El caso es que
mártires, mártires, no parecen. Ni Iñaki ni Cristina. Celebraron el Año Nuevo a
todo trapo en un hotelazo parisiense, y yo me alegro, con su 'pain' se lo coman
La infanta Cristina, el pasado mes
de abril. / ANDREU DALMAU (EFE)
Vamos, señor presidente, usted
puede. La a se lee a. La b con la o y la r, bor. Y la t con la o, to. A-bor-to.
¿No le sale? Venga, hombre, haga un poder fonético, que el político ya lo
ejerce omnímodamente. Ya sabemos que las eses no son su fuerte y que tira de
muletillas y torea al respetable más que Jesús Janeiro cuando era Jesulín de
Ubrique. Pero no me puedo creer que a su proverbial pico de oro se le resista
una trisílaba con la tónica en la penúltima, así llana ella, sin misterio
ninguno. Aborto. Nada, que no, que no hay manera. Que Rajoy no articula la palabra tabú ni en la intimidad del petit
comité de Génova, 13, esa juerga de los lunes, no sea que vayan los
traidores de los barones, lo filtren a la prensa y tenga que salir pitando a
confesarse con Rouco Varela.
Y eso que fue en ese foro donde por fin aulló Villalobos para pedir libertad de voto ante el Gallardonazo.
No como Santamaría y Cospedal, que, según juran ante los
micros, siguen superconfortables, o sea, te lo prometo, con lo que mande
Alberto y demás ministros de la Iglesia que las mujeres hagamos con los
embarazos no deseados. Pero dos no discuten si uno no quiere. Ni tres, ni
cinco, ni los millones de militantes del partido. Y como para Mariano un debate
interno es sopesar si se fuma o no un puro después del cocido, cogió, le hizo a
Celia un ladra chucho que no te escucho, le pasó el marrón al notario mayor del
reino, y conminó a los barones disidentes a dejarse de bobadas de concebidos,
cigotos y nonatos. Con lo fenomenal que va la economía y lo cerca que están las
europeas, leñe.
De ilusión también se vive, pero
poco. Que se lo digan a Su Majestad el Jefe del Estado y la semanita que lleva
entre torpezas propias y ajenas. Alguien debió decirle a don Juan Carlos que el Photoshop de ¡Hola! es como los sostenes con
relleno. En foto sales superfavorecida, pero en cuanto bajas al cuerpo a
cuerpo, se te caen las mamas, y la papada, a plomo. El apuro que pasaron los Reyes el día de Ídem no es de recibo.
Tenías que ver a todo el generalato galones en vilo hasta que el capitán
general recuperó el hilo del discurso. Que había mala iluminación y por eso
trastabillaba, explicó La Zarzuela, pero para mí que lo que es de pocas luces
es poner al Monarca en ese brete si no puede. Por no hablar de las prisas que
le metió Spottorno al juez Castro para cerrar el caso Nóos
y zanjar el real “martirio” tres días antes de que su señoría imputara a Cristina. Para que luego digan que los
jueces no obedecen a presiones palaciegas.
El caso es que mártires, mártires,
no parecen. Ni Iñaki ni Cristina. Celebraron el Año Nuevo a todo trapo en un
hotelazo parisiense, y yo me alegro, con su pain se lo coman. Lo que
deploro es que su pleito haya acabado con la extraña pareja del fiscal Horrach
y el magistrado Castro, talmente Walter Matthau y Jack Lemmon con toga. Ahora
resulta que Cristina lava más blanco que Elena, mi detergente de toda la vida.
Que la pobre firmaba lo que le decía el marido y él era el que
hacía y deshacía en ese chiringo, juran los abogados áulicos. Pues vale: si
Iñaki es un paga infantas, es su problema. Pero, según el auto del juez
Castrator, los que apoquinábamos éramos todos.
Fuente: www.elpais.com

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