martes, 14 de enero de 2014

PERIODISMO CON “SÍNDROME DE ESTOCOLMO”

Parte de la profesión y de sus organizaciones profesionales se empeñan en seguir confiando la defensa del periodismo a los mismos dueños de los medios que los censuran.

España | Tercera Información/FESP | 13-01-2014 |  
El último informe de la APM, conocido el pasado diciembre, revela que 79,3% de los periodistas encuestados afirma haber recibido alguna presión para modificar el contenido o la orientación de alguna información y que en el 76.1% de los casos la presión ha provenido de la propia empresa.

El periodista Dardo Gómez ha publicado en el digital “Revista El observador” el artículo titulado “Dejemos de colaborar con quienes nos manipulan” donde señala, tras analizar los datos de la encuesta de la APM, que “El triste panorama que nos pinta el informe se hace casi doloroso, y hasta es posible que algún profesional de la salud mental encuentre tema de estudio si se comparan esas presiones denunciadas con lo que los mismos encuestados dicen que piensan sobre los valores que deben primar en el ejercicio de su profesión.”
En sus conclusiones el columnista propone fórmulas para superar esta lacra alimentada por las empresas y rechaza los organismos de autorregulación por su falta de utilidad.
Así, señala como salidas posibles, “Lo primero, superar el “síndrome de Estocolmo” que parece afectar a una gran parte de la profesión y a sus organizaciones profesionales que se empeñan en seguir creyendo que la defensa del periodismo se puede confiar a los dueños de los medios.
Resulta más que evidente que quienes están maltratando la profesión y censurando la libertad de información a los niveles que se denuncian no tienen ninguna capacidad ni, seguramente, intención de autorregular sus actuaciones.
Entonces, ¿a qué viene seguir mareando la perdiz inventando inútiles organismos de autorregulación?
Organismos que, en la práctica, solo están sirviendo para ofrecerles a los prevaricadores del Derecho a la Información un espacio para disimular su impudicia. Lo segundo, asumir que sin independencia en el interior de las redacciones nunca se alcanzarán las condiciones necesarias para cumplir con la responsabilidad de informar que nos ha confiado la sociedad.
Una independencia que solo es alcanzable mediante la regulación legal de la profesión que, por un lado, asimile laboralmente a todos los periodistas y deje de discriminar a los falsos “colaboradores” y, por otro, imponga la existencia necesaria de “consejos profesionales” con capacidad para denunciar a través de los mismos medios a que pertenecen la vulneraciones al derecho a la información, como ya existe en otros países europeos.
Puesto en román paladino: que dejemos de ser tontos; que miremos a la cara a los culpables del desmán, que sabemos bien quiénes son; y que nos comprometamos y obliguemos a nuestras organizaciones a tomar partido en la búsqueda de fórmulas eficaces para ponerle coto a tanto desmán.
Todo lo demás, es complicidad (consciente o inconsciente) con los torturadores de la profesión.
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