sábado, 18 de enero de 2014

CUARTA CARTA JACOBINA

El nuevo Montoire de François Hollande
Artículos de Opinión | Víctor Sánchez Santaló | 17-01-2014 |
Se llama Dieudonné M´Bala M´Bala, su espectáculo humorístico ha sido prohibido en el corazón de la “Europa democrática”. Lo acusan de racista y de fascista (a él que es negro). Denuncia con sarcasmo los crímenes contra la humanidad cometidos por los anglosajones, los franceses y los sionistas antes y después del periodo 1942-1944... La censura en Francia ha existido siempre, por poner un ejemplo, también fue prohibida la difusión de Senderos de Gloria de Stanley Kubrick. Ahora la pregunta es: si la Europa que nos expolia, también destruye la libertad de expresión y no tolera que sus genocidios sean aireados, (el ejército francés quemó con napalm a la abuela de M’Bala en Camerún), si Hollande acaba de asumir la política de austeridad y de los recortes, es más, si rompiendo el discurso electoral del Bourget, retorna a 1983 y a la preferencia europea, sin que ello sea un paréntesis, antes bien una política preferente asumida como tal....
¿Qué argumento les queda a los que nos metieron en Maastricht que no sea dimitir y pedir disculpas?
Y no crean ustedes que Dieudonné sea un pobre negro mitad inculto, mitad loco, todas sus afirmaciones están sólidamente documentadas, Dieudonné con sus chistes pone en evidencia que el emperador está desnudo: A la imagen de la Francia democrática que queríamos imitar le ocurre lo mismo que al Mago de Oz, es una farsa. El relato de la colaboración francesa con el nazifascismo que nos ha legado la guerra fría cultural es una cruel impostura: ese pueblo que no se resignara a la derrota pero que deseoso de paz, pactara el mal menor, dando un paso atrás para organizar enseguida la resistencia Esa Francia ofuscada, desconcertada, desmoralizada que se deja llevar por los acontecimientos y también por los oportunistas, es un montaje. Nada más lejos de la verdad afirmar que los colaboracionistas convencidos no serían más que individuos aislados, (“Lacombe Lucien” de Louis Malle, 1974) desclasados que habrían roto sus lazos familiares y sociales.
Louis Ferdinand Céline desmontó este artefacto propagandísticoooo con una sola frase lapidaria: “Comme si c’etait moi l’Algerie”. Con esta frase el autor de Voyage au bout de la nuit, nos recordaba que el comportamiento del ejército francés en Argelia “después de los juicios de Nuremberg” era equivalente al de los nazis durante la ocupación en Francia. La obra de Céline fue prohibida después de la guerra. Él mismo, para evitar la pena de muerte, escapó con el séquito de Pétain a Sigmaringen, en el alto Danubio y posteriormente a Dinamarca. Pero Céline es algo más que uno de tantos intelectuales franceses que participaron en la larga construcción del fascismo francés desde 1918. En Céline confluyen dos particularidades; la primera la de ser considerado un padre de la lengua francesa moderna y la segunda la de chivo expiatorio sobreviviente-paria, es decir, de marginado-testigo “malgré tout”. Ni fue fusilado como el radical socialista Laval, ni tampoco formó parte de aquellos que transitaron hacia la respetabilidad democrática, o lo que es lo mismo, hacia el olvido y la impostura que ha sido posible gracias a que tantos textos, artículos y libros han sido cuidadosamente apartados de la vista del gran público, con el pretexto de evitar la difusión del nazifascismo. Hoy, cuando vemos su resurrección política por doquier en Europa deberíamos preguntarnos si para parar la marea negra, no es mejor conocer a fondo aquellos textos idealistas Sorprende descubrir al Céline médico altruista, curando gratis a viejecitas que no pueden pagar sus atenciones y criticando a los colegas que han convertido la medicina en un negocio, pervertidos por el afán de lucro propio del materialismo capitalista: habíamos olvidado que el fascista es un bien nacido que ama el orden y la belleza, tanto como el bien.
En este sentido Zeeb Sternhell con su obra “Ni droite ni gauche, l’ideologie fasciste en France” editada por Folio, ha hecho explotar literalmente este muro de olvido. Su extraordinario trabajo ha demostrado sin lugar a dudas, que el fascismo es ante todo un producto francés, no alemán, y que éste se viene desarrollando en Francia desde 1880. Un proceso de confluencia en el que además de una derecha organicista, particularista, irracionalista y antidemocrática, participa también una izquierda utópica que utiliza el mismo vocabulario que esta derecha: Tiranía económica de una casta, crítica del individualismo, del universalismo, del materialismo y de la corrupción como males del sistema, pacifismo..
¿Pacifismo? Sí, Céline (y tantos otros) defiende inequívocamente el pacifismo: “nunca más una guerra en Europa” y la colaboración entre las dos naciones europeas herederas del imperio de Carlomagno: Francia y Alemania, las cuales siendo culturalmente superiores al resto tienen el derecho y el deber de codirigir el nuevo orden europeo. Hay que precisar aquí que una de las ideas clave en que se fundamenta el nacionalismo catalán es la de que Cataluña es también hija de Carlomagno: los catalanes seríamos los alemanes de España.
El nazifascismo europeo fue vencido militarmente pero no culturalmente. Hoy mismo, también en Cataluña y en España, escuchamos discursos antisistema que nos hablan de la victoria del espíritu sobre la materia y de la necesidad de una revolución espiritual y moral. Estas llamadas a la revuelta pueden ser firmadas tanto por un falangista, por una cristiana auténtica, como por un anarco-sindicalista. Esta confluencia, según Sternhell, se empieza a dar en Francia desde finales del siglo XIX y a ella contribuyen hombres venidos de horizontes diversos unidos por el mismo rechazo que comparten del materialismo liberal burgués y del materialismo marxista, herederos ambos de la ilustración.
Fascista. Es un descalificativo lanzado a menudo desde Barcelona contra Madrid y viceversa. Sin embargo, los descalificadores de guardia suelen tener problemas cuando se les pide que concreten el “palabro”. No debe extrañar a nadie, es natural que así sea puesto que durante décadas el lugar dónde nace y se desarrolla el fenómeno ha estado excluido del campo de la investigación: Francia. La lista de fascistas, protofascistas y compañeros de viaje franceses era conocida desde tiempo atrás, Taine, Renant, Drumont, Maurras, Thierry Maulnier, Céline, Brasillac, Drieu La Rochelle, Le Bon, Georges Valois... También se conocían los nombres de los anglosajones que influyeron en Hitler y también las complicidades de numerosos industriales norteamericanos, con Ford a la cabeza, con el nazismo. Losurdo vino, recientemente, a recordarnos que el nazismo es esencialmente una réplica del modelo colonial y racista de los imperios inglés y francés. Sin embargo, sigue sin ser conocida, tal como se merece, la obra de Zeev Sternhell, autoridad indiscutible como historiador del fascismo. La primera aparición del libro de Sternell “Ni droite ni gauche...” en 1983 mereció todo tipo de ataques y descalificaciones, es natural, ya que ponía de relieve que Vichy fue algo más, mucho más que una colaboración forzada y daba un nuevo sentido al término banalización del fascismo, provocando el rechazo del stablishmen cultural francés. El mito laboriosamente construido durante la guerra fría cultural, recibía un golpe mortal. Francia era, sin lugar a dudas, la madre del monstruo y no pocos de los padres del fascismo europeo provienen del sindicalismo revolucionario o del socialismo que se propone superar el marxismo: Sorel, De Man, Dead, Brieu.... cuya influencia se alargaba hasta Mussolini, Dencàs o el keinesiano Oswald Mosley, etc.
Por otra parte, los acomplejados españoles deberían saber que en muchos sentidos los escritos de José Antonio tienen un carácter más abierto, más humanista que los de Thierry Moulnier, ideólogo de la Revolución Nacional en Francia (sic). Va a ser duro para los republicanos españoles identificar el rostro real de la Francia radical-socialista, es decir, su evidente interés en perjudicar los intereses de los ingenuos pueblos de España desde 1938. Va a ser difícil que los ingenuos paren de repetir continuamente que “esto no ocurre en ningún otro país”. El juez Silva debería saber que las victimas de René Bousquet, íntimo amigo de Mitterrand, tardaron cinco lustros en llevarlo ante los tribunales y que éste, nunca testificó, porque fue misteriosamente asesinado por un “loco” quince días antes del inicio de la vista. Y mucho más duro va a ser enfrentarse a la realidad que Sternhell demuestra con toda su crudeza en su extraordinaria obra. Más allá de la cobardía o de la irreflexión, existía y sigue existiendo una llamada izquierda que ha sido coadyuvante a la constitución del fascismo en Francia, socialistas utópicos, revolucionarios y antimarxistas, etc...
Déjeme el lector decir, de pasada, que en el conjunto de España, al final, esta confluencia con el fascismo también se realizó, aunque por pasiva. Los nacional-esencialistas vascos y catalanes, así como los ultrarevolucionarios que jamás utilizaron la razón como arma, que despreciaron las condiciones objetivas y que ignoraron la correlación de fuerzas a nivel internacional, acabaron rindiéndo incondicionalmente Barcelona y Madrid al franquismo y entregaron, inermes, a los republicanos a Franco y a Hitler. ¡¿Gran paradoja?! La ideología fascista se ve a sí misma como la victoria de la voluntad y del espíritu sobre la materia, pero acaba reforzando el poder real de sus supuestos enemigos. En el proceso de construcción de la ideología fascista es fundamental la confluencia del irracionalismo de derechas con el de izquierdas. Es la clave de bóveda que La Rocque en su libro “Service Public” expresa de esta manera: “Hemos hecho comprender a los hombres de buena voluntad (término muy utilizado hoy en día en Cataluña para atacar a los hombres de mala voluntad, contrarios al nacional-esencialismo) que se puede ser social sin dejar de ser nacional y que se puede ser nacional sin abandonar la búsqueda del progreso social”. Sternhell nos recuerda que este discurso lo podemos encontrar en la obra de Dead, “Una tercera vía” o en la de De Man “Más allá del marxismo”. La historia del fascismo es la de una incesante tentativa de revisión del marxismo y de un esfuerzo permanente hacia un neo-socialismo. Según Sternhell la ideología fascista francesa, en sus aspectos esenciales, cristaliza una buena veintena de años antes a la aparición de ideologías análogas en toda Europa, sobre todo en Italia. Es un producto autóctono francés, en ningún caso una importación extranjera. Emerge de la realidad histórica del medio siglo que precede a la II Guerra Mundial y en esencia es una síntesis del nacionalismo orgánico y del socialismo antimarxista, como he dicho anteriormente, un rechazo del materialismo y de las diversas fuerzas políticas que lo representan, el liberalismo, el marxismo y la democracia. Los vasos comunicantes con Italia, Alemania, Cataluña... son evidentes, en todas partes encontramos el concepto de nación orgánica esencialista, la revuelta contra el materialismo y contra el racionalismo de las luces.
Esta revelación arroja luz sobre la situación actual de Europa y también sobre el establishmen cultural catalán y español. Para los pueblos de España, tan dados a considerarse inferiores respecto a los demócratas europeos, descubrir que el país de los derechos del hombre también tuvo su transición, es decir, un gran pacto de silencio, un esconder el fascismo debajo de la alfombra, debiera ser un acicate para reconstruir un “nosotros” en relación a esta Europa que no solo nos expolia, sino que además es una denominación de origen alterada en su ídem. Esta invitación a replantear nuestra visión del mito está basada en hechos graves que van mucho más allá de la simple anécdota, y que han sido largamente censurados por los medios, por citar algunos: el prefecto de Burdeos, Maurice Papon, reprimiendo la resistencia durante la guerra y reencontrado al frente de la prefactura de la capital, ordenando a la policía ametrallar con bala a cientos de manifestantes en París en 1961 y 1962. Mitterrand, que fue condecorado con la más alta distinción de Vichy, cenando en la intimidad del Elíseo con René Bousquet, el amigo que había negociado en nombre del gobierno de Pétain, la deportación de los apátridas con el máximo responsable de la SD, Reinhard Heydrich. Pero no solo los niños judíos deportados a Auswitch eran apátridas, también lo eran los republicanos españoles, siempre olvidados por el poder francés. La lista de altos cargos “nacional socialistas franceses”, que, más que colaborar, participaron en el proyecto fascista de construir una nueva Europa dominada por las dos naciones superiores, Francia y Alemania, es muy larga. No fueron víctimas, fueron arte y parte en su construcción. Siguieron el proyecto que después de la guerra del 14-18, numerosos “neopacifistas”• franceses impulsaron, la idea clave del proyecto colaboracionista: “nunca más una guerra entre las dos naciones superiores de Europa.
A nadie debería olvidársele que el proyecto se llevo a cabo en 1939, y que no hubo guerra en el frente francoalemán. Sartre recogió el apelativo popular de la cosa y lo llamó “la drole de guerre”. En su trilogía, “Les chemins de la liberté” se narra la traición, la materialización del lema de los colaboracionistas franceses “antes Hitler que León Blume”, la entrega de las repúblicas checoslovaca y española (ésta última siempre olvidada por los franceses, incluso por Chévénement en su ultimo libro) a los fascistas en el pacto de Munich del 38 y el consecuente internamiento en campos de concentración de todos los republicanos y republicanas españolas que pisaron territorio francés a partir ya de esta fecha. No en vano un capítulo del libro de Sternhell se titula: entre el olvido y la impostura.
El fascismo es pues un fenómeno que arranca a fines del siglo XIX, es un proceso que se va estructurando a lo largo de decenios, en el que confluyen, como piezas de un puzzle, diversos vectores. Por una parte, los intereses creados por el antiguo régimen que, en dura lucha, se resisten una y otra vez contra la Declaración Universal de Derechos del Hombre y del Ciudadano y por otra parte, fuerzas que aparecen como revolucionarias y neosocialistas: “Hay en el fascismo una sed de revolución y una profunda voluntad de preservar el pasado, la historia nacional y el bagaje cultural de una sociedad”. Sternhell cita esta conclusión extraída de la revista Combat, dirigida por Jean Fabregues y Thierry Moulnier... Otra de las características del nacional-socialismo es su rechazo del materialismo y de lo que llaman el economicismo, el determinismo marxista, según Sternhell el fascismo es un pensamiento político utópico, pretende implantar una civilización comunitarista, se trata de una revolución espiritual y moral: Insisto una vez más: que carga contra la tiranía económica de las finanzas (personificada en los años 30 en los judíos), sus consignas de combate son contra una casta corrupta, contra el materialismo y la crisis de valores, contra el universalismo, contra los sindicatos pactistas que se dejan llevar por el economicismo. Esta ideología simplista, es la argamasa inconsistente que unifica el izquierdismo con otro de los vectores que influyen en el fascismo: la iglesia católica auténtica: Francisco de Asís, los primeros Apóstoles y sus hechos o... Savonarola y su pura República florentina. La nostalgia de la organización corporativista, el retorno a la seguridad de los gremios medievales, es en el fondo el deseo de retorno a la tierra de los antepasados, la tradición, etc., No, no va a ser fácil admitir que Fortes lleva razón cuando desnuda a García Lorca, que el Papa Francisco no es de los nuestros, ni tampoco admitir que el sindicalismo revolucionario ha jugado un papel determinante en el proceso de construcción del primer fascismo europeo: el francés. El proceso se inicia en 1880 y en 1914 ha tomado ya gran amplitud, el mismo Sternhell llega a preguntarse si cuando los historiadores analicen el periodo en profundidad, no llegaran a la conclusión de que la explosión de la primera guerra mundial fue el acontecimiento que impidió la constitución del primer estado fascista europeo en Francia.
Si bien es cierto que esta ideología se expandiría a Italia a través de la escuela italiana de sociología política (Pareto y Mosca), contribuyendo a catalizar, también en ese país, la unión entre sindicalismo revolucionario y nacionalismo, el primer punto de encuentro entre estas dos corrientes se encuentra en “Les cahiers du cercle Proudhon” (ver la polémica entre Proudhon y Marx en Filosofía de la Miseria y Miseria de la Filosofía). El mismo Maurras rindió homenaje a dicho círculo: el socialismo proudhoniano tuvo el instinto de la política francesa. Este instinto no era otro que el de definir un socialismo a la francesa. Hay que referirse aquí a dos autores que han estudiado el fenómeno y que cita Sternhell: P.Galland y H. Lagrange, el socialismo francés del círculo Proudhon, de los sindicalistas revolucionarios franceses defendía también la supremacía de Francia y la exigencia moral para la nación francesa del derecho a comandar al resto de Europa. Francia debería ser una nación revitalizada, unida moralmente contra el materialismo, liberal y marxista.
Entre los sindicalistas revolucionarios franceses que tanto influyeron en el anarco-sindicalismo español, el socialismo es de naturaleza pedagógica, más que económica. Existe un socialismo de siempre, eterno, para todos los hombres, para todos los tiempos. Por otra parte, conceptos como el de la autonomía corporativa de los sindicatos, defendida por Sorel son, como he dicho, un puente hacia el pasado, hacia los gremios medievales, y a partir de ahí, hacia la derecha tradicionalista y hacia la concepción cristiana del “socialismo”. No olvidemos que en la misma Revolución Rusa de 1917 encontramos esta regresión en la recolectivización de la tierra, tal como ha argumentado Antonio Fernández Ortiz en el imprescindible artículo “Octubre contra el Capital – El nombre y el verbo”: “... Lenin, luego de haber combatido sin cuartel al movimiento político populista durante treinta años, al final de su propia vida tuvo que acercarse a las concepciones que atacaba. ...(Lenin) se habría visto obligado a seguir un camino intermedio que condujera a un “socialismo” nacional ruso, de tinte narodniki. Lenin cuando viejo, estaba preparado para ese camino, y Stalin lo siguió”... la colectivización no fue una proyección hacia el futuro, sino un retorno al pasado.
Los fantasmas de los muertos habitan en el espíritu de los vivos (Karl Marx), el sentimiento invade el espacio de la razón, es la explicación racional de lo irracional, clave sobre la cual se edifica el precario edificio de la praxis fascista. Esta confluencia con los otros vectores enunciados va creando en Francia un polo revolucionario contrario a Las Luces que no va a tener la fuerza suficiente para derrocar a los herederos de la ilustración liberales y socialistas marxistas si no es con la ayuda exterior del nacional socialismo alemán. Esta confluencia se produce porque los revolucionarios utópicos franceses, después de un siglo de lucha que va de 1789 a la comuna de París, pasando por las insurrecciones de 1830, 32, 48 y la de 1871 que acaba siempre en derrota, pierden la fe en las capacidades y virtudes revolucionarias del proletariado y al tener una concepción mesiánica del socialismo eterno se giran hacia la única fuerza histórica que es capaz todavía de servir de regeneración moral y de transformación social, la Nación. Ésta reemplaza al proletariado como sujeto revolucionario y la transición lógica desde el sindicalismo revolucionario al sindicalismo nacional se opera naturalmente.
En frente de esta amalgama estuvo siempre la alianza de los que se reclamaban herederos de las luces. El Frente Popular será la expresión del mismo mecanismo que había permitido a la república liberal, superar las grandes crisis de finales del s. XIX. El frente común de la burguesía liberal y del proletariado, de la izquierda marxista o marxiana y del centro. Sucedió así en 1888-1899 y en 1934-1936. En 1936 este proceso englobará al partido comunista del mismo modo que una generación antes hizo tomar a los partidos de Guesde y de Allemane el camino de la concentración republicana. (sic)
La Francia republicana tuvo que plantearse uno de los problemas claves de su historia, y de la misma historia de Europa, los marxistas franceses se vieron confrontados a un dilema histórico, la concentración republicana como única forma de enfrentarse con posibilidades de éxito, al nacional-socialismo, defendiendo en primer lugar la República antes que la revolución reaccionaria. ¿No fue ésta también en España la opción del gobierno de Juan Negrín, apoyada por el Partido Comunista?
El pensamiento de Marx como concreción práctica de las ideas de la ilustración (no como retorno al comunitarismo de los primeros Apóstoles) es el fundamento de esta alianza. El reciente discurso en la casa Bruno Kreisky en Viena de Alexis Tsipras es el desarrollo de esta estrategia a nivel europeo, que desgraciadamente, ha pasado muy desapercibido en Sepharad. A estas alturas, la izquierda marxista debe escoger: o ser arrastrada por la vorágine de los diversos irracionalismos de siempre, haciéndose co-responsable de los errores cometidos por otros, incapaces de hacer autocrítica (ocupación del congreso, escraches, insurreccionalismo independentista y asambleario que boicotea sus propios acuerdos con otras fuerzas en el Parlament...), o bien defender un proceso constituyente que recupere los derechos fundamentales de la ciudadanía, usando como punto de apoyo la legalidad de la actual constitución, exigiendo, no su substitución, sino su cumplimiento.
Contra el fascismo francés, en todos los momentos críticos, siempre se constituyó un frente republicano que lo frenó y que estaba formado por la burguesía liberal y por la izquierda que siempre se consideró heredera del siglo de las luces, es decir, aquella que pone en el centro de su acción política la autonomía del Ser Humano y que no cree en socialismos utópicos sino que reconoce en la obra de Marx una crítica al idealismo y al utopismo y considera que en el complejo sistema económico en que vivimos, para asegurar que los derechos individuales puedan ser realmente universales, no hay más remedio que socializar determinados sectores de la economía. Un ejemplo de esta incapacidad intrínseca del capitalismo para universalizar ningún bien son, por ejemplo, bienes como el trabajo y que es a la vez un derecho humano, pero con respecto a cual, es estructural al capitalismo el que no pueda universalizarse en absoluto, existiendo lo que Marx vino en llamar un “ejército industrial de reserva”. Esta fue la alianza que evitó, durante el siglo XIX y primer tercio del XX, así como durante la segunda mitad del mismo la llegada al poder del fascismo francés: el primero, el auténtico. Mussolini y Hitler son copias. Este frente republicano que lideró Leon Blum en su día, no es acaso el mismo que nos propone Alexis Tsipras llamando a una confluencia europea de liberales, socialdemócratas consecuentes y de marxistas. Tres ramas de un solo tronco que deben aliarse para hegemonizar la discusión, para establecer el programa común que nos permita superar la crisis del euro, es decir, todas aquellas personas que consideran el derecho ciudadano individual, que al serlo de un individuo, lo es de todos, es decir, universal, como la clave del derecho constitucional, deben aliarse y situarse en este lado de la línea.
Este proyecto implica pero, romper con el pasado y con los fantasmas que hemos heredado, ser conscientes de que en nuestro llamado frente popular, convivían con nosotros fuerzas irracionalistas que, de hecho, coadyuvaron entonces a la victoria del fascismo. Los nacionalismos esencialistas vasco y catalán, que se pasaron la guerra manteniendo buenas relaciones con los conservadores británicos y con las derechas fascistas francesa e italiana y por otra parte, el universo anarcorevolucionario, que como ha puesto de manifiesto en su obra Angel Viñas, vienen interpretando la guerra española en confluencia con el franquismo.
En resumen, identificar la verdadera cara del fascismo europeo y su origen francés nos permite comprender mejor el artículo de Manuel Monereo “Vichy para todos” y situar el expolio al que estamos sometidos los pueblos periféricos de Europa en un contexto, no tan sólo de error en la teoría económica, sino en un trasfondo cultural racista latente en el que somos, de hecho, considerados seres inferiores, del cual pretende escapar la Vía Catalana, identificándose con los herederos del imperio Carolingio. Sin lugar a dudas, refundar Europa pasa por marcar las dos orillas en torno a la propuesta de Tsipras, en Madrid, en Barcelona, en París o en Berlín, pero cabe esperar que ni franceses, ni alemanes renuncien a su papel de nación superior. ¿Qué camino nos queda entonces?
Alexis Tsipras ha venido a proponer un “modesto” programa de gobierno para Europa, que es a la vez un proceso constituyente. Lo llama modesto pero debería llamarlo quimérico cuando afirma: Un gobierno de la izquierda en Grecia tenderá la mano a los socialdemócratas europeos, a los liberales genuinamente librepensadores europeos, a todos los europeos que no quieren ver deslizarse a Europa por la pendiente. Sin embargo, la unión en torno a la defensa de los sagrados intereses de la nación alemana, ya se ha producido en Berlín entre socialdemócratas y democristianos. El PIE ha rechazado el concepto de deuda ilegítima. A los euro-idealistas tampoco les cabe esperar gran cosa de la dulce Francia.
El proceso que propone Tsipras no podrá iniciarse hasta que Francia realice el proceso constituyente hacia la sexta república que proponen políticos como Mélenchon o intelectuales como Florence Gauthier. Precisamente, la visión de Sternhell debe ser matizada en relación a los estudios de Gauthier en los que pone de relieve en primer lugar que los jacobinos, con Robespierre a la cabeza, defendieron la proclamación de repúblicas hermanas en naciones oprimidas como Haití o Cataluña bajo el paraguas de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y que esta Declaración fue abolida en Francia hasta 1946, y que el estado francés, desde entonces, es un estado racista defendido, no sólo por los monárquicos y bonapartistas, sino también por los herederos de los girondinos. Gauthier resalta que la Declaración estuvo de nuevo vigente solo durante la breve segunda república francesa del 1848, en la que por cierto tienen un papel relevante dos catalanes: F. Aragó, natural de Estagell, cerca de Perpignan, que fue quien la proclamó y A. Terrades, primer alcalde republicano español, natural de Figueres quien desde París lanzó entonces su imprescindible aunque casi desconocida “Proclama a los republicanos españoles”. No es menos importante el hecho que resalta Gauthier que los jacobinos franceses se inspiraban no solo en las ideas ilustradas del norte, sino que bebían directamente de los textos de Las Casas y que las ideas de la libertad universal de todos los seres humanos no tan solo penetraron en España vía Figueres desde Perpignan, sino que también lo hicieron, y quizás en igual medida, en dirección contraria, de sur a norte: las ideas de progreso florecen en el contacto, entre los mestizos que habitan en las fronteras, tal como apunta Peter McPhee en su tesis doctoral en la Universidad de Melbourne: “La Segunda República Francesa y la resistencia al golpe de Estado de 1851 en los Pirineos Orientales.
A la inversa: la influencia del racismo a la francesa, después de la caída de los jacobinos (Thermidor es la desaparición de la declaración de los derechos del Ciudadano de la Constitución francesa) expande a su alrededor la exaltación del cuerpo nacional identificado con un pueblo o raza superior del que participa, sin ningún género de duda, tanto la burguesía esclavista de Burdeos como la de Barcelona. El olvido, la impostura y las calumnias perennes contra Robespierre nos han impedido identificar el proceso de construcción de la cultura fascista francesa, no tan solo en Francia, sino también en Cataluña desde donde hoy se sigue afirmando, sin el menor pudor, que : La catalanitat perviu amb l’excel•lència interna, la unitat civil, la justícia social, amb ella la Pedagogia és Política i Política és Pedagogia, etc... Lo podrían firmar Jean Fabregues y Thierry Moulnier.
No perdamos de vista el chovinismo francés: En vísperas de la guerra, Thierry Maulnier, preparando lo que sería la colaboración, afirmaba: Si contradecimos al principio alemán según el cual una humanidad superior tiene el derecho de someter a una humanidad inferior, ¿por qué tenemos colonias?. Las consecuencias de este olvido e impostura a nivel occidental son, si lo queremos ver, dramáticas para todos los pueblos del sur del Mediterráneo, pero lo más dramático es la servidumbre voluntaria y la aparición en los “movimientos idealistas de resistencia a la opresión” de numerosos de los conceptos y principios fascistoides enunciados en esta carta, luchas parciales que aunque verbalmente, cuestionan al sistema, jamás plantean una alternativa creíble y que se limitan a focalizar el descontento contra el capital financiero, atacando contra los sindicatos pactistas, buscando un chivo expiatorio exterior, exigiendo una revolución moral que acabe con la corrupción en abstracto, ocupando el congreso, etc... (“La Marcha sobre Roma” de Dino Risi).
Los ingredientes están dispuestos sobre la mesa, se está acelerando la constitución de un régimen autoritario. IU debería reflexionar seriamente sobre quienes son, realmente, sus aliados. En Cataluña y en España existe el peligro de que confluyan los vectores constituyentes del fascismo: Por activa o por pasiva. No nos engañemos, de momento nos han salvado los protagonismos y luchas por el poder entre los diversos grupúsculos y el propio caos interno que no paran de alimentar. En cuánto a los liberales y socialistas consecuentes ¿dónde están? Quizás sean numerosos en Grecia, en Italia, en Portugal, y también deberían serlo en Francia, pero Hollande ayer mismo se declaraba partidario del ya secular pacto con Alemania. Hollande que, por medio de su secretario de estado Harlem Désir, niega la existencia de los campos de concentración donde fueron tratados como perros los apátridas españoles o que abandona el gobierno en manos del represor de gitanos, árabes y negros, Manuel Vall, mientras traiciona su discurso electoral y se humilla ante los dictados de Berlín ¿qué podemos esperar los pueblos de Sepharad?
Las prioridades son claras para IU: en orden inverso 3) preparar la salida de esta Europa que nos trata como a undermenschens. 2) construir la alianza que nos propone Tsipras y 1) Recordar a todos los partidos y sindicatos que : La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos se disponen precisamente a revolucionarse y a revolucionar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal. (K. Marx)






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