Patricia Rodríguez Pagés / Sevilla / 8 ene 2014
Matanza
de Casas Viejas. // ARCHIVO
El calendario volverá a pararse este fin
de semana en 1933. Casas Viejas recuerda, a partir del viernes, los sucesos
que tambalearon la II República y que siguen conmoviendo a este pueblo
gaditano, casi borrado del mapa durante décadas. “Le cambiaron el nombre,
se borraron los sitios”, dice el historiador Salustiano Gutiérrez. “Sólo a
partir de la Transición pudimos recuperar algo la memoria”, confiesa ensalzando
el trabajo de los fotoperiodistas que inmortalizaron aquella tragedia que,
todavía hoy, levanta ampollas entre los lugareños. Con el objetivo de “hacer
las paces con el pasado”, de “cerrar viejas heridas” y de reivindicar la
memoria de un pueblo aún dolorido, dos asociaciones culturales -Amigos
de Mintz e Hijos de la Luna-, la Fundación Casa Viejas y el Ayuntamiento
de la localidad organizan un conjunto de actividades culturales, entre las que
destaca la teatralización de los sucesos en el mismo lugar de la tragedia: ocho
actores recrearán la angustia entre esas mismas paredes mientras otro centenar
de vecinos, convertidos en actores para la ocasión, asediarán la casa
rememorando aquella masacre. Sólo 25 personas podrán asistir a esta función,
las únicas plazas que da de sí el espacio, aunque Salustiano Gutiérrez,
impulsor de esta iniciativa a través de la Asociación Amigos de Mintz,
asegura que si es necesario se ampliará el número de actuaciones.
Cartel de la exposición fotográfica.
Cuando se cumplen 81 años de los sucesos
que conmocionaron a la España republicana, el pueblo gaditano ha decidido
hacer uso del teatro “como terapia”. Una de las actividades propuestas es
una ruta fotográfica por bares de la ciudad, un hecho que no ha gustado a todos
en el pueblo porque, dicen, “mercantiliza” una situación que para muchos sigue
siendo dolorosa. “Todavía cuesta trabajo superarla”, reconoce Gutiérrez, que
defiende las actividades como una iniciativa “global e integral” que sólo
busca “normalizar” los problemas que este suceso ha generado históricamente a
la localidad y sirva, además, para reivindicar, una vez más, el espacio
donde sucedió la tragedia como lugar de memoria histórica, un proyecto que
sigue sin aprobar la Junta de Andalucía, según el historiador.
“La espiral del tiempo consiguió que se
perdiera en el olvido todo lo que recordaba un pasado al que se quería
renunciar. Y no sólo ha pasado con Los Sucesos, también con las chozas, con las
casas antiguas o con las tradiciones seculares”, dice Salustiano
Gutiérrez: “Es como si hubieran conseguido igualar nuestro pasado a
pobreza e indignidad y por tanto hubiese que eliminarlo”.
Por eso, para los impulsores de estas
actividades -exposiciones, tertulias y talleres-, la “joya de la corona” en
esta programación es, precisamente, la obra de teatro: “Su significación
es importantísima, baste pensar que hasta hace poco no se sabía muy bien dónde
estaba la corraleta o toda la polémica que surgió en 2005″, cuando se quiso levantar
un hotel de lujo en los terrenos donde había sucedido la tragedia con el nombre
de La Libertaria, la única superviviente de la matanza de los jornaleros
anarquistas por parte de la Guardia Civil y fuerzas del orden. ”El teatro
fomenta la autoestima, el respeto, la convivencia en grupo, el control y el
conocimiento de las emociones, así como la pérdida del miedo”, afirman los
organizadores. Por eso durante un rato, los 25 espectadores sentirán el mismo
miedo que sintieron las víctimas, cuyos familiares directos serán invitados a
una de las funciones especiales.
La representación se realizará en el local
que tiene el Ayuntamiento de Benalup-Casas Viejas en la antigua corraleta de
Seisdedos, en el centro neurálgico de los sucesos, donde primero ocho personas
con tres escopetas van intentar resistir el acoso de un centenar de miembros de
las fuerzas del orden con todo tipo de material bélico y donde luego doce
casaviejeños van a ser vilmente fusilados. Tras una breve introducción por
el recorrido espacial y temporal de estos hechos, a través de fotos y vídeos,
se teatralizará “la angustia, la intranquilidad, la pesadumbre, ansiedad,
desconsuelo, incertidumbre, zozobra, aflicción, ansia, congoja, desesperación,
inquietud, tormento que sintieron estos casaviejeños y que a través de una
espiral de silencio impuesta y planificada se extendió en todo el espacio de la
población y en el tiempo hasta la actualidad”. El final, que la organización se
niega a desvelar, constituye “un soplo de aire fresco, un guiño a la esperanza”
que sirve como ejemplo del objetivo que busca esta iniciativa.


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