Existe una tendencia al cambio con la llegada de un
nuevo año. O al menos esa es la idea que ronda por la cabeza de la mayoría de
los ciudadanos los primeros días de este mes de enero. Luego, la mudanza a esa
nueva vida no depende de un número nuevo sino de la actitud de quien la vive. Y
también de todos aquellos que no permiten que tal cambio se produzca. Síntoma
inconfundible de que, una vez más, el entorno político se ha convertido en
preso de sus propias decisiones.
España
tiene un alto riesgo revolucionario. Según The Economist, España se sitúa en el
cuarto de un total de cinco niveles en los que miden la probabilidad de
revueltas ciudadanas.
El medio de publicación semanal británico, The
Economist, se saltó las festividades y regresó a la realidad: El malestar
social en gran parte del mundo.
The Economist Intelligence Unit (EUI), una empresa hermana del medio de comunicación, ha medido el riesgo de malestar social en 150 países de todo el mundo. España incluida.
The Economist Intelligence Unit (EUI), una empresa hermana del medio de comunicación, ha medido el riesgo de malestar social en 150 países de todo el mundo. España incluida.
Según dicha medición, el territorio gobernado por
Mariano Rajoy se sitúa en el cuarto de cinco niveles (de menor a mayor
probabilidad) de países con posibles tendencias a la revuelta.
Para la EUI, España forma parte de los 65 países (43% de los 150) que estarán con un riesgo alto o muy alto de malestar social en 2014. Acompañada de muchos otros como Camerún, Burkina Faso, Irán, Laos y una gran cantidad de estados que, por su nombre, se intuyen en situaciones peores que la nacional y sin embargo viajan en el mismo barco.
Para la EUI, España forma parte de los 65 países (43% de los 150) que estarán con un riesgo alto o muy alto de malestar social en 2014. Acompañada de muchos otros como Camerún, Burkina Faso, Irán, Laos y una gran cantidad de estados que, por su nombre, se intuyen en situaciones peores que la nacional y sin embargo viajan en el mismo barco.
Sin dinero ni valores
Tal y como cuenta The Economist, la disminución de los
ingresos y el alto desempleo no siempre son seguidos por disturbios. Por eso, a
pesar de que el telón de fondo común para muchos de estos países es la grave
crisis financiera del ejercicio 2008 – 2009, son las acciones políticas
posteriores, el mal gobierno y la pérdida de valores y derechos los que sitúan
a los españoles en un alto nivel de agitación.
Y aquí está la explicación. ¿Cómo es posible que
España se encuentre compartiendo asiento con Haití o México? O lo que es lo
mismo ¿Realmente este país está por encima en este malestar social que otros
como Taiwan, Colombia o Vietnam?
La respuesta está en la crisis, pero no económica sino de la democracia. Como si los españoles fuesen capaces de perdonar cualquier mala gestión que les deje sin las monedas necesarias para no tener deudas. Pero cuando se habla de dignidad, es diferente. La pérdida de la confianza en instituciones y gobiernos ha traído consigo una incertidumbre en países que, como España, no ven salida a su situación, no saben por dónde empezar y, sobre todo, temen el día en que todo empiece a ir mejor y comparen su situación actual con la que tuvieron cinco años atrás.
La respuesta está en la crisis, pero no económica sino de la democracia. Como si los españoles fuesen capaces de perdonar cualquier mala gestión que les deje sin las monedas necesarias para no tener deudas. Pero cuando se habla de dignidad, es diferente. La pérdida de la confianza en instituciones y gobiernos ha traído consigo una incertidumbre en países que, como España, no ven salida a su situación, no saben por dónde empezar y, sobre todo, temen el día en que todo empiece a ir mejor y comparen su situación actual con la que tuvieron cinco años atrás.
Todo ello supone un conjunto de sensaciones, avaladas
por leyes anticiudadanas y beneficios al rico en detrimento del pobre, que
colocan a España en el color naranja fuerte casi rojo. La zona cálida, la que
espera una gota que colme su vaso para pedir explicaciones a un gobierno que no
las da o, quién sabe, sustituir las pancartas y manifestaciones ‘acordadas’ por
la lucha y la movilización con la seguridad de que ya no hay nada que perder
porque ya se ha ido.
A esto se suma, inevitablemente, el pesimismo juvenil
de millones de estudiantes o recién licenciados que se sienten parte de aquello
que algún se comenzó llamando como ‘ni-ni’. A pesar de que ellos quieren
estudiar y trabajar.
No se puede olvidar, por desgracia, que las españolas
o residentes en este territorio tienen una nueva mordaza. Una que no se podrán
quitar de su zona más íntima cuando les digan: ‘Señora, está usted embarazada’.
También, España es el país que el resto de Europa añade en su lista negra. Y
eso debe doler, al menos a aquellos que aún se sienten parte de la historia de
un país que retrocede y nadie hace nada. De momento.

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