Artículos de
Opinión | Elena Pérez-Nadales | 07-01-2014 |
El debate
sobre el aborto ha girado desde siempre en torno a una cuestión filosófica
fundamental: ¿cuándo comienza la vida humana? La ciencia se ha unido a este
debate recientemente y ha abordado esta cuestión mediante el estudio del
desarrollo del feto con el fin de determinar en qué momento éste pasa de ser un
grupo de células humanas con un programa genético de desarrollo a ser un ser
humano desarrollado con capacidad para sentir y responder a estímulos.
Entiendo que
desde una perspectiva católica -muy minoritaria por cierto en nuestro mundo- la
ciencia no tenga nada que aportar al debate sobre el aborto o sobre el comienzo
de la vida humana sencillamente porque estas cuestiones no han lugar.
Para el
catolicismo (como para otras creencias religiosas) la vida humana existe desde
el primer instante de la gestación, incluso desde antes. Es más, continúa más
allá de la muerte del cuerpo físico en algún otro estado o forma inmaterial.
Que la gente
le siga hoy en día la corriente a la Iglesia ante tales afirmaciones e incluso
que se las crea, en especial la de la vida después de la muerte, me deja
sencillamente atónita, incluso desesperanzada, por aquello de la ausencia de pensamiento crítico. Pero basta una mirada
abierta al exterior para ilusionarse con que el ser humano se está acercando,
por fin, a lo que el filósofo George
Steiner ha denominado la “era de la pos-religión”.
“Todas las
culturas son mortales”-dice el filósofo de Cambridge-“todas las religiones
también. Todos son eventos culturales mortales, como mortales son los hombres
que las producen. Y ahora nos encontramos en un momento de transición. Estamos
entrando en la era de la pos-religión. El cristianismo va a morir, como ha
muerto el marxismo. ¿Qué va a llenar el vacío? ¿Qué nos espera? ¿Qué va a
nacer?”.
La ciencia
no tiene aún la respuesta a esas preguntas pero sí nos está acercando cada vez
más a la comprensión de fenómenos o características humanas complejas como la
religiosidad, el altruismo o la felicidad. Estos estudios darían para muchas
entradas interesantes en Cuaderno de laboratorio.
Volviendo al
debate sobre el aborto, estoy de acuerdo con quienes expresan que hay vida
humana en el embrión desde el instante de la fecundación, si por vida humana se
entiende la presencia de células con ADN humano y con el potencial de
convertirse en un ser humano desarrollado.
Sin embargo,
hay un momento del desarrollo en que esa vida humana carece de actividad
cerebral y para mí esto es relevante porque entiendo que la esencia de nuestra
especie humana está ligada al funcionamiento de nuestro cerebro, a la
existencia de actividad cerebral.
En este
sentido, algo muy relevante para este debate es que, en medicina, los signos
clínicos de la muerte del ser humano están bien definidos. El criterio médico
para declarar la muerte de un paciente es el de muerte encefálica, que consiste
en el cese global e irreversible de todas las funciones del encéfalo. Para que
haya muerte encefálica han de constatarse y concurrir tres criterios: ausencia
de respiración espontánea, ausencia de reflejos cefálicos y
electroencefalograma (EEG) «plano», demostrativo de inactividad bioeléctrica
cerebral.
Contrariamente
a las afirmaciones de gran parte de la literatura anti-aborto, los embriones no
tienen actividad cerebral ni “ondas cerebrales” a las 6 semanas de vida. Pueden
tener algunos impulsos eléctricos pero no ondas cerebrales, un término que
se refiere a los patrones eléctricos producidos por la región del cerebro
llamada córtex cerebral. Esta región no se desarrolla hasta bien entrada la
segunda mitad del embarazo y el cerebro del feto no produce algo parecido
a las ondas cerebrales hasta por lo menos las 20 semanas de desarrollo. Es
decir, si fuera posible realizar un EEG al embrión antes de este momento, sería
plano, estaría legalmente muerto.
En el año
2012 se produjeron 112,390 abortos voluntarios en España (ver fuente aquí). El 68.1% de estos abortos se realizaron
antes de la semana 8 de gestación y el 90.2% antes de la semana 13. Es bastante
improbable que estas 112,390 mujeres, cualesquiera que sean sus tendencias
religiosas o políticas y sus motivos personales para abortar, se hayan tomado a
la ligera este suceso en sus vidas.
Es bastante
improbable también que ninguna de estas 112,390 mujeres sea católica o
procedente de una familia católica y que ninguna haya tenido que enfrentarse a
un conflicto moral por someterse a esta operación. En todos estos casos,
intuyo, estas mujeres estarán interesadas en saber que la evidencia científica
indica que los embriones abortados antes de las 20 semanas no sienten ni
padecen estímulo o daño alguno.
Hasta aquí
mis reflexiones en este Cuaderno de Laboratorio, año 2013.
Os deseo una
buena entrada en el año nuevo. Y que el 2014 traiga un poco más de luz y
pensamiento crítico a nuestros cerebros humanos.
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Algunas referencias científicas relevantes:
Publicado
originalmente en Cordopolis: http://cordopolis.es/cuaderno-de-la...
La autora en
twitter: @ElenaPNadales

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