Artículos de
Opinión | Marta Castillo* | 14-01-2014 |
¿Sirven para
algo las huelgas? ¿Merece la pena organizarse? ¿Tienen efecto las
manifestaciones? En definitiva, ¿la lucha sirve? Los capitalistas europeos usan
a Grecia como ejemplo de que la respuesta a estas preguntas es “No”,
minimizando la importancia de la resistencia que el pueblo está mostrando bajo
el argumento de que, pese a ésta, el Gobierno está aplicando todas las medidas
que la Troika exige.
También hay
personas de la calle que opinan que organizarse y luchar es inútil porque los
de arriba harán lo que quieran. No es raro escuchar frases del tipo: “Mira
Grecia, después de tantas huelgas está en recesión por quinto año consecutivo”.
Según ellas, esto es una clara muestra de que sus más de 30 huelgas generales
no han servido. Nada más lejos de la realidad, como explicamos con cinco
argumentos a continuación.
Para
entender lo que la resistencia ha conseguido, tenemos que comparar la situación
actual en Grecia con la que existiría si las aspiraciones de la Troika se hubieran
cumplido, de no haberse topado con la respuesta de la gente. En 2010, su
objetivo de privatizaciones era de 50.000 millones de euros en cinco años, pero
no han logrado privatizar más de 2.000 millones al año. A diferencia del Estado
español, no han conseguido modificar la ley de desahucios, por lo que no puede
desalojarse a nadie de su residencia. Además, se han frenado muchos despidos
que el Gobierno pretendía imponer. La Troika misma empieza a hablar de
“cansancio en las reformas”, acusando al Gobierno de no haber implementado
todas las medidas y de no mostrar determinación para hacerlo. De hecho, en su
último viaje a Grecia no llegaron a ningún acuerdo.
Parando la
austeridad
Dependiendo
de la fuerza y grado de organización de los sectores, el nivel de ataques ha
sido diferente. Los trabajadoras y trabajadoras de las oficinas municipales
frenaron uno de los paquetes de austeridad del Gobierno hace dos años mediante
una huelga indefinida y desde entonces éste no se ha atrevido a tocar al
sector.
Por otra
parte, en las últimas olas de despidos en los ministerios, el Gobierno hizo un
esfuerzo por localizar grupos de trabajadores que no tuvieran una organización
sindical potente, evidenciando su miedo a las plantillas más organizadas.
Cada oleada
de resistencia ha debilitado al Gobierno, dificultándole más la aplicación del
próximo paquete de austeridad. Comenzaron con un Gobierno elegido con un 44% de
los votos en 2009; después de venirse abajo instauraron un Gobierno de
tecnócratas con un banquero como Primer Ministro, y cayó en pocos meses.
Formaron después un tripartito, teniendo que contar con parte de la izquierda,
que se desmembró el pasado junio, y desde entonces tienen claras dificultades
para cumplir sus objetivos con una mayoría de solo tres diputados en el
Parlamento.
Los dos
partidos del Gobierno, Nueva Democracia y Pasok, los dos principales partidos
durante décadas, según las encuestas, ahora no ganarían las elecciones, y Pasok
incluso tendría problemas para obtener representación parlamentaria. La crisis
política es histórica, y es resultado de la respuesta del pueblo.
La lucha no
es una obra de teatro de un solo acto. La clase trabajadora adquiere
experiencia cada día que lucha, encuentra nuevos métodos y se radicaliza. Así,
los trabajadores y trabajadoras ya no confían en las burocracias sindicales, no
cesan su lucha cuando estas lo deciden y tienen cada vez más conciencia de la
importancia de coordinar los distintos frentes.
Prueba de
ello es la resistencia de la plantilla de la Universidad de Atenas, que en el
momento en que se escribe este artículo está en su duodécima semana de huelga,
a pesar de que los tribunales la han declarado ilegal y de que el Gobierno
amenaza con enviar antidisturbios a abrir la Universidad.
En apoyo,
estudiantes han ocupado la Universidad. Han conseguido que el curso
universitario no haya comenzado aún, y que el rector de la Universidad de
Atenas y su equipo, junto con el de la Universidad de Salónica, hayan dimitido.
Además, la
plantilla se ha coordinado con ERT, la radio-TV pública, que ha ocupado sus
oficinas y autogestionado la emisión durante cinco meses, y que continúa
luchando pese a haber sido evacuada el 7 de noviembre.
Su
resistencia ha hecho que el Gobierno aún no haya logrado poner en marcha la
nueva cadena de TV que prometió. La coordinación de estas dos luchas hubiera
sido inimaginable hace unos años.
El Gobierno
que permitió el crecimiento del partido neonazi Amanecer Dorado ha sido forzado
a encarcelar a sus líderes y a imputar al partido. Esto ha ido de la mano del
cambio de discurso de los medios de comunicación mayoritarios. Este logro se
debe a la presión del movimiento antifascista, que se ha hecho fuerte en las
calles y que cada día impregna más el resto de las luchas.
Además, no
debemos perder la perspectiva a largo plazo. El único modo de erradicar la
austeridad y la pobreza es una revolución que acabe con el sistema, y el camino
hacia ella se construye con la lucha diaria.
*Marta
Castillo es militante de En lucha / En lluita

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