Juan Torres López | Economista
nuevatribuna.es
| 08 Enero 2014 - 16:03 h.
Cuando se
acaba de informar que el juez imputa a la hija del Rey por delito fiscal y
blanqueo, los medios de comunicación comentan también que la infanta podría
librarse de ser juzgada si se aplica la conocida como “doctrina Botín”.
Esta
doctrina del Supremo se estableció en una sentencia de 2007 cuando su Sala de
lo Penal avaló una decisión previa de la Audiencia Nacional que limitaba la
acción de las acusaciones populares. Según se decía en su sentencia “no puede
abrirse juicio oral solo a instancias de la acusación popular, sino que es
necesario que lo inste bien el Ministerio Fiscal, bien el acusador particular”.
Lo que hay
detrás de esta sentencia y su vinculación con Botín es muy interesante para
conocer qué hay detrás de nuestra administración de Justicia porque lo que
ocurrió fue sencillamente que se dieron órdenes desde el gobierno para que la
fiscalía y la abogacía del Estado actuaran de forma que el Tribunal pudiese
evitar juzgar al banquero. Una operación de auténtica ingeniería jurídica que
ahora pueden intentar realizar de nuevo.
Transcribo a
continuación la explicación del caso que aparece en mi libro La crisis
de las hipotecas basura. ¿Por qué cayó todo y no se ha hundido nada? (Editorial Sequitur 2010).
Según
informaba la web EL CONFIDENCIAL el 21 de septiembre de 2006 “durante los años
1988 y 1989, el Santander manejó cerca de medio billón de pesetas de dinero
negro, que provenía de fuentes financieras más o menos inconfesables (…) El
banco entregó al Fisco información falsa sobre 9.566 operaciones formalizadas
que representaban 145.120 millones de pesetas. (…) A tal efecto, no dudó en
declarar como titulares de las cesiones a personas fallecidas, emigrantes no
residentes en España, ancianos desvalidos, trabajadores en paro, familiares de
empleados del banco, antiguos clientes que ya no mantenían relación alguna con
la entidad, etcétera”.
Como
consecuencia del descubrimiento de esa serie de irregularidades, la acusación
solicitó para el presidente del Banco de Santander, Emilio Botín, “un total de
170 años de prisión y una multa de 46.242.233,92 euros (7.694.060.334 pesetas),
además de una responsabilidad civil de 84.935.195,86 euros (14.132.027.499
pesetas), que es el perjuicio causado con su actuación a la Hacienda Pública”.
Pues bien,
el diario El País informaba el 27 de mayo de 2008 que para defenderse de la
acusación de supuestos favores a ese banco, el ex Ministro de economía Rodrigo
Rato presentó un escrito de la ex-Secretaria de Estado de Justicia y luego
Vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, “en la que ésta
pidió el 25 de abril de 1996 que se cursaran al Abogado del Estado
“instrucciones” sobre su actuación en el caso de las cesiones de crédito”,
concretamente, pidiendo que no se dirigiera “acción penal alguna por presunto
delito contra la Hacienda Pública, contra la citada entidad bancaria o sus
representantes”.
Así funciona
la justicia en España. Y estos son los intereses que protegen nuestros
gobiernos. Ahora queda ver si de nuevo harán lo mismo para volver a evitar que
todos seamos iguales ante la ley.
Fuente: www.nuevatribuna.es
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