Creado por Lucas León Simón.
Blog del
autor: http://lucasleonsimon.wordpress.com
La democracia, y por ende, la libertad, se sustentan
en la confianza que los ciudadanos tengamos en el sistema estructural que nos
hayamos otorgado. Parece ser que la clave de nuestra democracia es la
representación directa de nuestra voluntad a través de los partidos políticos,
y, sin un atisbo de cinismo, en los políticos que los personifican.
El resultado práctico es que nuestra democracia es
absolutamente ineficaz, nuestros políticos se representan sólo a sí mismos y a
sus intereses y el ciudadano, y sus problemas reales, quedan como una entidad
lejana, desnuda y olvidada.
En los últimos años han hecho un arrasamiento de
nuestros derechos, han arruinado a una mayoría para enriquecer a una minoría,
han vaciado el sacrificio del pueblo para rescatar a entidades privadas con
ánimo de lucro (bancos) y han perpetrado un trato desigual y obsceno, siguiendo
el beneficio, sin aderezo, de una clase.
Con todo, la cuestión esencial, la confianza se
quiebra totalmente con noticias como la que sigue:
“La cafetería del Congreso de los Diputados seguirá
dispensando bebidas de alta graduación alcohólica y combinados a precios
superreducidos, gracias a la subvención de 4,2 millones de euros más IVA que
recibirá durante los próximos cuatro años la nueva empresa concesionaria del
servicio.
La polémica provocó que la Mesa del Congreso
modificara el concurso y dejara en manos de la empresa concesionaria los
precios de las bebidas alcohólicas y los combinados. Pero mantuvo la
subvención, por lo que la oferta de precios se mantendrá igual en este 2014. Un
gin-tonic de la marca Larios costará 3,45 euros durante los próximos cuatro
años mientras que el de Gordons se sitúa en 3,75. Asimismo un vodka Smirnoff o
un cubalibre costarán 3,40 euros mientras que una copa de ron de Habana Club 5
años ascenderá a 4,10.”
Es decir, que nuestros “representantes” no sólo cobran
un sueldo generoso al alcance de muy pocos, unas dietas por residencia y
alojamiento cuando la mayoría tienen casa propia en Madrid, sino que el erario
público, ese ataúd de ciudadanos con el salario mínimo y las pensiones
congeladas, que se tienen que jubilar cuando han cotizado cuarenta años, les
paga, además, sus borracheras.
Esta es una democracia beoda. Regida y administrada
por sinvergüenzas borrachos a los que nada importan la estética del espanto y
el voto comprado por el horror, con tal de tomarse sus gin-tonics –se supone
que mientras “trabajan”- con una importante subvención a costa de todos.
La desconfianza es grande, yo creo que total, porque,
como se decía antaño de las relaciones de infidelidad, lo último es “pagar la
cama”.
Y nosotros se la estamos pagando.

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