Carlos Berzosa | Catedrático de Economía Aplicada.
Universidad Complutense de Madrid
nuevatribuna.es
| 03 Enero 2014 - 11:27 h.
El día 28 de
diciembre, cuando compré el diario El País, leí en primera página: "Rajoy
declara 2014 como el año de la recuperación". Enseguida pensé que se
trataba de una inocentada del diario, pero recordé que este periódico manifestó
desde el primer año de su publicación que no iba a realizar este tipo de
bromas, que solían ser habituales en otros diarios. Tampoco parecía que el
Presidente del Gobierno fuera dado a gastar inocentadas, así que me quedé un
tanto extrañado ante un titular de esta naturaleza. En primer lugar, por el uso
de la expresión "declara", como si por denominar a 2014 el año de la
recuperación fuera a darse así sin más. En segundo lugar, porque este tipo de
afirmaciones no vienen acompañadas de las fuentes, estudios y análisis en los
que se sustentan.
Por si fuera
poco, el Ministro de Economía, Luis de Guindos, ha hecho declaraciones en la
SER en las que también hace gala de un desmesurado optimismo y anuncia que se
va a crear empleo más allá de las previsiones del propio gobierno. Un vez más,
un responsable económico no argumenta las razones que pueden dar pie a tanta
euforia. Se basan en unos datos algo mejores que los que venían siendo
habituales para decir cosas tan tajantes. Como ciudadanos tendríamos que tener
derecho a conocer cuál es el tipo de información que manejan para hablar con
esa rotundidad sobre la posible recuperación. Máxime cuando aún quedan muchos
puntos negros en la economía española para que se hagan declaraciones de esta
naturaleza.
No pretendo
hacer aquí un análisis detallado de esos puntos negros que suponen serias
restricciones a la recuperación, pues a ello ya me he referido en otros
artículos, y a lo que dedico otro "¿Se puede hablar ya de recuperación en
España?" en la revista TEMAS para el debate (enero-rebrero de 2014, número
230-231). Lo que desde luego sí resulta oportuno resaltar es que el gobierno no
solamente ha sido incapaz en dos años de afrontar la crisis con un mínimo de
acierto, sino que ha causado muchos destrozos, que va a costar bastante tiempo
en reparar. Una reparación que tendrá que hacerla otro gobierno de signo
distinto y con propuestas muy diferentes a las que se están llevando a cabo de
corte neoliberal.
Los
destrozos han sido tantos que resulta imposible enumerarlos a todos, pero los
más relevantes son: el elevado número de parados, el incremento de la
desigualdad y la pobreza, los recortes en los derechos de los trabajadores y
sociales, fomento de la precariedad en el empleo y bajos salarios. En suma, que
el año se inicia con una sociedad más pobre económica y social y con pérdida de
derechos. Las leyes de educación, de seguridad ciudadana y del aborto, son un
reflejo de la acción de un gobierno que no solamente está haciendo al país
retroceder en el tiempo, sino que aborda los problemas con medidas represivas,
tratando de acallar las voces críticas por los medios que sea. Este gobierno es
el representante de los neocon en España.
Las
respuestas a la crisis están en consonancia con este ideario neoconservador,
basado en el fundamentalismo religioso y de mercado, por lo que se pretende
reforzar más el poder de los ricos, a los que sirven, al tiempo que se pretende
debilitar a los sindicatos y movimientos sociales. Un gobierno insensible ante
los padecimientos y sufrimientos de tantos ciudadanos, los más vulnerables, y
que pretende sustituir la justicia por la caridad. Los desahucios de las
viviendas ─sin que se tomen medidas para evitarlos─ , la cantidad de gente que
se queda sin luz por no poder pagarla y los tremendos recortes dados a la ley
de la dependencia ─que ya de por sí sufría serias limitaciones para ser
financiada─ son claros ejemplos que avalan lo que acabo de afirmar sobre un
gobierno servil con los poderosos y fuerte con los débiles e insensible ante
tanta privación y carencia en una economía que está considerada en el grupo de
los países ricos.
Este
panorama un tanto desolador contrasta con los escándalos económicos y
financieros que se están dando. El conocimiento de tantos casos de corrupción
en los que el partido del gobierno está implicado, aunque no solo, es lo que
conduce a la desconfianza que cada vez en mayor medida muestra la población
española, sobre todo los jóvenes, hacia los políticos, sin distinguir
comportamientos individuales e ideológicos. Este es un grave problema que hay
que afrontar y que, sin embargo, no se hace nada en este sentido. No basta con
decir que la mayor parte de los políticos son honrados, pues no vale con la
actitud pasiva y complaciente que se muestra hacia la corrupción, mientras que
se persigue y se acosa a los jueces que la combaten, sin que se tomen medidas y
se hagan propuestas eficaces para modificar las estructuras de los partidos y
del funcionamiento de la administración que lo han posibilitado.
El año 2013
ha sido malo, no solamente por lo que a la economía se refiere, sino a la
valoración tan negativa que sufren los políticos y partidos, la degradación de
la vida pública que se está sufriendo y la falta de comportamientos éticos por
parte de responsables que se niegan a dimitir, a pesar de las dudas, a veces
hasta certezas, que se ciernen sobre ellos de comportamientos incorrectos. Se
aferran al cargo pase lo que pase. Desde luego, estas actitudes no ayudan nada
a regenerar la democracia y a que se consiga una valoración positiva de la
ciudadanía de la acción política, lo que sin duda es necesario para gozar de
una buena salud democrática. Una sociedad desmoralizada e indignada con las
clases dirigentes, que no están desde luego a la altura de lo que el país
necesita y reclama. Esto es lo que hay y que habría que cambiar en este 2014,
pero no hay signos de que esto se vaya a modificar.
Fuente: www.nuevatribuna.es

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