Los sondeos del Rey nunca fallan
Juan Carlos Escudier
18 de diciembre 2012
![]() |
Desde que la
glasnot ha llegado a la Zarzuela y la monarquía se ha hecho tan transparente
que hasta la corona es de cristal de Bohemia, se ha perdido gran parte del
morbo que la rodeaba. Ahora es que lo sabemos todo de lo que ocurre en esas
cuatro paredes de la Casa Real, salvo pequeños detalles sin importancia.
Estamos
informadísimos, por ejemplo, de los arreglos estéticos de la Princesa, del
destierro de Urdangarín, al que se ha castigado con no felicitarnos las Pascuas
para que expíe sus pecados ‘capitales’, y seguimos al día la rehabilitación de
la cadera regia, un asunto que preocupa a la ciudadanía más que la prima de
riesgo y el paro juntos.
Hay cosas,
no obstante, sobre las que sigue siendo mejor guardar un prudente silencio, no
vaya a ser que el techo de cristal ceda por un fallo estructural y se haga
añicos sobre los Borbones, cuyo temor a las hemorragias es ancestral. ¿Qué
ganamos con conocer el patrimonio personal del Rey o quién le paga algunos de
sus caprichos? ¿A quién le importa si el jefe del Estado es titular de alguna
cuenta en Suiza, pongamos por caso? Existe un grave problema arquitectónico y
es preferible no excederse.
Los últimos
gestos de apertura se han materializado en forma de desayunos con medios de
comunicación, a los que se convoca periódicamente ante un café con bollos para
rendirles cuentas y que transmitan la vitalidad de una institución por la que
no pasan los años. Precisamente, tras la última cumbre del croissant hemos
sabido con regocijo que don Juan Carlos ha recuperado su popularidad, empañada
por ese maldito safari de Botsuana, tan luctuoso para los paquidermos y para el
futuro profesional de Corinna zu Sayn-Wittgenstein como touroperadora. En
resumen, el Rey pidió perdón y el pueblo, al parecer, ha sido indulgente con
los disparos de su escopeta.
¿Que cómo
Zarzuela ha conocido la benevolencia del populacho? Pues mediante “encuestas
internas” que, según se ha precisado, han empezado a encargarse a raíz del
suspenso real cosechado en el último barómetro del CIS. Algo debió de hacerse
mal en aquel estudio demoscópico porque ni el presunto latrocinio del yerno ni
sus devaneos por la sabana –en el pecado llevó la penitencia-, ni siquiera el
tiro en el pie que se pegó el pobre Froilán por no tener a mano la Nintendo son
motivos suficientes para desgastar de esa forma a una monarca tan querido y tan
campechano.
Ahora,
afortunadamente, todo vuelve a la normalidad gracias a estos sondeos
“internos”, de los que se ha obviado su autoría por pura discreción. Hacerse se
han hecho porque la Casa Real no miente nunca, y los resultados son diáfanos y
concluyentes. Los recelosos ya estarán preguntándose cuán internas han sido las
encuestas y quién las ha pagado. ¿Y qué si se ha preguntado al personal de
confianza de Zarzuela o a la rama griega de la familia real? ¿Acaso no forman
parte del universo potencial de encuestados?
Con esta
buena noticia, España entera aguarda con impaciencia el mensaje navideño del
soberano, que podrá ser visto en Youtube por si falla la TDT. Nos dirá muy
serio que la ley es igual para todos, que vivimos tiempos complejos y
difíciles, que el sufrimiento de hoy tendrá su recompensa, que la Constitución
es la leche, y que a ETA ya le vale… ¿La imagen? Impecable del primer al último
píxel.
Fuente: www.publico.es

No hay comentarios:
Publicar un comentario