algunos datos sobre el incremento de la desigualdad socioeconómica,
principalmente, en España, junto con algunas comparaciones con otros países. El
principal indicador (con varias fuentes oficiales no homogéneas), que considera
toda la estructura social, es el Índice Gini (entre el 0 -máxima igualdad- y el
1 -máxima desigualdad-; o bien, transformado en coeficiente -entre 0 y 100-).
Lo completaremos con otros dos indicadores de Eurostat: la relación entre los
ingresos del 20% superior y los del 20% inferior, y la evolución de la tasa de
riesgo de pobreza.
El gráfico 1
señala el importante crecimiento de la desigualdad en España en los últimos
años de crisis. El incremento entre el 31,3, del año 2007, y el 34, del año
2011, es casi del 10%, y la distancia con la media de la UE-15 se amplía. Por
otro lado, el gran crecimiento económico de los años previos no se utilizó para
mejorar el nivel de igualdad que se mantuvo similar desde principios de la
década. Crecimiento no es sinónimo de igualdad y, en este caso, crisis
económica y austeridad sí que produce desigualdad.
Gráfico 1. Coeficiente Gini
Con los
últimos datos disponibles de la ONU (algunos dispares con los de la OCDE y el
Banco Mundial), podemos clasificar distintos países significativos del mundo,
en cuatro segmentos por nivel de desigualdad:
Países menos
desiguales
(coeficiente Gini de 22,6 a 25,4): Noruega 22,6; Eslovenia 23,7; Suecia 24,4;
R. Checa, 24,9; Países Bajos, 25,4.
Países con baja desigualdad, en torno a la media de la eurozona (30,5) y la UE-27 (30,7) (entre 28 y 35): Dinamarca, 28,1; Alemania, 28,3; Francia, 30,5; Italia, 31,9, Reino Unido, 33,0; España, 34,0 (el número 51 de 160 países); Grecia, 34,3; Portugal, 34,5; Otros países del Este y musulmanes con menos desigualdad que España son: Ucrania, 26,4; Pakistán, 30,0; Egipto, 30,8; Polonia, 30,9; Croacia, 31.
Países con alta desigualdad (entre 36 y 56): India, 36,8; Japón, 37,6; Cuba, 38,0; Venezuela, 39,0; Rusia, 40,1; Turquía, 44,8; EEUU, 46,9; México, 47,6; Brasil, 54,7; Bolivia, 56,3.
Países más desiguales (por encima de 60): China, 61,0; Global Mundo, 63,0; Sudáfrica, 63,1; Namibia, 63,9.
Países con baja desigualdad, en torno a la media de la eurozona (30,5) y la UE-27 (30,7) (entre 28 y 35): Dinamarca, 28,1; Alemania, 28,3; Francia, 30,5; Italia, 31,9, Reino Unido, 33,0; España, 34,0 (el número 51 de 160 países); Grecia, 34,3; Portugal, 34,5; Otros países del Este y musulmanes con menos desigualdad que España son: Ucrania, 26,4; Pakistán, 30,0; Egipto, 30,8; Polonia, 30,9; Croacia, 31.
Países con alta desigualdad (entre 36 y 56): India, 36,8; Japón, 37,6; Cuba, 38,0; Venezuela, 39,0; Rusia, 40,1; Turquía, 44,8; EEUU, 46,9; México, 47,6; Brasil, 54,7; Bolivia, 56,3.
Países más desiguales (por encima de 60): China, 61,0; Global Mundo, 63,0; Sudáfrica, 63,1; Namibia, 63,9.
Los países
menos desiguales del mundo están en Europa, en particular los de tradición
socialdemócrata, seguidos por los continentales centroeuropeos.
Pero también
el grueso de la U. E., comparando con el resto del mundo y la media global,
está en el segundo bloque de baja desigualdad, incluido los anglosajones, los
mediterráneos y algunos del Este. Tiene sentido hablar del modelo ‘social’
europeo, asociado a una menor desigualdad económica con grandes franjas
intermedias y un Estado de bienestar, con amplios servicios públicos e
importante protección social pública, todo ello dejando al margen los
condicionamientos y ventajas históricas en su construcción y su desarrollo
económico. Cabe mencionar también, en este bloque, tres países significativos,
de Asia (Pakistán), norte de África (Egipto) y Europa del Este (Ucrania); los
dos últimos con importantes revueltas sociales democratizadoras en un contexto
de bloqueo económico y autoritarismo político-institucional.
En el tercer
bloque, con alta desigualdad, aparece EE.UU., la principal potencia mundial.
Según la ONU (que no coincide con el Banco Mundial), la evolución de su
desigualdad ha sido la siguiente: en el año 1929, el coeficiente de Gini era de
45,0; en 1969 había bajado al 36,1; para 1989 este coeficiente se había elevado
a 44,5, y en 2009, al 46,9. Según estos datos, en la década de los ochenta, se
habría producido un fuerte aumento de la desigualdad y, en estos años de
crisis, se estaría generando otro fuerte impacto regresivo. Se puede completar
esta visión con el coeficiente de Gini referido al patrimonio que todavía da
una relación más desigual y que ha ido en aumento: año 1983, 80,0; año 1989,
83,2; año 2007, 83,4; año 2009, 86,5.
Otro país
significativo es Brasil, con una alta desigualdad (54,7), pero que ha bajado
ligeramente (un 10%) desde el año 1998 (60,7). Aquí se puede decir que su
gobierno de izquierdas, de más de una década, se deja notar algo en este
aspecto, sin que por ello sirva de suficiente contención a las amplias demandas
populares de mejores servicios públicos.
Un país
particular es Cuba. Su evolución ha sido la siguiente. En el año 1986 tenía un
mínimo de desigualdad, con un coeficiente de 22,0; subió a un máximo de 55 en
1995, y fue bajando al 40,7 en 1999 para descender al dato último de 38,0, en
2002.
Dentro de
los países más desiguales del mundo (la mayoría africanos y algunos
latinoamericanos), hay que mencionar a Sudáfrica (63,1). A pesar de la
desaparición del apartheid y el impulso antirracista de N. Mandela y su partido
gobernante, el Congreso Nacional africano, esa realidad de gran desigualdad
social expresa los límites de los cambios de la estructura económica y la
persistencia de una minoría oligárquica (blanca con pequeños añadidos de color)
junto con una mayoría (negra) pobre que permanece.
Un caso
especial es China, con un gran incremento de la desigualdad social: el
coeficiente Gini, ha ascendido fuertemente desde 1999 (39,2), pasando por 2004
(46,5), hasta el año 2009 (61,0); su aumento en esa década es de un 50%. Supone
que aunque su gran crecimiento económico ha permitido una mejora sustancial del
nivel de vida medio, incluido las amplias capas populares rurales, se han
incrementado las distancias entre las capas dominantes (unos pocos millones de
la élite económica e institucional), las llamadas clases medias (urbanas), que
según diversas fuentes alcanzan los trescientos millones de personas y se están
consolidando, y la mayoría de la población (más de mil millones) cuyo progreso
es menor, y perciben las grandes desigualdades y el aumento de las distancias
de los sectores acomodados y las élites.
Gráfico 2:
Ratio s80/s20
(Relación
entre la renta del 20% superior y la del 20% inferior)
El gráfico 2
expone la evolución de la relación entre las rentas del 20% superior o más rico
de la población y las del 20% inferior o más pobre. Al comparar los datos de
España y la UE-15 (los países iniciales, más desarrollados, aunque también
están incluidos Portugal y Grecia) y la UE-27 (el conjunto), vemos que la
distancia es significativa, en torno a un 10% más, durante toda la década hasta
el año 2008 (5,4). Pero en los últimos años, con la crisis, el desempleo y la
debilidad de la protección social, en España se produce un incremento
sustancial de la desigualdad, llegando a una relación de 7,2 puntos en el año
2012 (con los últimos datos disponibles y provisionales). Esos cuatro años
suponen un incremento de un tercio en las distancias de los ingresos entre esos
dos segmentos extremos, el porcentaje mayor en la UE, y nos sitúa en una
distancia entre esos segmentos un 28% superior a la media europea.
Esta
desigualdad es incluso superior a la de Grecia que la ha incrementado un 10%
(de 6 puntos en el año 2007 a 6,6 en 2012), o Italia con un ligero aumento del
5% (de 5,3 a 5,5 puntos); y considerando que otros países han reducido esa
diferencia de ingresos, como Portugal (de 6,5 a 5,8 puntos) y Alemania (de 4,9
a 4,3 puntos). Podemos añadir que el 20% más rico en España acapara el 44% de
las rentas, y el 80% restante se reparte el 56%; es decir, los ingresos del
sector más pudiente son el triple de la media del resto de la sociedad.
Como se
puede comprobar en el gráfico 3, Eurostat ha incorporado un nuevo indicador
(tasa) por debajo del cual se sitúa la población en riesgo de la pobreza y
exclusión, que es el utilizado aquí; no mide solo la ‘pobreza monetaria’,
habitual en las estadísticas sobre pobreza y que ronda en torno al 21%, sino
que incorpora también otras condiciones de vida, como la vivienda.
Gráfico 3:
Evolución de la tasa de riesgo de pobreza en España
El
porcentaje de la población total en riesgo de pobreza había disminuido
ligeramente desde el año 2004 (24,4%) al 2008 (22,9%). Pero se incrementa
fuertemente (cuatro puntos, el 17%) en estos cuatro años, hasta llegar al 27%
en 2011 y al 26,9% (provisional), en 2012. Así, por debajo de ese umbral se
sitúa más de una cuarta parte (26,8%) de la población española, o sea, casi
doce millones de personas. Paradójicamente, la parte de los habitantes que
resiste más este retroceso es la de 65 y más años, ya que sus pensiones de
jubilación (no las de viudedad) son mayoritariamente bajas pero están
ligeramente por encima de ese umbral (aunque van a sufrir los recortes de las
reformas de pensiones aprobadas, e hijos y nietos empiezan a depender de esos
ingresos). Al mismo tiempo, en la población adulta se incrementa la pobreza al
aumentar el desempleo, y su tasa de pobreza corre pareja con la de la media. Es
especialmente significativo el aumento del porcentaje de pobreza, en más de
seis puntos (del 21,9% al 28,2%), entre la población menor de 16 años, gran
parte en unidades monoparentales (mujeres en desempleo o inactivas), y que
presenta un panorama muy difícil para una parte significativa de nuestra
infancia.
En
definitiva, se está produciendo un incremento de la desigualdad, que afecta a
la cohesión de las sociedades europeas, particularmente de los países
periféricos. Tiene implicaciones para la calidad democrática de sus sistemas
políticos y las relaciones internacionales. Es una situación reconocida por
personalidades como Obama para el que La desigualdad es el desafío que
caracteriza a nuestra era. Pero también es una realidad percibida por la
mayoría de las sociedades europeas. Según un reciente sondeo sobre desigualdad
(ver diario El País, 6 de enero de 2014), en España, el 90% de la
población opina que la brecha entre ricos y pobres ha crecido, el 89%
que la actual situación económica favorece a los ricos y el 75% que la
brecha entre ricos y pobres es un gran problema (los porcentajes
respectivos para otros países significativos son: Grecia, 88%, 95% y 84%;
Italia, 88%, 86% y 75%, y Alemania, 88%, 72% y 51%).
La mayoría
de la sociedad, desde una cultura cívica de justica social, manifiesta su
desacuerdo respecto a la estrategia liberal-conservadora de austeridad, que
sufre un fuerte proceso de deslegitimación social. La pugna en Europa por
acabar con los recortes sociales y laborales y promover la igualdad, una
gestión política democrática y una salida justa de la crisis, con el horizonte
de una democracia social avanzada, se convierte en un desafío para todas las
fuerzas progresistas.



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