Michel Lefebvre-Peña
analiza en ‘Guerra gráfica’ los mensajes publicitarios utilizados por los
republicanos de 1936 a 1939
Imagen del 23 de abrl de 1937
después de un bombardeo de aviones de Franco sobre Bilbao / Agencia Rol
A golpe de disparos de cámara,
dibujos y carteles tanto republicanos como franquistas hicieron de 1936 a 1939
una guerra de propaganda paralela a la bélica que se saldó con un triunfo de
los primeros. Se han publicado cerca de 20.000 obras sobre la Guerra Civil desde que
finalizó la contienda. Una parte de ellas fueron escritas durante los 40 años
de franquismo y estaban destinadas a elogiar la victoria de Franco y humillar a
los republicanos. Estos trataron de publicar su versión de los hechos con más
ímpetu que suerte. El historiador Paul Preston, prologuista
del libro, considera justificado el trabajo de Michel Lefebvre. “Sus
ilustraciones muestran a una nueva generación surgida de la Guerra Civil que
provocó pasión, crueldad y heroísmo”, puntualiza el hispanista y especialista
en la Guerra Civil.
El periodista y escritor Michel
Lefebvre-Peña sostiene en Guerra Gráfica (Lunwerg) -un libro que recoge
las obras de divulgación realizada por poetas, escritores, pintores y
fotógrafos españoles como Agustí Centelles,
Alfonso Sánchez
Portela o José María Díaz
Casariego y extranjeros como Robert Capa, Gerda Taro o David Seymour
Chim- que los republicanos no ganaron la guerra pero la vencieron en
el terreno de la divulgación y en ofrecer la visión de una España masacrada.
Estos utilizaron sus cámaras para dar testimonio del fervor de un pueblo en
armas cuyas imágenes oscilan entre fotoperiodismo y propaganda. Algunas de
ellas, repetidas en infinidad de ocasiones, se han convertido en iconos de la
Guerra Civil como el Guernica de Picasso, la muerte de un miliciano y el
brigadista italiano con el puño en alto de Capa o fotos de niños muertos en
bombardeos.
Las
imágenes fui encontrándolas poco a poco en mercadillos y librerías en Londres,
París, Buenos Aires y España
Lefebvre-Peña, hijo de un militar
republicano exiliado en Francia, comenzó la recopilación de su archivo en un
rastro de París, en el que encontró un paquete de fotografías firmadas por Paris-Soir.
“La compra fue una sorpresa y un disgusto. Las olvidé más tarde en un taxi en
Bruselas y años después fui encontrándolas poco a poco en mercadillos y
librerías en Londres, París, Buenos Aires y en menor número en España. En
aquellas imágenes se puede reconocer a André Malraux con su escuadrilla. En esa
búsqueda por lo inédito logré encontrar los archivos de un brigadista; los del
embajador español en Bruselas Ángel Ossorio; los de un militar francés
encargado de acoger a los refugiados españoles en 1939; álbumes de fotos de
anónimos franquistas, republicanos o alemanes y postales, carteles y, sobre
todo, revistas”, puntualiza el autor. El libro se centra en los enemigos de
Franco, aquellos que se enfrentaron a él en el terreno de la propaganda. En
primera fila se encuentran Willi Münzenberg, jefe de propaganda del Comintern (Internacional
Comunista), que huyó de Berlín en 1933; Jaume Miravitles, comisario de
propaganda de la Generalitat de Cataluña, y el fotógrafo Robert Capa.
Hay dos visiones de la Guerra
Civil: la que se contempla fuera de España – todas las agencias de prensa
enviaron corresponsales al frente español desde el comienzo de la contienda- y
la que difunden los franquistas. “La fotografía no muestra la guerra, muestra
la imagen de la guerra que el fotógrafo, la censura o el periódico han querido
dar y los intereses de estos tres participantes pueden ser contradictorios o
convergentes”, puntualiza Lefebvre quien ha empleado diez años de su vida para
realizar un archivo cuya misión principal es la de transmitir.
Entre los seiscientos documentos
que figuran en el libro se pueden contemplar inéditos de los fotógrafos Walter
Reuter, Ione Robinson y James Abbe, carteles de Josep Renau, revistas
anarquistas, folletos del fotógrafo holandés Cas Oorthuys, dibujos de José Luis
Rey Vila, Sim, o documentos escritos en los campos de internamiento. Los
combates con las imágenes entre los partidarios de Franco y los republicanos
fueron constantes desde el inicio de la guerra. Los primeros se apresuraron a
difundir fotografías de asaltos y quemas de iglesias, mientras que el bando republicano
se apresura a llenar las paredes de carteles denunciando la barbarie fascista
de España unida al nazismo alemán. Los franquistas respondieron eficazmente a
la propaganda republicana. En Londres, Nueva York y París publicaron revistas
con las mismas técnicas que sus adversarios, rivalizando en imaginación para
mostrar los horrores de la guerra.

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