La masía familiar en la que vivía Ventureta
Ballús con su familia fue entregada a la persona que denunció a sus padres por
rojos. Para sobrevivir, tuvieron que partir hacia el exilio
PATRICIA
CAMPELO Madrid 05/10/2013 08:57 Actualizado: 05/10/2013 08:57
Familias
enteras se marcharon de su casa empaquetando lo mínimo imprescindible para el duro viaje que les
esperaba hacia el exilio. De esta manera, dejaron sus propiedades
expuestas a la rapiña de los afectos a la dictadura. En algunos casos,
sirvieron para pagar favores a quienes mostraron su devoción a Franco
realizando falsas denuncias contra presuntos rojos. Fue el caso de los padres
de Ventureta Ballús, de 75 años, que tuvieron que partir hacia Francia
tras la denuncia de un vecino que les acusaba "de haber matado a mucha
gente".
"Mi
padre, que era teniente de alcalde cuando las elecciones de febrero de 1936,
era muy querido en el pueblo; tras morir, tuvo un entierro
multitudinario", explica Ventureta al otro lado del teléfono desde su casa
en Montornés (Barcelona), donde vive desde que se instaló en España hace una
década.
En enero de
1939, cruzó la frontera con sus padres y su abuela. Se establecieron
en Mortagne, en la baja Normandía, lugar que la acogió hasta los 65
años. "Los falangistas tenían previsto matar a mis padres para quedarse
con la masía", intuye Ventureta. El hermano pequeño de su abuela se
quedó gestionando la propiedad pero, a su muerte, la masía cambió de manos.
"Según nos explicó el alcalde del pueblo, se la quedó el hombre que había
denunciado a mis padres", indica. Bajo el pretexto de ser un inmueble
incautado por Falange, a la familia de Ventureta le costó "bastante
dinero" recuperar la masía. Finalmente, volvió a ser suya a finales de
los 60 y, en 2004, la volvió a perder como consecuencia de una expropiación
municipal. "Han levantado bloques y han dejado la masía en medio",
cuenta horrorizada.
El resto de
propiedades familiares aún siguen en manos ajenas. En 1987,
Ventureta explica que pleiteó para recuperarlas con ayuda de su hija abogada, y
solicitaron la prueba del carbono 14 para comprobar que las escrituras se habían
falsificado. "Para que se viera que el cambio se hizo en 1957, cuando la
escritura es en realidad de 1925", aclara. La administración de justicia
rechazó la petición. "Seguimos viviendo el franquismo, pero con el rey;
nunca se ha producido una ruptura", lamenta.
Fuente: www.publico.es

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