José Luis Gutiérrez / 9 ene
2014
Hace
81 años tuvo lugar la matanza de Casa Viejas. Un hecho que sacudió a la
sociedad española de su momento y que se ha convertido en un referente de la
historia contemporánea española. Como todos los años, desde hace ya unos
cuantos, la sociedad casaviejeña los recuerda con un apretado programa de
actos. Desde una
representación teatral en el mismo lugar de los hechos, pasando por
un debate en forma de tertulia y terminando por una serie de exposiciones en
diversos establecimientos hosteleros. Un esfuerzo que, año a año, no sólo se
repite sino que va dando nuevos pasos adelante. El programa de este año así lo
demuestra. De paso pone de manifiesto el desinterés, salvo cuando no tiene más
remedio, de quienes ocupan las instituciones representativas de la localidad. Veamos
tres ejemplos: el estado comatoso de la Fundación Casas Viejas 1933, el
abandono de las instalaciones del solar de la choza de Seisdedos y la tan
anunciada como olvidada declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) de los
lugares de la tragedia.
La Fundación, recordemos, nació en el
contexto de la polémica que levantó la apertura hace siete años del hotel hoy
llamado Utopía y, entonces, Libertaria. Primero fue una iniciativa privada que
terminó siendo reconducida hacia otra pública bajo el control del equipo de
gobierno del ayuntamiento de Benalup-Casas Viejas. Desde entonces hasta hoy sus
actuaciones se han limitado a participar, de forma unas veces más activa que
otras, en la conmemoración anual de enero. Pero sobre todo no ha sido capaz
de romper los estrechos marcos del control político para convertirse en un
vehículo que canalizara las propuestas que desde el mismo pueblo han ido
surgiendo. Una muestra más de las distancias que existen entre
representantes y representados. Uno de los problemas más importantes del
sistema político español que, dicho sea de paso, no parece querer ponérsele
solución. Del estado comatoso de la fundación da idea su inactividad, que su
patronato apenas se reúna y que su página web no haya sido
modificada en los últimos cinco años que lleva “realizando ajustes de
programación y cargando sus contenidos iniciales”. Al menos en la consulta
realizada la tarde del lunes 30 de diciembre pasado.
Supuesto retrato de María Silva Cruz,
Libertaria.
El programa estrella de la Fundación Casas
Viejas 1933 era la utilización del solar de la choza de Seisdedos, rescatado de
la propiedad privada, mediante la apertura de unas instalaciones que
completarían la sede del fondo documental que se iba a establecer en el nuevo
el Teatro Municipal. Si de la sede nunca más se ha sabido, en el solar se ha
realizado unas reformas, más que discutibles estéticamente, pero que sigue
cerrado. Tampoco sabemos ni el coste de la compra del solar ni el de la
intervención. La transparencia, otra de las deudas pendientes de las
administraciones de este país. Aunque parece que durante estos días va a acoger
uno de los actos más esperados de las jornadas previstas. Esperamos que sea el
comienzo de una larga y fructífera relación con los vecinos.
Por último está el tema del BIC. Tan
publicitado antes y ahora. Recordemos las recientes jornadas de Patrimonio Cultural
Europeo. Sin embargo sigue paralizado casi un año después de que el
ayuntamiento prometiera públicamente interesarse por su finalización tan
abruptamente, como oscura, interrumpida a punto de completarse. Un BIC que se
presentaba como ejemplar y, en su momento, entre los más avanzados por las
consideraciones sobre los bienes inmateriales que contemplaba. Estos días
esperamos oír los mismos deseos de intervención municipal. Pero no sólo oírlos
sino verlos hechos realidad y, también, transmitidos al vecindario y al
resto de la sociedad española partícipe de unos hechos que la han marcado.
Finalmente quisiera hacer una aportación
personal a este octogésimo primero aniversario. Me gustaría divulgar la
fotografía que acompaña estas líneas. Un supuesto retrato de María Silva Cruz, Libertaria,
la joven que escapó de morir entre las llamas de la choza incendiada de su
abuelo. Fue publicado en el diario valenciano Las Provincias enviado
por una agencia de prensa madrileña. No tenemos la certeza de que sea ella.
Pudiera ser. Lo que es seguro es de que se trata de un recorte de otra de grupo
seguramente procedente de la propia Casas Viejas. ¿Cómo la obtuvieron los
periodistas madrileños? Lo desconocemos exactamente. Sabemos que aquellos días
los reporteros llegados buscaron ansiosamente material gráfico, o lo
produjeron, sobre los sucesos. Los primeros de la historia social española en
tener una importante difusión gráfica. Sea esta mi aportación a un aspecto de
la matanza que todavía está por analizar en profundidad.
José Luis Gutiérrez Molina
Historiador

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