No sólo son los políticos gobernantes
XXXIV
aniversario de la Constitución Española
Artículos de
Opinión | por Pascual Serrano | 11-12-2012 |
El 6 de
diciembre fue el XXXIV aniversario de la Constitución Española, la establishment
político lo celebró con el habitual boato. La ley española más importante
establece como valor superior del ordenamiento jurídico la justicia y la
igualdad (artículo 1) y afirma que todas “las personas tienen derecho a obtener
la tutela efectiva de los jueces (…) sin que, en ningún caso, pueda producirse
indefensión” (artículo 24). Mientras tanto el gobierno ya ha aprobado las
tasas, es decir, lo que hemos de pagar por hacer uso de ese derecho.
La
Constitución garantiza el derecho de todos a la educación (artículo 27), pero
las familias no solo deben pagar libros, transporte, matrículas y material
escolar; sino que a algunos de estos conceptos incluso el estado le suma un
impuesto del 21% de IVA.
También se
señala que “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de
acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo
inspirado en los principios de igualdad y progresividad (…)” (artículo 31).
Pero sabemos que las grandes fortunas colocan su dinero en fondos de inversión
que pagan un impuesto mínimo, que muchas empresas y bancos logran operar a
través de paraísos fiscales y evitar a Hacienda, que el impuesto que grava el
trabajo es mayor que el que grava los beneficios empresariales, y que no ha
dejado de aumentar el IVA, el impuesto que no tiene nada de progresivo puesto
que es igual para el rico y para el pobre.
La Carta
Magna establece que “todos los españoles tienen el deber de trabajar y el
derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a
través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus
necesidades y las de su familia...” (artículo 35). Pero ya son casi cinco
millones los que no tienen ese derecho, y miles los que deben recurrir a
comedores sociales y bancos de alimentos para poder sobrevivir con sus
familias. También se dice que “los poderes públicos mantendrán un régimen
público de Seguridad Social para todos los ciudadanos, que garantice la
asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente
en caso de desempleo” (artículo 41), pero ya nadie tiene cubierto la totalidad
del coste de sus medicinas, la sanidad ya no es universal para todas las
personas y no existe cobertura del desempleo para millones de familias. La
conmemorada ley también establece que “todos los españoles tienen derecho a
disfrutar de una vivienda digna” (artículo 47), mientras, según los jueces,
desde que se comenzó la crisis, se han iniciado 400.000 procesos de desahucios.
Como afirmó
el coordinador general de Izquierda Unida, Cayo Lara, no se entiende que los
gobernantes brinden por una Constitución que se incumple. Incluso el debate
sobre su reforma es absurdo y cínico. ¿Qué más da que exista o quiten el
artículo que garantiza la vivienda o el que garantiza el trabajo? Un estado de
Derecho es aquel que se desarrolla bajo el imperio de la ley, si la ley más
importante del país establece esos derechos y luego no se garantiza su
cumplimiento no cabe otra conclusión que declarar que no vivimos en un estado
de Derecho. ¿Quién debe garantizar el cumplimiento de la ley? Alguien dirá que
los jueces, pero nuestros jueces están infestados del franquismo hasta el
tuétano, es el poder que menos se ha regenerado desde la dictadura como hemos
podido comprobar en la sentencia contra Baltasar Garzón por querer investigar
los crímenes del franquismo. El error es pensar que la democracia consiste en
votar cada cuatro años y luego dejar que otros gestionen nuestros derechos y
libertades. El resultado salta a la vista: atropellos de libertades,
desprotección laboral, incumplimiento de derechos, saqueo del Estado... En
pocas palabras, todo lo que estemos dispuestos a permitir por acción o por
omisión.
La escena
más simbólica del día 6 de diciembre fue la del líder y secretario general del
PSOE durante la celebración en el Senado. Mientras un grupo de trabajadores
protestaba en los alrededores, Rubalcaba comenta ante el micrófono: “hay un
ruido horrible”. Sí, un ruido horrible, es del pueblo al que se le niegan los
artículos de la Constitución, pero para ellos son solo eso, un ruido horrible.
Son muchos
los que centran su indignación en los gobernantes. No les falta razón, pero
corresponsables de esos gobernantes son todos los que les han votado. Ese
vecino, ese familiar y ese compañero de trabajo que votó primero al PSOE, luego
el PP y ahora en las elecciones autonómicas repite o vota a un partido
autonómico que apoya a los dos grandes, es el que está legitimando desde los
recortes sociales a la represión policial o los desahucios de los bancos. Por
eso debemos ser valientes para decírselo en el ascensor, en la oficina y en la
comida familiar navideña. En países donde los gobiernos están cambiando el
dominio del mercado sobre los ciudadanos, como en Venezuela, los partidarios de
la derecha que quieren que se mantenga el poder de los poderosos no dudan en
entrar en conflicto social con los votantes de la izquierda. Por eso nos
cuentan con pretensión de tragedia y responsabilizando a los gobiernos
progresistas, que la ciudadanía está dividida, que hay un conflicto social
preocupante. Claro que lo hay. Y lo debe haber. En España nos limitamos a
responsabilizar e insultar a los gobernantes que salen en la televisión, sin
dar el paso necesario de señalar con el dedo a todos esos que les sostienen con
sus votos. Los infames gobernantes con cinismo e inteligencia responden, con
razón, que a ellos les han votado los ciudadanos. Por tanto, busquemos a esos
ciudadanos y digámosles que las tropelías de nuestros gobernantes las pueden
hacer porque ellos, con su voto, los han legitimado.
Evidentemente
no es agradable, es más cómodo dirigirse al busto parlante del político que
aparece en televisión o compartir con esos votantes el comentario de
indignación en el autobús en lugar de preguntarle a quién votó, por si, por su
culpa, tenemos ese gobierno. Pero para conquistar derechos hay que enemistarse
con quienes colaboran para que te los roben.
Fuente: www.pascualserrano.net

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