Cargarle el muerto a la crisis: el sabotaje a la razón
Artículos de
Opinión | Pura María García | 13-12-2012 |
Una casa sin
puertas, sin ventanas, destechada y en ruinas, a merced de cualquier golpe de
viento, por muy leve que sea. Así es la realidad que nos vienen imponiendo
desde hace más de cuatro años, un paisaje en el que nos han relegado a ser
bulbos condenados a vivir en la parte subterránea de la vida, donde los que
tejen esa realidad abocan la inmundicia que necesitan alejar de su realidad,
bien distinta.
Entran y
salen, indiscriminada y caprichosamente, ministros probadamente corruptos, en
la vida personal y en su vida política, los falsos cavalieri que no quieren
bajar de la grupa de un caballo que les permite pisotear al trote las leyes,
alejarse de las condenas, patearnos. Suben y bajan los nombres, las carteras y,
con las aparentes oscilaciones de una ideología inexistente, se producen
descensos cruentos de índices, primas de riesgo, deuda pública, gotas letales
de un aguacero indescriptible que llueve sobre los que menos tenemos, sobre los
que más perdemos, sobre nuestra incomprensión y nuestra desesperanza.
“La crisis”,
sustantivo abstracto y singular, es la palabra incesantemente repetida, el
escudo visible que esgrimen los estafadores de la idea y el pan, el sobre negro
con el que nos chantajean, diariamente: “Resígnate, no busques culpables,
traga saliva y déjate engullir, es la crisis, no lo olvides”.
Es “la
crisis”. A tragar. Creció cuando la negaban. Creció cuando la preparaban, por
acción u omisión, concienzudamente, abonando el campo de cultivo de la
abundancia indiscriminada que para ellos, gestores de la crisis y nuestra
bancarrota, era el equivalente de la sede social de un club de amigos privado,
reservado únicamente para socios, para los ellos que la han propiciado. Creció,
como parte del sistema, sectorizándose en puntos estratégicos, alejados
geográfica y socialmente, para que su conexión la alimentase sin levantar
alarmas que nos hubieran hecho reaccionar: una Europa que se reía al ver sus
arcas aparentemente llenas; el despertar de gobiernos europeos usureros,
dispuestos a dejarse manejar, ahora ya abiertamente, por quien en realidad todo
lo manejaba: la banca; una Europa con delirios de grandeza a costa de la Europa
de segunda (el ciudadano, votante de una unidad falsa en un proceso de
chantaje, destilado lentamente, por el que se nos amenazaba con abandonarnos
fuera del TODO si no participábamos con un sí y una genuflexión en el proceso
de construcción de ese frankestein de intereses que es la unión europea;
conflictos esponsorizados en países de Europa del este, extremos de una cinta
elástica que se sabía originaría la tensión intencionada y necesaria para
servir de caldo de cultivo a la manipulación económica (el miedo como arma para
anestesiar conciencias)…El precio de la servidumbre al gigante depredador
americano, sus ecos tras el colapso de la banca de inversión Bear
Stearns en 2008[1], salpicando con la insolvencia a parte de la banca
europea, azotando significativamente a los hijos pobres de la madre cruel que
es Europa (Grecia, Portugal e Irlanda); la actitud sospechosamente generosa de
la banca, escondida tras su con máscara, que otorgaba préstamos hipotecarios a
personas con insuficientes recursos, a sabiendas de su insolvencia; la
extensión en la práctica de estrategias bancarias maquiavélicas, como la
transformación en acciones de los créditos para obtener más y más liquidez;
la ambición desmedida de la reserva federal americana, que en 2011 sacó de su
chistera un plan absurdo para el fomento de la economía que preconizaba la
bajada notoria del tipo de interés (el equivalente al Euribor europeo) en casi
5 puntos, lo que hizo que el sector inmobiliario efectivamente entrase en alza,
pero MOMENTÁNEA, sin advertir públicamente que el dinero fácil que estaban
consiguiendo los bancos, obtenido de las hipotecas a interés variable y
condiciones de ganga a personas con escasa solvencia, pronto alimentaria una
catástrofe inmobiliaria y económica. La insolencia y mafiosidad de la misma
reserva federal, que impunemente realizó, en 2011, la emisión de 16
BILLONES DE DÓLARES para “salvar” a grandes bancos, que se habían
previamente enriquecido hasta lo incontable gracias a sus acciones depredadoras
contra el ciudadano.
“La crisis”,
argumento que la
banca y la clase política (banqueros frustrados, títeres de los
banqueros profesionales, avalados por votos de crédulos y anestesiados
ciudadanos) utilizan, desde que alguien destapó la liebre y esconder la
situación, que en alud de restricciones lanzaban sobre nosotros, era
insostenible.
Nos
mintieron antes de “la crisis”, mientras la alimentaban. No podían perder el
tiempo en hacer cálculos que no fueran los necesarios para determinar los
millones que podían obtener, trasvasar y convertir en créditos que volverían
engordados a la casa del dinero. Nos mienten también ahora, bajo el epígrafe de
que todo lo que nos sucede es causa de “la crisis”. Así, con un sustantivo
abstracto, enfrentado semánticamente a nombres concretos como derechos humanos,
hambre, paro, miseria, entre otros, pretenden que caigamos en sus intolerables
pretensiones: mantenernos en la creencia de que ellos, políticos y bancos, no
son culpables de nada sino que, bien al contrario, están incluso dispuestos a
rescatarnos, a comprar nuestro futuro, si les damos lo que nos piden, lo
poquísimo que por ahora el estado y el capitalismo aún nos “dona”: respirar.
Pues bien,
tras más de 7 años de engordar al monstruo de las mil cabezas, esa crisis que
es la culpable intangible de nuestra NADA, continúan mintiéndonos, mirando
hacia otro lado, dándonos pequeñas moratorias vitales que apenas duran unos
días: tan pronto un ministro (ya no importa en absoluto el nombre, el color, la
pose o la lateralidad de su mueca) nos
miente para esperanzarnos con que a dos años vista la situación económica,
de nuevo LA CRISIS, mejorará como tan pronto una
organización oficial y muy europea, con intereses y miembros
sospechosamente enfrentados al ministro vocero de turno, se sacará de su manga
con doble fondo cifras y niveles que, una vez más, nos harán ver que no, que la
agonía no es el camino sino también el inicio y el final de nuestro trayecto.
Con cada golpe de contradicción, con cada pateo en la mente colectiva, nuestra
comprensión de “la crisis” se hace más ínfima, no nos atrevemos a dar un
argumento, a hacer una pregunta, no podemos entender cómo las cosas pueden
empeorar, como continuamos sin encontrar trabajo, como la llegada de un
ministro cuatro veces ministro, y cuatro veces corrupto, puede hacer que hoy mi
miseria valga aún menos para el mercadeo
del capitalismo, del que somos una cifra, un posible beneficio cada vez
menos posible.
“La crisis”.
Resígnate, ella es la “culpable”: No pienses, resígnate. Si ya nada, nada
nuestro, era “urgente” para ellos, la crisis ha hecho que ese adjetivo,
directamente, haya desaparecido de cualquier diccionario. Grecia se estremece
antes de claudicar totalmente; se cierne sin misericordia la epidemia de la
crisis de la deuda, infectándonos a todos (menos a ellos); la unión europea,
alelada tras recoger un precio inmerecido, se mantiene en stand-by aunque, eso
sí, organiza cumbres infructuosas y onerosas, que son burlas para dilatar aún
más nuestro tiempo de asfixia.
¿Cuántas
reuniones oficiales se han mantenido para discutir un supuesto plan a largo
plazo con la finalidad de construir una unión bancaria europea real? No es
urgente conseguirlo.
¿Cuántas
conferencias y cumbres, con la pretendida misión de legitimar la democracia,
una prostituta que no es ya ni de lujo, y asegurar la equidad y aplicación de
las medidas consensuadas por la meretriz madre de los europeos? No es urgente
lograrlo.
¿Qué
tendríamos qué pensar después de ver que, a pesar del tiempo de vida de “la
crisis” las pretensiones, si las hay, de estructurar un fondo anticrisis
europeo para ayudar a los países más débiles (los más saqueados y chantajeados
por parte de la banca y los hijos más poderosos de la madre Europa)? ¿Por qué
sentir tanta urgencia? Resígnate: es la crisis.
¿Cuántas
reuniones cacareando la necesidad de que exista un tesoro europeo que
desarrolle una capacidad fiscal más acorde con “la crisis”? No es urgente.
Resignación.
¿Cuántas
llamadas telefónicas, citas para acuerdos, conversaciones y otra parafernalia
para intentar diseñar un conjunto de propuestas coherentes con las que
mutualizar la deuda europea? No es urgente.
Nada es
urgente. Nada les es urgente, a ellos, excepto seguir oprimiendo la manivela del
garrote vil con el que nos controlan. Mientras, para NOSOTROS, lo urgente es
SOBREVIVIR.
“La crisis”.
Culpable que intentan eternizar. Excusa que no sirve tras años y años de su
existencia. Que no debería servir para esquivar el siguiente y único paso: salir
de ella. Pero eso no interesa a quienes copularon con la podredumbre para parir
una crisis que nos dejaría como individuos con el pensamiento y la voluntad
trepanados, a quienes se cobran, con nuestra hambre, el mantener ese proceso de
perversión ideológica y económica que mal-llaman política.
Les vale
más, para sus propósitos, seguir con el mantra particular que han escogido para
idiotizarnos, primero, y convertirnos en sus esclavos, después: “La crisis” es
la culpable. Resígnate, nada se puede hacer”.
[1][1] El
jueves 11 de marzo de 2008, alguien, nadie sabe quién, hizo la apuesta más loca
que se haya visto nunca en Wall Street. El misterioso personaje invirtió 1,7
millones de dólares en una serie de opciones, apostando que las acciones del
venerable banco de inversión Bear Stearns podrían perder más de la mitad de su
valor en nueve días o menos. Era una locura, «como gastar 1,7 millones en
billetes de lotería. (Matt Taibbi)
Fuente: http://www.tercerainformacion.es

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