Articulación en la base: una necesidad política en la España neoliberal
Artículos de
Opinión | Rodrigo Fernández Miranda * | 06-12-2012 |
En el marco
de la Semana de Lucha contra Eurovegas [1], realizada en Madrid, Alcorcón y
Villaviciosa de Odón entre el 25 de noviembre y el 2 de diciembre de 2012, se
celebró un debate abierto entre distintas plataformas ciudadanas de reciente
constitución. El siguiente texto hace una reflexión sobre los orígenes de esta
movilización y la necesidad de articulación de estos nuevos movimientos
ciudadanos nacidos en el territorio español a partir de la primavera de 2011.
Muchas
consecuencias, una causa
Desde 2011,
y espoleados por la gran movilización social del 15-M, fueron naciendo a lo
largo y ancho del territorio español decenas de colectivos y plataformas
ciudadanas. Grupos de marcado carácter social y político que pretenden dar
respuesta a nuevas injusticias y necesidades que van quedando descubiertas con
la implementación del recetario de la Troika.
Colectivos
contra la privatización y el expolio de bienes comunes, por una banca púbica,
de afectados por las hipotecas, por el impuesto de transacciones financieras y
contra los paraísos fiscales, por una auditoría ciudadana de la deuda, contra
la implementación de proyectos especulativos e inútiles [2] o el tribunal
ciudadano de justicia, son algunos ejemplos de estos nuevos grupos que están
dando una contestación social a este contexto. Un contexto que supone nada
menos que una radicalización del capitalismo, una vuelta de tuerca sobre la
acumulación y la desposesión; un salto adelante o, seguramente sea más preciso
decir, un salto al vacío.
El activismo
de estos nuevos colectivos se centra en aristas concretas de las consecuencias
de esta radicalización del modelo, aunque el discurso crítico que se construye
en todos los casos pretende ir al fondo del asunto. Y es justamente esta
profundización del modelo el fondo común que tienen las luchas de estas
plataformas nacidas al calor de la primavera de 2011: el avance de unas
políticas neoliberales que están agudizando la injusticia social, profundizando
la desigualdad y garantizando la insostenibilidad medioambiental en el
territorio, en el marco de una absoluta pérdida de soberanía popular. Lo que
también está suponiendo la creciente conculcación de libertades fundamentales y
de derechos sociales, económicos, culturales o políticos para las amplias
mayorías.
También en
este contexto, el conglomerado del poder económico y político ha logrado dar
con la clave: (crear y) encontrar un pretexto todopoderoso para intentar
construir una relativa legitimidad y un consenso social, y minimizar de esa
forma las protestas y resistencias frente a estas políticas: la “crisis”. En su
nombre, en su honor, porque “es el único camino posible” para poder salir de
allí, se vienen acometiendo las “reformas” más antisociales de la historia de
la democracia española. “No hay alternativa” y “cualquier manera de pensar
distinta (…) es simplemente irracional” son las ideas nucleares de un discurso
que pretende imponerse, siguiendo la vieja estrategia de comunicación de la
Dama de Hierro Tatcher [3].
Estas
“reformas” se reducen a que lo más importante y urgente que tiene que hacer el
Estado es liberar recursos, reduciendo drásticamente la inversión pública y
afectando directamente a derechos fundamentales de las mayorías, para pagar una
deuda ilegítima. Cambiar las reglas de juego para adaptarlas, aún más, a la
conveniencia del poder económico y financiero concentrado. Socializar las
pérdidas, privatizar las ganancias, nacionalizar la deuda del gran capital y
“rescatar” a la élite financiera se han convertido en “asuntos de Estado” de
máxima prioridad.
Sin duda, un
gran subterfugio en esta embestida neoliberal es la insoportable situación del
(des) empleo. Un ejército de reserva de más del 25% de la población activa
desempleada se convierte en un escenario propicio para que este poder
político-económico pueda dar pasos, por una parte, en los mantras de la
“flexibilización” y la “competitividad”, que se traducen en la creciente
pauperización de las condiciones del empleo y de la contratación, y por otra
parte, realizar todo tipo de chantajes a una población cada vez más
desesperada, bajo la promesa de acceder en un futuro de incertidumbre creciente
a un puesto de trabajo “a cualquier precio y de cualquier calidad”.
Por último, y
también como parte del recetario para salir de la “crisis”, en materia
medioambiental se está produciendo la relajación o directamente la eliminación
de la legislación para la protección medioambiental [4]. Así, a partir de este
pretexto se permite un avance sobre las condiciones naturales del territorio
que aún no han sido sobreexplotadas o destruidas con fines de lucro.
En
definitiva, estas medidas dan vía libre a una aceleración de los procesos de
acumulación primaria y de acumulación por desposesión, que se centran en los
sectores más vulnerables de la población, desposeyéndolos, todavía más, de sus
casas, de sus recursos, de sus entornos naturales y bienes comunes, de sus
derechos fundamentales, de sus ahorros, de sus libertades civiles, de sus empleos;
y también son desposeídos de la posibilidad de elegir qué rumbo quieren para
las políticas económica, social y ambiental en el territorio.
En este
contexto, el laissez faire selectivo, la prioridad de pagar una deuda
ilegítima, el avance de las tendencias de privatización y desregulación, el
aumento sensible de la pobreza y la desigualdad social, la centralidad del
mercado en la vida cotidiana, la primacía de la economía sobre la política, el
nivel récord de desempleo, la vía libre para el deterioro ambiental, el ataque
a los bienes comunes o la democracia tutelada por el poder financiero son
distintas caras de una misma realidad [5].
A medida que
los efectos de estas políticas neoliberales son más evidentes y acuciantes,
también se hace indudable que las luchas de estos nuevos movimientos sociales y
ciudadanos tienen raíces comunes. Estos colectivos trabajan sobre sus
consecuencias, centrándose en determinadas aristas de la problemática; aunque,
en última instancia, la causa que da sentido a sus luchas parece ser una sola.
Avanzar en
una articulación estable: razones sobran
Además de la
concurrencia de una causa nuclear que está movilizando a las nuevas
plataformas, existen otros motivos que pueden explicar la necesidad de que se
den pasos hacia una articulación estable. En primer lugar, los grupos señalados
comparten un diagnóstico crítico de la realidad que va más allá del
neoliberalismo (al menos parte esencial de éste), y asumen en sus discursos que
se trata de una problemática de orden sistémico. Por lo que, en la mayor parte
de los casos, también persiguen objetivos comunes, muchos de los cuales tienen
raíces anticapitalistas.
Asimismo, la
articulación es una vía que permitirá incrementar la eficacia política en la
acción de las distintas plataformas. La complejidad e interdependencia de este
escenario requiere, además de fuertes respuestas políticas parciales y
sectorizadas en determinados ámbitos de la realidad, también una respuesta
unificada en la que los colectivos hablen con una misma voz.
Otro aspecto
central que justifica esta articulación se relaciona con la necesidad de
construir y transmitir una narrativa propia y común, que permita desenmascarar
las grietas de un relato dominante que, a base de la reproducción hasta el
hartazgo, ha logrado interiorizarse en gran parte de la ciudadanía. Por eso, se
trata de estructurar un contrarrelato (compuesto por premisas como que la
“crisis” es una estafa a gran escala y sin precedentes, o la amenaza que
suponen estas medidas para las condiciones de vida de las futuras generaciones,
entre otras), intentando acercar sus discursos a una mayoría social en el
territorio que, bien por la interiorización del tan repetido “no hay
alternativa”, bien por el miedo producido por la aplicación de la “doctrina del
shock”, todavía no se moviliza. De esta manera, se puede ganar efectividad en
hacer una pedagogía política, para sensibilizar y aumentar los apoyos y la
movilización social. Y, principalmente, lograr transmitir la idea de que “sí
hay alternativas” (porque realmente sí existen alternativas justas, equitativas
y sostenibles), a estas políticas neoliberales [6].
Un aspecto
muy importante es que las distintas plataformas comparten horizontes deseados
en materia económica, política, social y medioambiental; apuestan por un modelo
más racional, humano y solidario, que ponga a la vida en el centro y a la
economía al servicio de la vida. En definitiva, estos colectivos sociales
aspiran a un nuevo proyecto de sociedad fuera de las lógicas del crecimiento,
individualismo, consumismo, la competencia y el “sálvese quien pueda”.
Se trata de
que estas plataformas comiencen a transitar un camino de apoyo mutuo, de ajuste
de las agendas de trabajo, de construcción de sinergias, y de planificación y
realización conjunta de actuaciones de denuncia, de movilización y de
comunicación externa. Un camino que permita el ensamblaje de un sujeto
político, un cauce unificado para la participación ciudadana y un actor
integrador en la resistencia social.
En el marco
de una pérdida creciente de legitimidad y credibilidad de esta democracia
representativa cooptada por el poder económico y financiero, la organización
ciudadana y la participación social (a través de nuevos y preexistentes cauces,
formas de organización y de protesta) parece ser un camino necesario para la
construcción de una democracia real, participativa y radical, en la que las
mayorías logren reapropiarse de la toma de decisiones que rigen sus vidas.
Los efectos
socioambientales de la aplicación del recetario de la Troika son de sobra
conocidos, y no dejan lugar a dudas: basta con mirar un poco atrás en el tiempo
y hacia otros territorios del planeta para ver que lo que sucede en el Estado
español es una consecuencia necesaria de estas políticas, y los efectos
negativos de este rumbo consumado (pero que no formaba parte de ninguna
propuesta programática en las últimas elecciones generales) no han hecho más
que comenzar a visibilizarse, aunque lo más grave aún está por venir. La
historia de los impactos de las políticas neoliberales implementadas desde los
años 70 se puede contar y leer de mil maneras, pero no se puede reescribir.
Andando el
camino
En esta
dirección, varias de las plataformas ciudadanas que están trabajando en el
Estado español han decidido recientemente intentar sumar fuerzas para la
creación de un espacio común. Desde octubre de 2012 se está constituyendo un
incipiente espacio interplataformas, precisamente para compartir trabajo,
intercambiar información y experiencias, construir sinergias e integrar y
potenciar su comunicación.
Precisamente,
la acción política común de estos colectivos persigue denunciar, por una parte,
la creciente conculcación de libertades fundamentales y de derechos sociales,
económicos, culturales o políticos. Por otra parte, busca impulsar la
movilización social que permita conquistar de forma colectiva el reconocimiento
de tales libertades y derechos. Asimismo, se plantea una coordinación para la
construcción de redes y acciones estructuradas, a la vez que se busca exigir a
las Administraciones del Estado que rectifiquen de forma inmediata el rumbo de
unas políticas públicas al servicio de los intereses del poder financiero, y de
espaldas a los intereses de las mayorías, que no hacen más que deteriorar la
vida de las personas y los entornos naturales, amenazando las posibilidades de
desarrollo y la calidad de vida de las generaciones venideras.
Cuando el
ataque es sistémico, en lugar de tomar la parte por el todo, se hace
imprescindible construir esta articulación para esa lucha por el “todo”, que
permita también ganar eficacia, potenciar y profundizar la disputa por las
“partes”.
Estos
avances hacia una articulación de la base en la España neoliberal también es
muestra de una sociedad cada vez más activa y movilizada que quiere dejar de
ser testigo directo de las actitudes serviles de sus “representantes” ante el
poder económico y financiero, y también dejar de ser víctima pasiva del salto
al vacío.
Ante la
puesta a disposición de las vidas de las personas y las condiciones de los
territorios para beneficiar a una élite que se reparte los cada vez más escasos
recursos, grupos sociopolíticos cada vez menos minoritarios (que asumen su
condición de víctimas o deciden su solidaridad con las víctimas), comparten la
indignación y el horizonte de una transformación. Y eso, necesariamente, los
une y los obliga a trabajar conjuntamente.
Notas:
[1] Para más
información, ver Parc Agrari del Baix Llobregat, un futuro de casinos o
campesinos y Eurobarcevegas, Barcelona World o la falacia del mal menor.
[2] Para más
información sobre la crítica contra Eurovegas y el activismo para detener su
puesta en marcha, ver: Eurovegas o las postales de una crisis, publicado
en Alba Sud.
[3] Ante la
acometida de políticas de fuertes ajustes en Inglaterra a principios de los 80,
la entonces Primera Ministra inglesa repetía en cada una de sus apariciones
públicas la frase “no hay alternativa. A tal punto que terminó por usarse el
acrónimo TINA (There Is No Alternative) para resumir la frase tan trillada de
esta política.
[4] Para más
información, ver El último y peor temporal conocido
[5] Para más
información, ver Democracia tutelada y reapropiación de la política,
publicado recientemente en Alba Sud.
[6] Una
iniciativa que va en esta dirección es la campaña Desmontando
mentiras, una iniciativa colaborativa en la que movimientos y
organizaciones sociales trabajan en la deconstrucción de algunas de las ideas
nucleares que componen el pensamiento único.
* Rodrigo
Fernández Miranda es miembro del equipo de investigación de Alba Sud.

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