"La derecha" como coartada para el chalaneo
Artículos de
Opinión | Ángel de la Cruz | 06-12-2012 |
Los términos
políticos “izquierda” y “derecha” son relativamente antiguos. Su origen data de
la Revolución Francesa, más concretamente de la Asamblea Nacional, la cual
estaba dividida en dos: en la izquierda estaban los revolucionarios (y
progresistas) que defendían a los sectores populares, a “los de abajo”, y en la
derecha estaban los conservadores que defendían el statu quo (y los
reaccionarios que querían volver a viejas formas de dominación), claramente a
favor de los ricos, de “los de arriba”.
Ha llovido
mucho desde entonces y, debido a la fragilidad científica para definir ambos
términos, éstos han sido denigrados y vaciados de contenido principalmente por
quienes se esconden tras ellos para despistar y confundir a los trabajadores.
En política hay un principio imprescindible a la hora de construir un discurso:
lo concreto nos une (o pone a cada uno en su lugar) y lo abstracto nos divide.
Nunca llegaremos a la gente predicando las bondades del socialismo mediante
simbología pero sí a través de un programa concreto y unas medidas concretas
que beneficien claramente a la mayoría social del país.
Si nuestras
estrategias o tácticas están subordinadas en cualquier medida a términos
abstractos vaciados de contenido (“la unidad de la izquierda” o “parar a la
derecha”) significa que hemos perdido la batalla antes de empezar. La
construcción de un discurso sobre unos cimientos teóricos totalmente obsoletos
conducen de manera inevitable a pasos en falso, a incoherencias difícilmente
explicables y a callejones de los que no se puede salir. Una mentira (por maldad
o simple ignorancia) lleva a otra mentira y otra mentira te convierte en
alguien sin escrúpulos ni honestidad, condiciones indispensables para cualquier
político de “izquierdas”.
Esta trampa
retórica, usada para despistar y confundir a los trabajadores -insisto-, cobra
especial sentido en España por el diseño concreto del sistema de partidos
bipartidista. Sistema diseñado en los despachos yankis, financiado con los
marcos alemanes y firmado en las secretarías franquistas, como maniobra
gatopardista de legitimación que la oligarquía franquista ejecutó para
asegurarse que nadie se atreviera a tocar los poderes económicos.
El truco del
bipartidismo consiste en presentar dos opciones de Gobierno distintas,
alternativas la una a la otra; una de izquierdas y otra de derechas. Cualquier
estudio mínimamente riguroso pondrá de relieve, tras 22 años de gobiernos ’de
izquierdas’ (PSOE) y 14 de gobiernos de derechas (UCD y PP) que ambas opciones
aunque no estén de acuerdo en cuestiones superficiales sí lo están en todas las
cuestiones de fondo, especialmente las económicas. En la mitología romana el
Dios Jano tiene dos cabezas, una mirando a la izquierda y otra mirando a la
derecha pero ambas se yerguen del mismo cuerpo. En este caso, ambas se yerguen
representando al mismo sistema capitalista, hoy en crisis.
No hay que
ser muy astuto ni estudiar mucho, pues, para darse cuenta de que el enemigo de
la izquierda (sin adjetivos) es el bipartidismo y no “la derecha” ya que al
utilizar este término se está salvando de la quema al PSOE, tan responsable o
más de la situación que hoy padecemos que “la derecha”, únicamente representada
por el PP. Además, se legitima el bipartidismo al hacer creer que efectivamente
hay una opción de izquierdas y otra de derechas, lo que condena a la izquierda
al ostracismo y a la marginalidad, donde parece ser que no se está tan mal.
La tarea de
la izquierda, a mi juicio, es andar en el mismo sentido que anda la calle,
tensando la cuerda para romper el bipartidismo, fiel representante y vocero del
sistema capitalista. Todo lo que no vaya en esta dirección, a mi juicio de
nuevo, es correr en círculos; serán unos nuevos Pactos de la Moncloa, será
hacer de tapón para que la rebeldía no desborde y no arrolle al putrefacto
régimen ’surgido’ de la Transición.

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