Hay que enterrar el cadáver insepulto de la constitución
Artículos de
Opinión | Emilio Pizocaro | 03-12-2012 |
El hedor ha
traspasado los muros de palacio alcanzado los confines del reino. Una noche del
verano del 2011 doña Constitución recibió un golpe mortal de parte de dos
supuestos hidalgos; Zapatero y Rajoy. Desde ese día no se ha podido recuperar.
Fue rematada con sucesivas puñaladas en forma de salvajes recortes a los
derechos sociales por el partido de turno en el poder. Hoy doña Constitución
yace sin vida.
La pregunta
es, ¿porque no se ha enterrado el cadáver de este instrumento jurídico que
debería ser la casa de todos ? O dicho de otra manera ¿quienes sostienen el
“ancien régime” y su difunta constitución?
Los hechos
dan testimonio del pacto no escrito entre la “clase política” y los señores de
la banca. Este compromiso, articulado a la sombra de los sables en la
transición, ha vivido alimentado por más de 30 años de argamasa y ladrillos.
El maridaje
entre la “clase política” y la banca es innegable. España es el país que con
más desfachatez muestra las desnudeces del poder constituido. La puerta
giratoria entre los cargos políticos y los directivos de la finanzas está a la
vista de todo el que quiera mirar. Como decía cierto personaje “son los
mismos”. Exacto, son los mismo que se repiten una temporada en el Partido y la
siguiente en el Banco o en la Caja. El ejemplo paradigmático es Rodrigo Rato.
Solo hace una semana ha sido protegido de la comisión de investigación de
Bankia por un acuerdo entre el PP y el PSOE.
Pocos son
los integrantes de la “clase política” que se salvan. La corrupción nuevamente
salpica al PP, al PSOE y a CIU en Andalucía, Cataluña, Madrid y en un largo
etcétera de comarcas. Pero, cuidado… hay que decir toda la verdad, porque en la
miel todo se pega. Los consejeros de las Cajas nombrados por la dirigencia de
los dos sindicatos mayoritarios y por la izquierda institucional tampoco se
salvan. Lamentablemente han servido de auxiliares y parientes pobres del
sistema.
Al régimen
le llego la postrera hora. El pacto de la transición ha muerto en beneficio de
las finanzas, colocando en evidencia la incapacidad histórica de las
oligarquías de Hispania para producir desarrollo y progreso sostenido.
La
especulación inmobiliaria con sus ponzoñosas secuelas en recorte de derechos sociales
nos demandan que enterremos de una vez por toda la constitución . Esta ya tiene
muy mal olor. Para el sepelio necesitamos a todo el pueblo como protagonista de
una revolución democrática que saque limpiamente a los privilegiados del
régimen.
En realidad
la actual dispersión de la luchas ciudadanas , no son de por sí un hecho
negativo. Todas las manifestaciones desenmascaran el desprestigiado tinglado
del sistema , pero las acciones desperdigadas están mostrado ser insuficientes.
El empeño es histórico y de largo aliento, La alternativa es conquistar una
democracia real y para ello es necesario terminar definitivamente con lo que el
filósofo francés, Alain Badiou, llama el capital-parlamentarismo.El camino está
claro. Al poder constituido de la “partitocracia” hay que oponer el poder
constituyente de un pueblo organizado que lucha por un cambio democrático del
sistema. Ha llegado la hora de una coordinación que permita pasar otro nivel de
eficacia en el combate.
Articular un
movimiento social para una revolución democrática, popular y plurinacional es
ahora un imperativo. Este no puede ser una “operación política”. Decirlo de esa
manera es restar entidad y perspectiva al movimiento.
De lo que se
trata, es construir un Proyecto Político que ilusione , que inspire una gran
cambio de modelo económico y político. Un proyecto que permita al pueblo la
posibilidad de elegir en el sentido más amplio del termino y que no delegue en
supuestos “representantes” las grandes decisiones que nos atañen a todos y todas.
Un proyecto
revolucionario que incluya a la gran mayoría. Más allá de diferencias,
identidades , parcelas o parroquias. En este movimiento no sobra nadie. Para
derrotar a las fuerzas del capital, de la inercia y de los administradores del
sistema hay que tener mucho músculo.
El
movimiento deberá recoger la experiencia secular de nuestros pueblos. También
deberán tener un lugar destacado los nuevos movimientos nacidos hace apenas año
y medio. Ellos nos han vuelto ha enseñar que la épica del cambio revolucionario
está en la lucha en la calles y no en las moquetas del parlamento.
La ética de
un movimiento democrático-revolucionario y por ello “constituyente” de una
nueva realidad político-social para los pueblos de España debe ser intachable.
Aquellos que se dicen transformadores no solo deben actuar como incorruptibles
sino que deben ser incorruptibles.
Todavía
queda mucho camino por delante, será duro. Adelantarse o atrasarse puede
resultar mortal para las fuerzas del cambio. Y doña Constitución merece un entierro
con todas las de la ley.

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