25 enero de 2014.
Por Aníbal Malvar
Al
banquero le cayó encima una pancarta. Vale. Una pancarta tampoco hace demasiada
pupa a los banqueros. Me reconforta que la policía haya impedido ayer que algún
preferentista estafado agrediera a Miguel Blesa a la salida de los juzgados. Pero me
reconfortaría más que esa misma policía hubiera protegido, en su momento, a los
preferentistas: antes de la estafa; que la policía, que tiene sus grupos de
delitos económicos, hubiera apartado los colmillos de Blesa del cuello de los
pardillos cuando el banquero robaba a gente buena (o mala) todo lo que tenía y
todo lo que podrá tener. La policía es muy suya a la hora de decidir a quién
protege en las algaradas, latrocinios o asesinatos. Ayer decidió proteger a
Blesa del pueblo feroz, como otrora decidió no proteger al pueblo de las
dentelladas del tiburón Blesa. Qué hermoso el verbo proteger, cuando la
policía, el Estado, hace de él un reparto equitativo. Blesa estaba, está y
estará encantado con el verbo proteger. Yo, que soy de pueblo y no banquero,
no. No estoy conforme con cómo se usa aquí ese verbo.
No es que quiera uno jalear
que los preferentistas despanzurren a un banquero, aunque tal gesto relajaría
el estrés del español llano. Pero lo de ayer ante los juzgados de Plaza
Castilla pareció guerracivilista, por decirlo de forma edulcorante. A ojo de
imagen televisiva, en plaza Castilla se vio a un estafador, a más de una veintena
de protectores del estafador y a unas pocas decenas de estafados desprotegidos.
No sé al lector medio, pero a mí me parece que los protectores se reparten de
manera un tanto desigual en dicha estampa. Y los desprotegidos, también.
Sucedió algo semejante en las
manifestaciones populares ante el Congreso de los Diputados. En las últimas,
había más policías que manifestantes. Unos armados con fusiles y otros armados
con desesperación, que es el arma más descargada de la que pueden echar mano un
hombre o una mujer. Insisto en que no entiendo muy bien cómo la policía se
reparte los trabajos.
¿No tiene el millonario Blesa
seguridad privada? ¿No estarían mejor situados los policías que acompañaron a
Blesa en la Cañada Real ,
donde hay niños de 12 años que te venden en la calle coca, jaco y speed sin que ningún policía los proteja de
su ausencia de infancia?
Me
dirá el lector fascista que la policía también protege a los terroristas
barbados de cualquier nacionalidad cuando visitan la Audiencia. Y que
también es un gasto. Cierto. Pero, si uno se fija, cuando se escolta a un
terrorista barbado es para evitar que se escape el terrorista. Y cuando se
escolta a Miguel Blesa o a Luis Bárcenas es para que no se escape el pueblo. No
sé si me explico, pero, si me explico más, lo mismo nos inventan un egunkaria,
que es un juego que la libertad de expresión suele perder.
Lo
que vengo a querer decir, con tanta absurda digresión, es que no entiendo que
haya que hacer ahora un despliegue policial para que Blesa no se lleve una
hostia, y que no se hubiera hecho un despliegue policial semejante cuando Blesa
estaba saqueando a gente honrada. Yo, en mi cortedad, considero que, si las
decenas de policías que ayer protegieron a Blesa de sus estafados, hubieran
dedicado antes sus músculos intelectuales a investigar lo que estaba haciendo
Blesa como estafador, nos hubiéramos ahorrado unos dineros y unas ganas de dar
hostias. Todos, menos Blesa, habríamos salido ganando. Incluidos los policías.
Como periodista ocasional y
delincuente habitual, a lo largo de mi vida he hecho muchos amigos policías y
guardiacivileros. Espero que me perdonen estas prosas. Pero no sería la primera
vez, en la historia de la humanidad, que un pueblo le pidiera a sus fuerzas
armadas y policiales que del cañón de un subfusil saliera de vez en cuando un
clavel, y no una bala. Si del cañón del subfusil hubiera salido ayer un clavel,
y la policía se hubiera apartado, Blesa se hubiera llevado su más que merecida
hostia, y no sería nada irremediable. Ni mucho menos. Lo irremediable es lo que
le ha pasado a los desprotegidos que le querían dar la hostia. El que no tiene
casa ni millones ni peluquero ni abogado ni ex amantes ni policías ni nadie que
lo acompañe en su juicio ni en su desahucio. Y ahora habrá que escribir amén,
no sea que algún ministro no esté leyendo a Santa Teresa y me entrulle por
incitar al pueblo a dar una hostia diferida a Miguel Blesa, expoliador,
católico y banquero. Que a veces suelen ser la misma cosa.
Fuente: www.publico.es




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