Artículos de Opinión | F. Pianiski | 25-01-2014 |
Si
algún mérito hay que reconocerle al proyecto "podemos" es lo mucho
que ha dado que hablar en los últimos días. Era de esperar, desde que Pablo
Iglesias anunciara en la Sexta sus planes para intentar un "proceso de
unidad", que no tardarían en alcanzar la modesta cifra de 50.000 firmas.
La televisión tiene un poder asombroso, hasta el punto de que el proyecto
"podemos" ya se aproxima en número de seguidores en facebook al
perfil de Belén Esteban, y aunque este dato objetivo no es ningún indicativo
que garantice una victoria electoral, no es muy descabellado imaginarse al
"coletas" colándose en el Europarlamento, con o sin la ayuda de
Izquierda Unida.
Lo
cierto es que el hartazgo popular frente al bipartidismo ha sido determinante
para que buena parte de la izquierda más clasemediera abrace con un entusiasmo
desmesurado la iniciativa de Izquierda Anticapitalista que el profesor Pablo
Iglesias, (representándose a sí mismo), encabeza. No debemos culpar a esta
izquierda desideologizada por no hacer demasiadas preguntas o porque le importe
tres pimientos el contenido teórico y programático del proyecto, más allá de
las declaradas buenas intenciones por recuperar la democracia y la soberanía,
(como si alguna vez hubiéramos tenido algo de eso). De hecho, si hay que culpar
a alguien de que la izquierda no haya avanzado hacia posiciones revolucionarias
es justamente a los propios revolucionarios, que en las últimas décadas no
hemos sido capaces de construir la herramienta más importante y necesaria para
este avance: La organización revolucionaria.
Habrá
quien pueda pensar que arrogarse la condición de revolucionario a sí mismo, (o
a su organización), es algo soberbio, y mucho más sentenciar si este o aquél
proyecto político es o no es revolucionario, pero lo cierto es que desde hace
más de un siglo existe toda una serie de obras teóricas en torno a la práctica
revolucionaria, que han servido a la humanidad para guiar y materializar
revoluciones por todo el planeta. Esta teoría revolucionaria no es otra que el
marxismo-leninismo, y esta es una realidad histórica objetiva sobre la que los
comunistas debemos insistir, sobre todo en estos tiempos en que los
"marxistas mediáticos" tratan de echar por tierra toda la experiencia
histórica que han supuesto las revoluciones socialistas, (incluidas las del
este), y sobre las cuales hoy podemos asegurar, con todos sus errores y pese a
quien le pese, que han sido muy superiores, (también moralmente), a cualquier
otro modelo político-económico conocido anteriormente.
Me
van a disculpar los amigos que hace poco me recomendaron leer las
conversaciones entre Pablo Iglesias y Nega. Seguro que son muy entretenidas
pero prefiero mantener el "Qué hacer" como libro de cabecera. Parece
mentira que, a 90 años de la muerte de Lenin, los "marxistas
mediáticos" den tan poca importancia a la obra teórica del hombre que
dirigió la primera revolución proletaria victoriosa en la historia.
Es
evidente la necesidad de una política de alianzas para lograr algunos de los
objetivos democráticos que plantea el proyecto "podemos", pero si
Lenin nos advertía acerca de la importancia de no hacer concesiones teóricas ni
de principios en este sentido, los "marxistas mediáticos" las hacen
¡incluso antes de consolidar esta alianza! Algunos de estos marxistas
mediáticos, como Santiago Alba Rico, vienen diciendo que su apoyo a la
candidatura "podemos" se debe a la situación de urgencia que supone
el malestar social, pero dejando claro un par de interesantes apuntes, y es que
"Si hubiera una firme conciencia de clase, un potente movimiento de masas
y un partido capaz de catalizar todo el malestar social, Podemos sería un atentado
a la unidad y un obstáculo para el triunfo revolucionario", ¿debemos
llegar a la conclusión de que, a falta de todo eso, la candidatura
"podemos" es la mejor herramienta para lograr el triunfo
revolucionario?.
Por
supuesto, no existe en la actualidad un partido capaz de semejante tarea, ¿no
deberían los revolucionarios entonces ponerse de inmediato a construirlo? Esa
es otra de las premisas que señalaba Lenin y sobre la que ninguno de estos
"marxistas mediáticos" parece hacer ni puñetero caso. Lenin planteaba
que "la primera y más urgente tarea práctica es crear una organización de
revolucionarios capaz de dar a la lucha política, energía, firmeza y
continuidad", ¿Qué es lo que en su lugar plantean los "marxistas
mediáticos"? Nos dicen que, aún sin la organización revolucionaria,
debemos caminar urgentemente hacia una alianza con los reformistas, ¡y todo por
la causa del triunfo revolucionario!
De
nuevo, "nuestro pecado capital consiste en rebajar nuestras tareas
políticas de organización a nivel de los intereses inmediatos". Si Lenin
planteaba esto frente al economicismo hace más de un siglo, hoy debemos aplicar
la misma teoría frente al electoralismo y el oportunismo, que plantea la
urgencia de llegar a las instituciones burguesas, a cualquier precio y de la
mano de quien sea, aún en las condiciones de debilidad absoluta en que se
encuentran los destacamentos revolucionarios, como se ha dicho, sin una
organización política fuerte y firme. Santiago Alba Rico se lamenta de la falta
de conciencia de clase, pero es poco probable que el discurso ciudadanista que
abanderan los "marxistas mediáticos" y la candidatura
"podemos" vaya a ayudar mucho a potenciar esa conciencia.
Claro,
ocurre que cuando un marxista plantea este tipo de cuestiones, que forman parte
de la teoría más elemental para cualquier comunista, enseguida hay un
"marxista mediático", (o algún discípulo), preparado para colgarle el
san Benito de la "ortodoxia marxista-leninista". Señores, ¿acaso
quieren hacernos creer que ustedes son marxistas-leninistas no ortodoxos? Por
favor, expliquen este concepto porque inevitablemente llegaremos a la
conclusión de que ustedes no son marxistas-leninistas, simple y llanamente. Y
no pasa absolutamente nada por no ser marxista-leninista, podremos coincidir en
algunas barricadas, pero no traten de hacer pasar el reformismo bernsteiniano
de toda la vida por marxismo.
En
los últimos días he leído unos cuantos artículos en defensa del proyecto
"podemos", en los que se han tratado de ridiculizar a quienes, desde
una perspectiva revolucionaria, planteábamos nuestra oposición al mismo. Se ha
dicho incluso, (miserablemente, por cierto), que quienes no apoyamos esta
iniciativa es porque no empatizamos con el sufrimiento de la gente que sufre la
crisis económica. Se nos ha llamado sectarios, agoreros, zancadilleros,
automarginales y un sinfín de adjetivos más.
Me
han sorprendido especialmente las declaraciones del rapero Nega (LCDM), que
planteaba en un artículo el dilema de que "a veces hay que elegir entre
reforma o revolución o entre reforma y la nada", la cuestión es que,
aquello de la realpolitik de la que tanto se habla últimamente, nos lleva a
pensar que este dilema se traduce en la práctica en elegir entre la nada o
Izquierda Unida, y lo cierto es que algunos comunistas consideramos que la nada
nos ofrece más posibilidades revolucionarias que las reformas en manos de los
reformistas. Algunos consideramos que la lucha teórica de la que hablaba Lenin
sigue siendo una tarea de primer orden para hacer avanzar a la izquierda hacia
posiciones revolucionarias. No es una cuestión de esquizofrenia ni una caza de
brujas. Imaginaros por un momento que Rosa Luxemburgo le hubiera preguntado a
Karl Liebknecht ¿Para cuándo la revolución, Karl? y éste hubiera contestado:
¡para cuando algunas dejen de meterse con Bernstein! Hubiera sido una gran
pérdida teórica si Luxemburgo no hubiera enfrentado las teorías oportunistas y
claudicantes de Bernstein que hoy vuelven a reeditar estos "marxistas
mediáticos".
F.
Pianiski, militante de Iniciativa Comunista.
"Mientras
el conocimiento teórico siga siendo el privilegio de un puñado de
"académicos", el partido correrá el riesgo de extraviarse. Únicamente
cuando las amplias masas trabajadoras empuñen el arma afilada y eficaz del
socialismo científico habrán naufragado todas las inclinaciones
pequeño-burguesas, todas las corrientes oportunistas. Entonces será cuando el
movimiento se asiente sobre bases firmes."
Rosa
Luxemburgo

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