nuevatribuna.es
| 13 Enero 2014 - 22:47 h.
Al final, con
tanta torpeza y tanta carga ideológica como le está metiendo a la gestión
legislativa el PP, incluido el bodrio del Proyecto de Ley de Seguridad para que
los vigilantes jurados de turno puedan cometer fechorías como la que acaba de
ocurrir en ese centro comercial de Carrefour en Alicante, donde una familia
francesa ha sido maltratada por dos de esos guardas jurados a los que, nuestro
insigne ministro del interior, propone conceder potestades para que puedan
actuar también en la calle… O con la propuesta de reforma de la Ley del aborto,
con la que vuelven a querer penalizar con la cárcel a las mujeres que tengan la
desgracia de tener que abortar en cualquier supuesto no contemplado por el
proyecto Gallardón…
Al final,
como les decía, esa obsesión ideológica que lleva tiempo desatada en el PP, les
va a costar un serio disgusto electoral. Y es que van a conseguir, ya lo han
conseguido según las últimas encuestas conocidas, lo que no era capaz de lograr
por si solo el PSOE, con sus cantos de sirena, debido a la falta de
credibilidad que arrastraba hasta aquí: que los ciudadanos “le perdonen” sus
errores. Y que, aunque sea tapándose la nariz con una mano, con la otra, una
buena parte de la ciudadanía española, decida volver a votar al PSOE. No por
convencimiento, sino para parar esta deriva ideologizada “pepera”, que
empezó con todo tipo de recortes sociales, siguió con una ley de educación
regresiva y sin ningún consenso, y han continuado en esta deriva sectaria de
los proyectos de ley de seguridad y del aborto; que según todas las
encuestas, como les decía, son rechazadas por más del setenta por ciento de la
población que declara no apoyar la acción del gobierno.
Y que no se
me entienda mal. No estoy diciendo con ello que el gobierno no tenga
legitimidad para hacer “lo que quiera” con la mayoría absoluta que respalda
desde el Congreso de los Diputados sus proyectos.
Eso está
fuera de discusión. La tiene.
De lo que
hablo es de los efectos que tiene gobernar de esa manera.
Hablo de que
hoy, en el siglo XXI, contentar al dos por ciento de radicales de derecha o de
izquierda (en este caso de la derecha más extrema), supone abandonar a la
inmensa mayoría de potenciales votantes que son los que dan y quitan mayorías.
El primer
test o prueba del “algodón” para el Partido Popular, está próximo. En unos
pocos meses llegan las elecciones europeas, y aunque tradicionalmente son
elecciones de baja participación, van a ser el primer observatorio de la nueva
realidad que les anuncio.
La cuerda
del PP se ha tensado tanto que llega el momento de la ruptura.
Será, en las
próximas elecciones europeas, de las que, si les parece, hablaremos otro día.

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