La Zarzuela convence a la Infanta
de que responda ante el juez para no alargar el “martirio”
Roca cree que ahora la defensa es
más fácil por el apoyo de Hacienda
El Rey, Urdangarin y la infanta
Cristina, en la entrega de los premios Laureus en Barcelona, en 2006. / getty
El Rey está
nervioso. A don Juan Carlos, que el pasado domingo cumplió 76 años, que lleva 38
de reinado, que según su biógrafo, Paul Preston, supo hacer lo más difícil
—desembarazarse del dictador que lo había nombrado sucesor para convertirse en
el rostro de la democracia—, le costó el pasado lunes hacer lo más fácil —leer un discurso de folio y medio en la Pascua Militar—. “El Rey acusó la tensión por los
problemas que hay alrededor de la Casa del Rey”, declaró el ministro de
Defensa, Pedro Morenés. Aquel fue el último día en que los problemas estuvieron
alrededor. Desde el martes están dentro, en el corazón de la familia real. Los
tiene la hija menor del Monarca. La Zarzuela lo temía y el juez José Castro lo confirmó en 227 páginas.
Un dirigente
político que ha visto al Rey en muchos actos confirma que nunca antes le había
visto “nervioso”. Sobre la institución había ese día una inédita presión por la necesidad del Monarca de demostrar que este era su regreso definitivo
tras la operación definitiva —nueve en los últimos cuatro años— y por la
inminente segunda imputación de la Infanta en el caso Nóos, motivo de tensión
permanente entre la institución y la familia real.
Hasta ahora,
don Juan Carlos había dejado hacer a la Infanta. No le pidió que se separara de
Urdangarin cuando este fue imputado, en diciembre de 2011, o que renunciara a
sus derechos dinásticos, gestos que fuentes de la Casa del Rey admiten que les
habrían ayudado a minimizar el daño a la Corona. Doña Cristina tampoco estaba
dispuesta y alejada de La Zarzuela en su refugio suizo, parecía no comprender
la erosión que el caso Nóos les ha provocado.
Pero esa
situación ha cambiado. La Zarzuela coge las riendas. El abogado de la Infanta,
Miquel Roca, que el martes se apresuró a anunciar que recurriría el auto de imputación, notificó por
escrito el viernes al magistrado y al fiscal Pedro Horrach que renunciaba a ese
derecho y que su cliente declararía voluntariamente. Lo hizo después de que
doña Cristina viajara a Madrid y pasara la noche en La Zarzuela y después de
que el propio abogado discutiera el asunto con el personal de la Casa del Rey,
la más interesada en acortar “el martirio”, lo que hubiera sido imposible con
una nueva cadena de recursos.
Aunque doña
Cristina, insisten en La Zarzuela, mantiene que es inocente y ha sido la última
responsable, la decisión de no recurrir se ha tomado con el método con el que
la Casa del Rey acuerda cada movimiento desde la inoportuna cacería en Botsuana que lo cambió todo, porque a partir
de ese día la Corona pasó a estar sometida al mismo escrutinio que cualquier
cargo público. El método, como el de cualquier gabinete de ministro o partido
político, consiste en valorar la reacción ciudadana de un paso u otro. Ante una
operación del Rey, elegir un hospital público —y recibir críticas por saltarse
las listas de espera— o privado —y que se interprete como un desprecio a la
sanidad pública—.
Ante la
imputación de la Infanta: recurrir —prolongar el proceso y arriesgarse a que
fuera rechazado, lo que restaría puntos en la apreciación de su inocencia— o
renunciar al recurso— y pasar el mal trago de bajar la cuesta de la vergüenza a
los juzgados de Palma pero lanzar un mensaje de colaboración con la justicia—.
Para la Casa
Real, que ayer valoró “muy positivamente” la decisión, este último era el mejor
escenario y así se ha hecho. Tanto el Monarca como el Príncipe reciben a diario
resúmenes de prensa nacional, internacional y de las redes sociales. Los de
esta semana añadían preocupantes titulares en medios extranjeros sobre el “Royal mess” [“Desastre Real”, The Economist] o
las acusaciones de “money laundering y tax fraud” [lavado de dinero, fraude fiscal,
The New York Times] de la hija menor del Rey. Así que desde La Zarzuela,
explican, se ha hecho ver a la Infanta que renunciar al recurso y responder a
la justicia era lo mejor tanto para el Rey como para ella. Esta vez, además, el
abogado de doña Cristina cree que cuenta con una defensa más fácil que en la
anterior imputación, ya que Hacienda ya ha dicho al juez que no ve delito en la
conducta de la Infanta.
La Zarzuela
estudia también a largo plazo la evolución del caso Nóos como una
partida de ajedrez para evitar el jaque al Rey. Movimientos de pieza del
contrincante les obligan a veces a cambiar de estrategia. La anticipada venda que el fiscal colocó en la herida cuando se opuso
en noviembre a una eventual segunda imputación de la Infanta resultó un flaco
favor porque para motivar su decisión, el juez Castro redactó un largo auto,
profuso en detalles comprometedores para doña Cristina y que ahora conoce la
ciudadanía. “La Infanta ya está condenada”, afirman fuentes de la Zarzuela
refiriéndose a la opinión pública. En cualquier caso, recuerdan, imputada no es
procesada ni condenada. Y solo si ese salto se produjera, se podrían plantear
en el tablero movimientos como pedir que renunciara a sus derechos dinásticos.
El gesto de
no recurrir y declarar ante el juez en la última oportunidad para mostrar
colaboración con la justicia, ofrece a la Casa del Rey cierta tregua. Pero el
margen de error se ha agotado. “En los últimos dos años han confluido muchos:
Botsuana, Nóos, Corinna... Cada uno pesa más que el anterior, son menos
perdonables, y eso aumenta la presión”, explica un dirigente político. “Ahora
son como el deportista que se juega el mundial en cada competición. Y esa
presión tiene un efecto psicológico”. Se vio el lunes con nitidez cuando al Rey
por primera vez le pudieron los nervios.
Ahora,
insisten en La Zarzuela, desea demostrar en la recepción del cuerpo diplomático
a final de mes, donde pronunciará un discurso, que en la Pascua Militar solo
tuvo “un mal día”. El Rey quiere zanjar el debate abierto sobre su abdicación, a la que no está dispuesto.
Gobierno y PSOE le apoyan de momento. “Es una decisión suya. Tiene derecho a
eso y en un país con tantas grietas, no es bueno empezar por la clave de
bóveda”, afirma un dirigente político, aunque sí hay que “pedirles
transparencia”, añade.
Las dos principales fuerzas
políticas comparten que la Corona es una referencia de estabilidad y que en
pleno desafío soberanista es el peor momento para abrir el melón de la
sucesión. En cualquier caso, para recuperar la popularidad perdida, la
institución está obligada a dejar de aparecer como fuente de problemas en lugar
de soluciones. “Y demostrar a la sociedad, especialmente a la que no vivió el
inicio del idilio del Rey con la democracia el 23-F, que es una institución
útil”, afirma un dirigente político. “Pero no va haber otro 23-F, y será
difícil lograr un diálogo entre España y Cataluña u otro AVE a La Meca”.
Fuente: www.elpais.com

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