Vicenç Navarro | Catedrático de Políticas Públicas
de la Universidad Pompeu Fabra
nuevatribuna.es
| 08 Enero 2014 - 20:08 h.
Pascual
Serrano, uno de los mejores periodistas de este país, acaba de publicar un
artículo (“Conflicto en Intereconomía o Canal 9, ¿dónde se coloca la
izquierda?”) en Público 26.12.13, que debería hacer reflexionar a todas
las personas con sensibilidad y vocación democrática, pues toca uno de los
temas más importantes existentes en la limitadísima democracia española, es
decir, la falta de diversidad ideológica de los medios de información de España
y de sus comunidades autónomas. En realidad, el mayor problema de la democracia
española es, precisamente, esta falta de diversidad tanto en los medios escritos
como orales, y tanto en los medios públicos como en los privados.
El artículo
surge a partir del conflicto laboral existente en el canal de televisión
Intereconomía, junto con el cierre de Canal 9 y del resto de la radiotelevisión
pública valenciana. Estos conflictos y cierres han movilizado a las izquierdas
del país en defensa de los profesionales y trabajadores de esos medios,
afectados negativamente por tales medidas, pues ellas implican pérdidas de
puestos de trabajo. Como bien señala Pascual Serrano, la defensa de puestos de
trabajo ha movilizado siempre a las izquierdas (que, por regla general, lideran
las reivindicaciones laborales), siendo estas las que se han movilizado para
protestar y denunciar dicha destrucción de puestos de trabajo, independientemente
del lugar e institución en los que ello tomara lugar.
Ahora bien
–tal como indica Pascual Serrano–, esta política lleva a situaciones
paradójicas e incoherentes, pues esta protesta puede ser antidemocrática cuando
sus beneficiarios son profesionales o trabajadores de instrumentos
antidemocráticos como lo han sido Intereconomía y Canal 9. Estos medios de
información han carecido del mínimo de conciencia democrática que debería
exigírsele a un medio de información que use un bien público como son las ondas
radiofónicas. En realidad, su comportamiento ha sido profundamente
antidemocrático, marginando, cuando no insultando, a las izquierdas y a las
fuerzas democráticas, con un servilismo a las ultraderechas gobernantes del
país que ha dañado a las clases populares de este país. Su limitado
profesionalismo, puesto al servicio de la propaganda política, se ha traducido
en el descaro y desvergüenza que caracterizan a las derechas (en realidad
ultraderechas) del país. Canal 9 jugó un papel clave en ocultar las causas del
enorme daño provocado a las víctimas del accidente de metro de Valencia y a sus
familiares. E Intereconomía ha intoxicado la cultura democrática del país, con
una manipulación grosera que ha alcanzado un nivel de insulto y sectarismo que
ha hecho imposible cualquier posibilidad de diálogo o enriquecimiento
democrático. En realidad, dicho comportamiento ha corrompido cualquier atisbo
de democracia que hubiera podido existir en la cultura política de la
ultraderecha española.
Es un
espectáculo que debería ofender a cualquier demócrata en nuestro país el ver a
los profesionales de Canal 9 denunciar las enormes manipulaciones de esa
televisión en el momento en el que son expulsados. ¿Por qué no lo denunciaron
cuando ello estaba ocurriendo, que era cuando los mismos profesionales, que
ahora se quejan, estaban transmitiendo aquellas mentiras que ocultaban hechos
verídicos de los cuales ellos eran conscientes?
Se me dirá
que si lo hubieran hecho, se les habría penalizado. Pero esta explicación no
justifica su comportamiento. ¿Se utilizaría la misma justificación si la
persona que diera este argumento fuera un torturador en las celdas de la
policía, que le despedían debido a los recortes del personal policial? Pues
bien, el sistema actual, que esconde una dictadura mediática, se reproduce
mediante represión, no solo física sino también intelectual. Y los medios están
jugando un papel clave en la reproducción de esta represión intelectual.
También se
me podría decir (como se me ha dicho) que Canal 9 era público y las izquierdas
deben apoyar a los medios públicos. Este argumento, para ser válido, tendría
que tener en cuenta la naturaleza democrática de dicho instrumento público, lo
cual es fácil de mostrar su inexistencia mirando la limitadísima diversidad
ideológica existente en el medio. Y ahí, muchos pecan de escasa vocación
democrática. TV3, el primer canal de la televisión pública catalana, promueve
en sus programas de economía una visión ultraliberal que sistemáticamente
promociona el punto de vista del mundo del capital a costa del mundo del
trabajo. En el programa Lecciones de Economía, de casi una hora de duración,
constantemente se presenta la visión empresarial de la vida económica,
presentando por ejemplo a las compañías eléctricas como víctimas del gobierno
(sí, ha leído bien) en el rechazo de este último al crecimiento del precio de
la electricidad (uno de los más altos de la UE-15).
Podría
justificarse este apoyo a TV3 (como yo hice recientemente) por también tener
programas (muy pocos), en el canal secundario de Televisió de Catalunya, de
gran interés político-social. Pero el problema mayor persiste: la utilización
de un medio público por una ideología concreta que aparece con abusiva claridad
en los informativos. Esta falta de profesionalidad debería ser denunciada por
las izquierdas, que permanecen calladas por miedo (y existe mucho miedo y temor
a criticar a los medios), por oportunismo y por confusión. Es sorprendente la
falta de respuesta de las izquierdas hacia la falta de diversidad de los
medios, siendo España el único país de la UE-15 en el que no hay ningún mayor
medio escrito u oral de izquierdas. Y las izquierdas tienen
responsabilidad en ello.
Fuente: www.nuevatribuna.es
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