Hemos
hablado del cambio demográfico como la gran revolución silenciosa. Su principal
causa es el envejecimiento de la población, el aumento de la esperanza de vida,
siendo la caída de la natalidad la otra causa principal.
nuevatribuna.es
|Por Eduardo
Rodriguez Rovira | 13 Enero 2014 - 18:10 h.
Eduardo
Rodriguez Rovira | Presidente de la Fundación Edad&Vida
Hemos
hablado del cambio demográfico como la gran revolución silenciosa. Su principal
causa es el envejecimiento de la población, el aumento de la esperanza de vida,
siendo la caída de la natalidad la otra causa principal.
Durante
mucho tiempo ha predominado el estereotipo de identificar la vejez con la
enfermedad y la dependencia. Pero, la persona mayor que está enferma lo está a
causa de su enfermedad, no por su edad, porque la edad no es una enfermedad.
Hoy la mayoría de las personas mayores llevan una vida autónoma y aunque existe
ciertamente una correlación dependencia-edad, solamente cuando se alcanza la
llamada cuarta edad, más de 85 años, esta correlación es muy significativa
(63%).
El debate
sobre si la prevalencia de la dependencia en las personas de más edad está
aumentando o no, está abierto todavía. Hasta los estudios de Manton, a mediados
de los 90, las predicciones sanitarias, sociales y económicas del incremento de
edad eran calamitosas. A partir de entonces empezaron a publicarse estudios en
los que aparecían datos en los que el envejecimiento de las personas se
producía en muchas mejores condiciones de salud que en las generaciones
anteriores, por lo que los costes del envejecimiento podrían ser compensados
con las mejoras de salud de los mayores. Esta era la hipótesis de Fries, la
llamada compresión de la morbilidad en las personas mayores.
El reciente
Informe del Ministerio de Sanidad, sobre la esperanza de vida en salud en
España (2006-2011) es muy significativo en este sentido. Entre sus conclusiones
se destaca que la esperanza de vida en salud de la población española al nacer,
en 2011, es de 66,4 años, habiendo aumentado nada menos que 3,4 años desde
2006, en tanto que la simple esperanza de vida lo hizo en 1,2 año, alcanzando
82,3 años. “Ello sugiere un efecto de compresión de la morbilidad en la
población española”.
Más aún que
el aumento de la esperanza de vida per se, la trascendencia de este dato es
enorme si se confirma y nos ayuda a poner el máximo énfasis en todas las
medidas de envejecimiento activo y de prevención de la enfermedad y la
dependencia en las personas que envejecen y conseguir el objetivo de una alta
esperanza de vida en salud.
Eduardo
Rodriguez Rovira |
Presidente de la Fundación Edad&Vida

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