PSC: ¿camino PASOK?
Artículos de
Opinión | Josep Maria Antentas * | 13-12-2012 |
Aunque
algunos pronósticos aún eran más sombríos los escuálidos 523.333 votos (14’6%)
del pasado 25N pocas alegrías pueden deparar a la dirección del PSC a quien al
pésimo resultado a duras penas disimulado se le ha añadido una “Operación
Mercurio” que amenaza en hundir, un peldaño más (¡y ya van muchos!), a un
partido cuesta abajo desde hace más de una década.
El 25N marca
el punto más bajo de una larga trayectoria declinante en la política catalana
desde que alcanzara su cénit en 1999 con 1.183.299 votos (38’2%): 1.031.454
(31’2%) en 2003, 796.176 (26’8%) en 2006, y 575.233 (18’38%) en 2010. Sin
olvidar sus malos resultados en las municipales del 22M y las generales del
20N. No estamos ante un mero fenómeno coyuntural, sino ante una tendencia de
fondo fruto de su falta de credibilidad tanto en el terreno nacional como en el
social, tras las dos legislaturas de gobierno Tripartit y los dos gobiernos
Zapatero.
En el ámbito
nacional su forzado “federalismo” y su tíbia, desganada y ambigua aceptación de
un “derecho a decidir” desmentido a diario por el PSOE, más que en un supuesto
punto de equilibrio “sensato” entre posturas extremistas, como su campaña
electoral predicaba, lo sitúa de facto en tierra de nadie. Demasiado para
algunos, que prefieren a Ciutadans en nombre de la defensa de la unidad de
España, demasiado poco para otros, que migran hacia una ERC que aparece como
una alternativa catalanista progresista más consecuente.
En el
terreno social carece de credibilidad como alternativa de izquierdas portadora
de otro modelo de sociedad, tras largas décadas de conversión al
social-liberalismo (y al liberalismo “a la Maragall”) primero y, después, de su
aceptación sin matices de las políticas de austeridad impuestas por la Troika.
Al igual que con Rubalcaba a escala estatal las superficiales críticas de
Navarro a los recortes de CiU ni plantean una agenda global distinta de gestión
de la crisis ni son percibidas como sinceras y reales. ¿Alguien duda de que un
gobierno del PSC (o del PSOE a escala estatal) recortaría por igual?
El problema
de fondo es que ninguna de las dos sensibilidades en lo nacional del PSC, la
catalanista y la más ligada al PSOE, presenta ninguna diferencia sustantiva en
lo social. Ambas son responsables del credo social-liberal del partido y de su
presente pro-Troika. Un PSC catalanista sin credibilidad como proyecto de
izquierdas, cortado de su base obrera y popular en la periferia de Barcelona y
sin vínculos reales en los barrios, no tiene ninguna posibiliad de discutir,
convencer y mantener a su base social castellanoparlante sensible a la
demagogia de Ciutadans. Quienes buscan superar la crisis del PSC sólo
planteando un perfil más catalanista y postulando una defensa clara del derecho
a decidir y de la convocatoria de un referéndum, aunque van en la buena
dirección en el terreno de la cuestión nacional, olvidan que sin un contenido
de izquierdas claro el PSC nunca podrá recuperar la credibilidad perdida.
Precisamente, aparecer como un instrumento útil para la mejora de l as
condiciones de vida concretas de los trabajadores y sectores populares con
menos identificación con la revindicación nacional catalana ha sido la
condición histórica de la izquierda para atraerlos al catalanismo.
El PSC es un
fiel reflejo, aunque en un contexto político particular en el que la cuestión
social y la nacional vertebran el debate político, de la crisis en que se
encuentra sumida la “socialdemocracia” europea quien, tras decenios de
adaptación al social-liberalismo en los ochenta, noventa y dos-mil, aparece hoy
com una corriente sin ningún voluntad de transformación social y sin otra
receta ante la crisis que aplicar los dictados del poder financiero en un
momento donde éste sacrifica sin piedad los intereses de la mayoría de la
población para salvarse a sí mismo. En los países de la periferia la
socialdemocracia (PASOK, PSOE, PS...) ha colaborado activamente en la
aplicación de las medidas de ajuste. En Alemania el SPD no cuestiona tampoco,
de forma real, la austeridad de Merkel ni el relato oficial de la crisis que
culpabiliza a los “trabajadores del sur”. No podría descartarse que en un
futuro una mayoría socialdemócrata en los países claves de la UE pudiera
plantear a lguna ligera variación o “respiro” a los países en peor situación y
optara por abrir un poco la válvula para soltar vapor con el objetivo de paliar
el agravamiento de las tensiones sociales, pero difícilmente habría ningún
cambio serio de rumbo. En Francia y fuera de ella, a pesar de toda la pompa
mediática, las expectativas con Hollande, para quien ingenuamente las tuviera,
han quedado rápidamente defraudadas y, a pesar de todas las promesas
electorales, el presupuesto de su gobierno mantiene el compromiso con las
políticas de austeridad (reducción del déficit del 4’5 al 3% el próximo año y al
0% el 2017) y apoya el pacto fiscal a escala europea.
En la Europa
mediterránea la crisis de la socialdemocracia, quien tuvo un rol clave en la
formación de los regímenes postdictatoriales en los años setenta en Grecia,
Portugal y el Estado español, adquiere una intensidad cada vez mayor aunque con
grados diferentes. Una crisis que no es sino un componente de la erosión más
general del orden político establecido entonces. En Grecia el PASOK ha sido
destruido y sus intenciones de voto están por debajo del 10%. En el Estado
español el PSOE, aunque en una posición menos débil, no remonta en las
encuestas ni capitaliza el desgaste del gobierno derechista del PP y, al
contrario, pierde apoyo electorales y credibilidad social a marchas forzadas.
En Portugal el PS conserva una cuota electoral importante y capitaliza en
cierta forma el desgaste del gobierno conservador de Passos Coelho combinando
un radicalismo verbal hipócrita contra los recortes y un apoyo de fondo a las
políticas de austeridad. Pero todo apunta a que cuando el maltr echo Passos
Coelho caiga el PS tendrá que comprometerse de nuevo en la gestión de la
austeridad, ya sea en un gobierno de unidad o bajo otra forma, que lo
desgastará irremediablemente.
Donde los
partidos socialistas han sido responsables de las políticas de austeridad pagan
un precio político enorme, entrando en contradicción y en colisión frontal con
su base social. Es verdad, sin embargo, que en algunos países clave (Gran
Bretaña, Alemania...) son el único recambio disponible a los gobiernos
conservadores hoy existentes y que cuentan todavía con una cuota importante de
apoyos electorales en la mayoría de los países europeos, así como fuertes
aparatos político-electorales, resortes en algunos sectores de la sociedad y en
los sindicatos, y el control o afinidad con medios de comunicación. No podemos
dar a los partidos socialistas por muertos y enterrados, ni pensar que estén
absolutamente desprovistos de capacidad de maniobra para salir a flote en el
último minuto, pero lo cierto es que hoy la “socialdemocracia” europea aparece
como una corriente históricamente agotada y sin proyecto. Su “carrera hacia el
fondo” avanza inexorablemente.
Al PSC,
incapaz de ofrecer una propuesta política doblemente creíble en el eje social y
en el nacional, cada vez le quedan menos frenos para activar en su descenso
hacia el “infierno PASOK”. Un hundimiento que, vista su trayectoria pasada y
presente, desde la izquierda anticapitalista sólo podemos celebrar. Sin ser
condición suficiente, el descalabro de la “socialdemocracia” (bueno, de quien
ha encarnado históricamente este espacio aunque contenido y etiqueta hayan
quedado muy disociados) es condición necesaria para romper el bipartidismo y la
alternancia y levantar una nueva alternativa de izquierdas y de ruptura que
pueda llegar a ser mayoritaria.
* Profesor
de sociología de la UAB
Fuente: http://www.tercerainformacion.es

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