Artículos de Opinión | Tomas F. Ruiz | 03-01-2014 |
Tuve
ocasión de escuchar esta categórica frase a un proctólogo años atrás. Como
todos sabemos, este tipo de doctores son los que se ocupan de que nuestras
evacuaciones sean regulares, consistentes y, médicamente hablando, sanas.
Cuando nos estreñimos, los excrementos que expulsamos son compactos, duros y
secos, de forma que no manchan e incluso hieren el orificio por el que han de
salir. En el diccionario de la corrupción, esta categórica frase es tan
acertada como en Medicina. Una corrupción compacta, a la que le cuesta salir a
la luz por el esfinter, una corrupción que se oculta en pocas y señaladas
personas o instituciones, no es una corrupción saludable. Las corrupciones
sonadas y buenas son aquellas que implican a numerosas instituciones, las que
arrastran tras de sí a cientos de implicados y a numerosos políticos de
profesión. Desde este punto de vista, los casos de corrupción que tenemos en
España, casos que implican a todo un partido y a sus representantes
parlamentarios, son de los que manchan de una forma sana, es decir, de los que
ensucian genéricamente a toda una clase política y social. España, en lo que a
corrupción se refiere, defeca heces que manchan con generosidad; la corrupción
en nuestro país alcanza a toda una cadena de instituciones que han sido
utilizadas para el saqueo generalizado de dinero público o patrimonio nacional.
Si
nos atenemos al plano puramente político, la corrupción en España mancha al
partido en el gobierno, mancha al partido en la oposición y mancha a otros
muchos más parlamentarios que se convierten en cómplices de la corrupción a
través de las alianzas políticas y el silencio pactado.
Ya
no sólo se trata del presidente Rajoy, del tesorero Bárcenas, del pícaro
“Bigotes”, de políticos desalmados como Francisco Camps o de alcaldesas zafias
como Rita Barberá... Tampoco se trata sólo del rufián Urdangarin, de la “tonta”
infanta Cristina o del abyecto cómplice de ambos, el ilegítimo rey Borbón. Se
trata también de los jueces que absuelven a todos estos corruptos reincidentes
y que les garantizan absoluta impunidad, tanto en los atracos que ya hayan
cometido, como en los que en el futuro cometerán.
Partidos
políticos, casa real, gobiernos autónomos, pequeños y grandes ayuntamientos,
alcaldes facinerosos y sheriffs que forman sus bandas con policías locales para
atemorizar a una ciudad… Todos nadan como pez en el agua en el infecto estanque
de la corrupción. Les acompañan reyes, príncipes y princesas, a los que la
mierda les rebosa el palacio y cuya repulsiva codicia es modelo de conducta
para toda una sociedad. Todos gozan del amparo y la aquiescencia de la Justicia
para actuar con absoluta impunidad. Efectivamente, en la España del siglo XXI
la mierda de la corrupción mancha mucho, ensucia a todo un sistema de gobierno
y a toda una clase judicial.
Políticos
desalmados que utilizan el entorno institucional para lograr sus perversos propósitos;
togados corruptos, fiscales sobornados, abogados y peritos depravados que
manipulan la farsa judicial para que los culpables no tengan nunca que pagar.
Este entorno institucional se debate agonizante bajo la corrupción, se ahoga en
el fangoso mar de excrementos que hoy es la vida política española; un entorno
que ha perdido ya toda su credibilidad y sólo es capaz de mantenerse gracias a
una represión sistemática y brutal.
La
corrupción en España mancha mucho y alcanza hasta altas cimas del poder político
y judicial; así que, según el principio de los proctólogos, esta es una
defecación correcta, una corrupción sana que a un tiene por delante mucho
tiempo para operar.
El
aparato corrupto-digestivo de los reyes, políticos y banqueros de España, el de
todos aquellos que viven de la corrupción y están bien alimentados, seguirá
defecando mierda sucia, excrementos grandes y generosos que mancharán en
profundidad a todo el país. El de los obreros, que cada día comen peor, se
mantendrá estreñido, expulsando heces duras y compactas que desgarrarán su
mucosa anal.
Fuente: www.tercerainformacion.es
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