Al
calor de las noticias que nos llegan desde Alemania sobre el nuevo gobierno de
coalición, aprovechamos para acercarnos al origen del SPD, formación política
fundamental en la historia de dicho país y del socialismo democrático
occidental.
nuevatribuna.es
| Eduardo Montagut | 03 Enero 2014 - 20:19 h.
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@Montagut5 | Al calor de las noticias que nos
llegan desde Alemania sobre el nuevo gobierno de coalición, aprovechamos para
acercarnos al origen del SPD, formación política fundamental en la
historia de dicho país y del socialismo democrático occidental.
En esa
década de los años sesenta del siglo XIX nacieron en Alemania distintas
asociaciones obreras. Entre ellas, destacaría la Asociación General de
Trabajadores Alemanes, creada en 1863 y liderada por Ferdinand Lassalle.
Esta organización socialista, implantada en Prusia, era de tendencia reformista
y no marxista; de hecho, sus dirigentes entablaron relaciones con Bismarck,
intentando que el Estado adoptara políticas sociales.
En 1869, un
grupo de asociaciones obreras implantadas en Sajonia crearon el Partido
Socialdemócrata de los Trabajadores (SDAP). Sus dos máximos líderes fueron
Wilhelm Liebknecht y August Bebel. En ese mismo congreso se aprobó el Programa
de Eisenach, adoptando el marxismo y vinculando la formación a la AIT. En el
programa se exigía el sufragio universal masculino, la separación entre la
Iglesia y el Estado, la creación de una milicia popular, la abolición del
trabajo infantil, la reducción de la jornada laboral, la implantación de un
sistema fiscal progresivo y el apoyo del Estado al movimiento cooperativista.
A pesar de
las claras divergencias de origen geográfico y, sobre todo, ideológicas, las
dos organizaciones se acercaron ante el hecho de que, recién creado el Imperio
alemán, la represión contra los obreros creció. Pero, además, la aproximación
se vio facilitada porque Lasalle había fallecido y en la Asociación General de
Trabajadores iba creciendo la presencia de los socialdemócratas. El proceso
concluyó en el Congreso de Gotha, celebrado en la primavera de 1875. Allí se
fusionaron ambas organizaciones y nació el Partido Socialdemócrata de los
Trabajadores, el SAPD. Se adoptó el conocido como Programa de Gotha.
En dicho programa pesaron más las ideas marxistas que las de Lassalle, pero eso
no impidió que Marx y Engels criticaran el texto de forma contundente porque
consideraban que no atendía al sindicalismo, no incidía en el internacionalismo
y, sobre todo, porque el programa defendía que Estado era un instrumento
neutral por encima de la lucha de clases.
El nuevo
partido fue perseguido por Bismarck. El canciller de hierro consiguió que el
parlamento aprobara una ley de excepción en el año 1878 que ponía fuera de la
ley al partido. Pero Bismarck era consciente que, en pleno proceso de expansión
industrial, la fuerza del movimiento obrero no se podía despreciar, por lo que
emprendió una política social para intentar frenar los conflictos sociales,
atraerse a los obreros y que se alejaran de los socialistas, desde un acusado
paternalismo. Promulgó leyes sobre las enfermedades, accidentes y jubilación.
Esta política le granjeó la crítica de los sectores políticos y sociales más
conservadores porque creían que iba a crear una especie de socialismo de estado
pero, en realidad, fueron medidas muy epidérmicas. No consiguió sus objetivos,
ya que, aumentaron las huelgas, y en la clandestinidad los socialistas no
dejaron de crecer. El partido fue legalizado al retirarse Bismarck del poder.
El año clave para el partido fue 1891 cuando se celebró el Congreso de
Erfurt. La formación adoptó el nombre que conserva hoy en día, SPD.
El Programa de Gotha fue sustituido por el de Erfurt.
El nuevo
programa del partido era claramente marxista, pretendiéndose el cambio
revolucionario del capitalismo, como formalmente defendió uno de sus
principales líderes, Karl Kautsky, con el apoyo mayoritario de la formación.
Pero, en la práctica, el SPD se encaminó hacia un claro reformismo. El partido
luchó por mejorar las condiciones laborales y de vida de los obreros alemanes,
participando activamente en el juego político electoral y parlamentario. El
partido se burocratizó y terminó en manos de unos cuadros que defendieron la
organización antes que emprender acciones que hicieran peligrar su existencia,
pero también fueron innegables las conquistas sociales ganadas gracias a su
creciente influencia política. Uno de los teóricos del partido, Eduard
Bernstein, pretendió acomodar, a través del revisionismo, el programa oficial
del partido, claramente marxista, con la práctica real del mismo, pero no tuvo
éxito frente al sector mayoritario. Por fin, otro grupo deseaba reorientar al
partido en un sentido claramente revolucionario. En esta idea se encontraban
Karl Liebcknecht y Rosa Luxemburgo. Estaríamos ante el origen del posterior
partido comunista alemán.
En las
primeras elecciones legislativas en las que el partido participó se obtuvieron
35 diputados. En la última década del siglo XIX se expandió con mucha fuerza. Publicaba
diversos periódicos y seminarios, puso en marcha organizaciones sindicales,
asociaciones culturales, clubs deportivos, teatros, coros, etc.., casi una
sociedad paralela en Alemania, sirviendo como modelo para todo el socialismo
occidental. A principios del siglo XX, llegó a los 400.000 afiliados, cifra que
se elevó a 1.700.000 militantes en 1912. En ese mismo año se convirtió en la
primera fuerza parlamentaria. Aunque el socialismo había condenado la guerra en
la II Internacional, el SPD apoyó la participación de Alemania en la Primera
Guerra Mundial, votando en el parlamento los créditos necesarios para poner en
marcha la maquinaria militar.
Fuente: www.nuevatribuna.es

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