Ante
los abusos del PP, tenemos el deber de levantarnos, tenemos la obligación de
luchar por lo que ellos nos quieren quitar.
nuevatribuna.es
|Por José Antonio Gómez Hernández | 08 Enero 2014 - 00:00 h.
@joseangomhern | Cuando una larga serie de
abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia en
designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su
deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura
seguridad.
Hace más de
200 años que un grupo de hombres libres hizo esta declaración en un documento
que hoy es referente de, incluso, la Declaración de Derechos Humanos sobre la
que se sustancia la ONU. Vuelvo a repetir, hace más de dos siglos que estas
palabras fueron plasmadas por Thomas Jefferson en un documento que fue firmado
en la ciudad de Philadelphia por hombres como George Washington, John Adams,
Thomas Jefferson, Benjamin Franklin o John Adams, en el actual Independence
Hall, y que fue el embrión del nacimiento de los Estados Unidos. Lo que
realmente ocurre es que textos del pasado se hacen actuales en la situación
actual de España, la situación a la que nos está llevando el Partido Popular y,
en concreto, Mariano Rajoy, con sus políticas neoliberales y sus medidas
ultraconservadoras. Lo mismo ocurre con canciones del pasado, canciones de los
cantautores de los años 60 y 70, que se pueden escuchar en el entorno
sociopolítico actual y no desentonan.
Los abusos
hacia los españoles de Mariano Rajoy hacen imprescindibles medidas por parte de
la ciudadanía, casi obligan a los ciudadanos a retomar su soberanía, ese
concepto que tan pomposamente está recogido en la Constitución Española de 1978
en su artículo 1.2 al afirmar «La soberanía nacional reside en el pueblo
español, del que emanan los poderes del Estado» y que el Partido Popular nos
está hurtando de una manera casi obscena, del mismo modo en que lo haría un
dictador en un país donde la soberanía nacional reside en la persona del mismo
y no en el pueblo.
La
movilización ciudadana se hace imprescindible no ya tanto como un modo de
protesta o como un modo de canalizar el descontento sino como una manera de
terminar con este sufrimiento, con esta situación insostenible, con este
gobierno que está ejecutando la protección que el Estado debe dar a sus
ciudadanos.
El Partido
Popular está actuando como el alumno que quiere superar al profesor al precio
que sea al querer imponer las mismas medidas que en los años 80 implementó
Margaret Thatcher con la misma excusa: la crisis económica. Rajoy y su partido
están haciendo lo mismo pero a lo bestia. Están entregando nuestros derechos,
esos derechos que están recogidos en la Constitución Española, a los intereses
privados como un nuevo nicho de negocio que explotar. El hecho de entregar esos
derechos (sanidad, educación, trabajo, vivienda, justicia) a intereses privados
es ya un ataque directo a la democracia, además de un atentado contra los
principios sobre los que se asienta el sistema político en el que el pueblo es
el soberano.
El partido ultraconservador
español está llevando a los ciudadanos a situaciones propias de la posguerra.
En la España actual más del 10% de su población está por debajo de los niveles
de pobreza extrema. En la España actual casi 3 millones de personas no tienen
ningún tipo de ingreso. En la España actual se está pasando hambre, millones de
niños solo pueden comer en sus colegios porque en su casa apenas pueden
alimentarse. En la España actual las autoridades expulsan de su hogar a las
víctimas de la usura de la banca. En la España actual los ciudadanos tienen que
buscar en los contenedores de basura el mínimo sustento para no morir de
hambre. En la España actual la salud de los ciudadanos se entrega a los
intereses de compañías privadas que van a convertir a los pacientes en
clientes. En la España actual la educación de nuestros jóvenes se entrega a las
necesidades de la Iglesia Católica o de la educación privada. En la España
actual el hijo de un obrero tiene imposible acceder a la educación
universitaria porque las tasas están equiparando la educación pública a la
privada. En la España actual se está atacando a la libertad de expresión,
reunión, manifestación de los ciudadanos con una legislación propia del
franquismo o del estalinismo. En la España actual se está atacando
constantemente a los derechos de las mujeres con esa reforma asquerosa de la
ley del aborto que un ministro ególatra y narcisista quiere imponer bajo los
auspicios de los sectores más ultras de la sociedad y que, además, son una
minoría. En la España actual se están permitiendo los abusos empresariales
hacia los trabajadores y el chantaje más burdo hacia éstos por el mero hecho de
que el trabajo, que es un derecho, se haya convertido en un privilegio. En la
España actual se permite que el Presidente del Gobierno mienta en el Congreso y
continúe en sus funciones. En la España actual se permite que el Presidente del
Gobierno siga en su cargo a pesar de ser también el presidente de un partido
político sospechoso de ser un nido de corrupción. Todo ello gracias a las
medidas del gobierno de Mariano Rajoy.
Mariano
Rajoy, su partido y la prensa mamporrera del Movimiento Genovés, justifican sus
medidas en la mayoría absoluta que le dio el resultado de las Elecciones
Generales de 2011 y en la soberanía popular. Esta afirmación es un insulto. El
pueblo habló y ahora debe callar. Así es como ve el PP el sistema democrático.
Piensan que se les ha dado un cheque en blanco para poner en marcha todas las
tropelías que han puesto en marcha, independientemente del daño que pueda
hacer. El pueblo habló y ahora debe callar. Eso no es así porque la democracia
está basada en la participación del pueblo en la vida política, por mucho que
las elecciones den un resultado o el contrario.
El principal
problema es que el Partido Popular no cree en la democracia, no cree en la
soberanía popular y por eso no acepta que los ciudadanos tengan voz propia.
Sólo acepta la sumisión. El gobierno impone y el pueblo calla porque ya tuvo su
oportunidad en las Elecciones Generales. No obstante, tienen miedo, tienen
mucho miedo a que el pueblo despierte. Por eso han aprobado las leyes que han
aprobado para evitarlo.
La nulidad
de respuesta del pueblo español ante todos estos atropellos, ante todos los
recortes y sus consecuencias es un modo de complicidad con el poder. El pueblo,
tal y como dice la Declaración de Independencia de Estados Unidos, no solo
tiene el derecho sino que está obligado a endurecer la protesta, que no la
queja, para provocar que esos gobernantes dejen de gobernarnos. No hablo de
revolución, porque ya no es tiempo de revoluciones, sino que hablo de que los
ciudadanos tenemos el poder efectivo, que no el poder legal. No podemos
permitir tener a un Presidente de Gobierno que ha legalizado la mentira como
modo de gobierno. No podemos permitir que nadie, por mucho que tenga la
legitimidad de los votos, nos robe los derechos por los que tanta gente se dejó
la vida. Pero para eso es necesaria la protesta, intensificar la protesta,
llenar las calles día a día, porque la calle es nuestra, por mucho que dijera
Fraga lo contrario, y desde la calle se ganan más derechos que desde el sillón
de casa o desde la queja tomando un café. Envidio de verdad a países como
Brasil, Ucrania, Thailandia, países en los que el pueblo se ha echado a la calle
y ha conseguido cambiar las tendencias y los abusos del poder hacia sus
ciudadanos.
Compañeros y
amigos extranjeros me preguntan que cómo es posible que con lo que está
haciendo Mariano Rajoy con su pueblo España no está ardiendo, que no haya
barricadas en las calles, que no aparezcan cincuenta cajeros ardiendo cada día.
La respuesta es fácil: el pueblo español ha entregado la cuchara antes de
comenzar la batalla. ¿Somos un pueblo de cobardes? Creo que no, pero sí que
somos un pueblo resignado, un pueblo que se queja pero que no protesta. Antes
los abusos del PP tenemos el deber de levantarnos, tenemos la obligación de
luchar por lo que ellos nos quieren quitar. En países no muy lejanos, como
Francia, por menos de la mitad de los abusos de Rajoy hacia el pueblo el país
se hubiera levantado. Aquí no, y, por tanto, el pueblo es responsable.
Voy a
finalizar el artículo con una parte del guión de la película V de Vendetta
donde se sustancia parte de lo explicado anteriormente:
"¡Buenas
tardes, Londres! Permitid que, primero, me disculpe por esta interrupción. Yo,
como muchos de vosotros, aprecio la comodidad de la rutina diaria, la seguridad
de lo familiar, la tranquilidad de la monotonía. A mí, me gusta tanto como a
vosotros. Pero con el espíritu de conmemorar los importantes acontecimientos
del pasado, normalmente asociados con la muerte de alguien o el fin de alguna
terrible y sangrienta batalla y que se celebran con una fiesta nacional, he
pensado que podríamos celebrar este 5 de noviembre, un día que, lamentablemente,
ya nadie recuerda, tomándonos 5 minutos de nuestra ajetreada vida para
sentarnos y charlar un poco. Hay, claro está, personas que no quieren que
hablemos. Sospecho que, en este momento, estarán dando órdenes por
teléfono, y que hombres armados ya vienen de camino. ¿Por qué? Porque
mientras pueda utilizarse la fuerza, ¿para qué el diálogo? Sin embargo, las
palabras siempre conservarán su poder, las palabras hacen posible que algo tome
significado y, si se escuchan, enuncian la verdad. Y la verdad es, que en
este país, algo va muy mal, ¿no? Crueldad e injusticia, intolerancia y
opresión. Antes tenías libertad para objetar, para pensar y decir lo que
pensabais. Ahora, tenéis censores y sistemas de vigilancia que os coartan para
que os conforméis y os convirtáis en sumisos. ¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Quién
es el culpable? Bueno, ciertamente, unos son más responsables que otros. Y
tendrán que rendir cuentas. Pero, la verdad sea dicha, si estáis buscando un
culpable, sólo tenéis que miraros al espejo. Sé por qué lo hicisteis, sé que
teníais miedo ¿Y quién no? Guerras, terror, enfermedades. Había una
plaga de problemas que conspiraron para corromper vuestros sentidos y sorberos
el sentido común. El temor pudo con vosotros y, presas del pánico, acudisteis al
actual líder, Adam Sutler. Os prometió orden, os prometió paz. Y todo cuanto os
pidió a cambio fue vuestra silenciosa y obediente sumisión. Anoche intenté
poner fin a ese silencio. Anoche destruí el Old Bailey para
recordar a este país lo que ha olvidado. Hace más de cuatrocientos años un gran
ciudadano deseó que el cinco de noviembre quedara grabado en nuestra memoria.
Su esperanza era hacer recordar al mundo que justicia, igualdad y libertad
son algo más que palabras; son metas alcanzables. Así que si no abrís los
ojos, si seguís ajenos a los crímenes de este gobierno, entonces os sugiero que
permitáis que el cinco de noviembre pase sin pena ni gloria. Pero si veis lo
que yo veo, si sentís lo que yo siento y si perseguís lo que yo persigo,
entonces, os pido que os unáis a mí, dentro de un año, ante las puertas del
parlamento Y juntos, les haremos vivir un cinco de noviembre que jamás, jamás
nadie olvidará.
Lo que
estamos logrando con el entreguismo popular es perder la soberanía popular. El
camino que nos mostraron escritores como Orwell, Zamiatin, Huxley o Bradbury
puede llegar a España si no le ponemos remedio. Nosotros tenemos la fuerza,
utilicémosla porque es nuestro deber como ciudadanos.
Fuente: www.nuevatribuna.es

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