Sin otros crimen, con toros arte
Cuando aplaudimos lo mismo que condenamos.
Artículos de
Opinión | Julio Ortega Fraile | 06-12-2012 |
Querido
ciudadano, le ruego que piense en estas tres posibilidades:
Transmitir a
la infancia que la violencia con seres vivos es un recurso legítimo y digno de
ser preservado. Convertir en espectáculo y negocio el sufrimiento psíquico y
físico de una criatura con plena capacidad para sentir miedo y dolor. Utilizar
dinero de los presupuestos para subvencionar actividades generosas en
agresividad, sangre y padecimiento.
¿Qué le
suscita cualquiera de ellas? Estoy casi convencido que rechazo. ¿Y si las
combinamos entre sí? Por ejemplo:
Permitir y
hasta fomentar que los niños acudan a actos en los que alguien sufre y muere
como consecuencia de la violencia desatada contra él. Destinar fondos públicos
para dar a conocer ese tipo de acciones en los colegios inculcando a los
escolares que son beneficiosas y tratando de despertar su interés para
participar en ellas. Premiar con cargo a las arcas de la administración y
rendirles homenaje como si de héroes ejemplares se tratase, a los autores
materiales de episodios en los que un ser vivo es torturado hasta la muerte.
Ahora, al
combinarlas, aseguro que le suscitan rechazo, sin el “casi”.
La
tauromaquia reúne y mezcla todos los factores anteriormente citados: es
violenta, provoca sufrimiento, genera sangre, involucra a los niños y resulta
onerosa para los ciudadanos. Así que tanto desde la postura de padres
responsables como desde la de detractores de la crueldad o la de contribuyentes
inteligentes, la única respuesta que cabe ante su existencia es exigir su
prohibición absoluta e inmediata.
¿Exigirla
todos? Por supuesto que no, pero tampoco querrán abolir el tráfico de drogas o
de mujeres obligadas a prostituirse aquellos que se lucren con esas
actividades. En el resto, los que no son narcotraficantes, proxenetas o toreros
(incluyo a banderilleros, a ganaderos, a dueños de plazas, a Vargas Llosa,
etc.) ¿hay otra actitud posible?
Y teniendo
en cuenta que no es legal vender cocaína ni retener a chicas en un club de
alterne, la tauromaquia contiene un elemento del que carecen las demás
actividades mencionadas: se protege económica y moralmente desde la
administración. Eso no la convierte en más perversa, pero sí habla de hasta qué
punto pueden hacer de la aberración su código de conducta los ciudadanos en
general y los políticos en particular, dando por bueno o cuando menos por no
preocupante lo que contiene todos los ingredientes de aquello que de no tener a
los animales como víctimas principales (los humanos, empezando por los niños,
son las secundarias), sería catalogado como un crimen, y nadie hablaría de
libertades ultrajadas, de “el que no quiera ir que no vaya” ni de nada por el
estilo, porque si hay una muerte planificada, un ejecutor y una víctima es un
crimen. Sin más vueltas

No hay comentarios:
Publicar un comentario