martes, 14 de enero de 2014

CARMINA

"A esta luchadora que fue mi abuela, queremos hoy recordar; Una mujer que, como tantas otras, fue moldeada por la dureza de nacer entre hoces y azadas, parte de un pueblo que, en los principios del siglo XX, tal y como sus padres hicieron con ella, alumbraba una esperanza y comenzaba a despertar, preparándose para romper las cadenas que durante tantos años los había atenazado."
Memoria Histórica | Antonio López Linares | 13-01-2014 |

 
En primer lugar me gustaría agradecer vuestra presencia en el acto de homenaje a mi abuela, vi muchas caras que reconozco como cercanas, compañeras en la trayectoria vital de nuestra familia, manos amigas que han compartido la alegría de la vida y nunca han dudado en estar ahí para sostenernos en los momentos que ésta nos golpeaba, para no dejarnos caer, para seguir luchando. Gracias Manolo, Arjona, Emi, Iván, Leo, Mery, que nos habéis acompañado en estos últimos días.
Y a esta luchadora que fue mi abuela, queremos hoy recordar; Una mujer que, como tantas otras, fue moldeada por la dureza de nacer entre hoces y azadas, parte de un pueblo que, en los principios del siglo XX, tal y como sus padres hicieron con ella, alumbraba una esperanza y comenzaba a despertar, preparándose para romper las cadenas que durante tantos años los había atenazado. No tardo esa batalla en llegar, inspirada por sus hermanos abrazó la bandera de la libertad, y supo, demasiado joven, lo que significaba defenderla: Sufrió la cólera de aquellos que se negaron a aceptar la voluntad de un pueblo, conoció en sus carnes lo que significaba levantar el puño para pelear, le arrebataron a sus hermanos, encarcelaron a su compañero, a mi abuelo, la quisieron sumir en la pesadilla del franquismo, donde las envidias de los serviles no dejaban de señalar con inquina a aquellos que no habían podido doblegar. Pero, vivo ejemplo de su clase, nunca dobló las rodillas, con el coraje y la fuerza de quien tiene la razón, peleó, peleó y peleó. Cuando muchas mujeres era arrojadas al olvido y al silencio de la cárcel del nacional catolicismo, ella, madre coraje, saltó a los caminos de Asturies con su furgoneta para abrir los caminos que le habían cerrado; Trajo vida, encarnada en sus cuatro hijas, fue fiel compañera hasta los últimos momentos de mi abuelo, y cuando éste se fue, aseguró que nunca sus hijas pasaran por más dificultades de las que ella pudiese evitar…
Y pasaron los años, llegamos nosotros, sus nietos y, tal y como había hecho con sus hijas, siguió luchando por nosotros. Se convirtió en nuestra segunda madre, su casa era la nuestra, sus esfuerzos, para nosotros. Nunca tuvo pereza, no conocí una queja o un lamento por su parte, siempre dispuesta a prepararnos uno tortos de maíz para desayunar, llevarnos a la playa, a la feria de muestras, a Sellañu, hacernos esa fabada como sólo ella sabía… Y a educarnos, su casa era el centro de reunión familiar, su figura el nexo de unión entre tantos caracteres diferentes, nuestra matriarca que siempre tenía la palabra adecuada para que cada uno de nosotros se sintiese confortable a su lado.
La güeli siempre estaba allí. Crecimos a su lado, conocimos a nuestro abuelo a través de ella, nos enseñó nuestros orígenes, nos transmitió sus ilusiones: Siempre recordaré como me contaba, en aquellas noches donde ella y yo nos quedábamos sólos de cháchara, las travesuras de su infancia, el amor por los suyos, el recuerdo de la ilusión republicana, su odio hacia aquellos que tanto nos habían hecho sufrir, cuando, por la tele, salían los torturadores que se visten de demócratas, o aquellos que traicionaron a las ideas por las que los suyos lucharon. Aprendí la firmeza que dan las convicciones, aquellas que no hace falta estudiar, sino que son innatas, que siempre están ahí, el instinto de clase que todos los trabajadores tenemos. La escuchaba con ahínco, con orgullo de ver, que aquella figura pequeña, que parecía frágil, tan buena conmigo, fuese capaz de enseñarme en toda conversación lo que significaba ser su nieto.
Y llegó la enfermedad, ella, que tanto recordaba, que era nuestra memoria, fue condenada a olvidar, a que los suyos se convirtiesen en extraños a sus ojos, a borrarse como persona… Pero lo que no pudo la enfermedad jamás, fue arrancar de su lado el cariño de los suyos, hasta el último minuto estuvo rodeada de aquello que había sembrado, de su amor por nosotros, de su dedicación plena.
El final de su camino llegó en ese silencio de aquellos que han vivido con mayúsculas, tranquila, sin cuentas pendientes, se une a nuestra memoria, ahí donde permanecen mi abuelo, mi tía y mi madre. En esa memoria que nos recuerda cada día que la tierra es leve, y que debemos ser dignos continuadores de su obra callada: Su amor, su lucha, su ejemplo, nos servirá de aliento para continuar.
Gracies güelina, camarada, no te preocupes que algún día los curas y frailes saldrán al campo pidiendo libertad.
Gracias por acompañarnos en la despedida de Carmen Calleja Bode Nos deja una matriarca, de pequeño tamaño y de gran estatura simbólica a los 93 años, atacada por la enfermedad de la desmemoria, pero recordada con fuerza por su entorno familiar amplio.
Estos días, con ocasión de los 20 años del levantamiento indígena en Chiapas, se ha recordado a la Comandanta Ramona, y hay un parecido innegable entre ambas mujeres. Similares en tamaño. Parecidas en la capacidad de lucha. Además, la familia Calleja tiene en México ramificaciones: exiliados obligados por el franquismo, cuya represión padeció abondo la extensa familia García Calleja. Carmen enviudó joven: su compañero Laureano que había hecho la guerra como correspondía en el bando legal, sufrió inmediata detención a su regreso a casa debido a la denuncia de los caciques de la zona, los Tejuca, y a la fuerza tuvo que repetir dos años de mili en el bando faccioso, y a su término seguir marcado como rojo e imposibilitado de conseguir trabajo, que hubo de buscar en túneles en Cantabria, hasta quedar silicoso en grado extremo, dejando toda la responsabilidad de cuidar a sus cuatro hijas a Carmen, quien desarrollaría en el medio hostil del franquismo todas sus inventivas para sobrevivir y no dejar pasar nunca hambre a su gente.
La cárcel de Cangas de Onís, ahora convertida en Casa de Cultura, y otros recintos represivos, tienen huella de la persecución a la familia. Nada extraño es por tanto que toda mención a los cuerpos represivos, y especialmente los de uniforme verde, hayan tenido siempre el sentimiento de horror y desprecio por parte de toda la familia, y especialmente de Carmen.
La partida de Carmen ha estado precedida, hace pocos meses, de dos de sus hijas, Mari y Cruz, con lo que el dolor se acumula, y los recuerdos resultan más necesarios aún: de las hijas, de las ramas familiares, de la Vida que Carmen logró inspirar en lo cotidiano de los recovecos del concejo de Ponga y alrededores.
Hace pocas semanas despedíamos también a mi madre, en tierras extremeñas, y recordábamos una vida de lucha similar en muchos aspectos a la de Carmina, y unos últimos años en que también se hermanaban en la enfermedad terrible de la desmemoria.. una enfermedad que parece la mayor de las cómplices de la maldita Impunidad.
¿cuánto recuerdo acumulaba Carmina antes de que su cerebro se desmemoriara? ¿cuánto ha quedado sin trasladar a la memoria colectiva de sus hijas y nietos? ¿cuánta impunidad pendiente de resolver para con las injusticias a mansalva cometidas por los que destrozaron la legítima y esperanzadora segunda República?
Consecuente, referente, fortaleza de mujer de su tiempo, largo tiempo de vida, Carmen Calleja Bode, como otras tantas personas de nuestra Asturies, nos traslada para siempre el orgullo y el estigma de haber sido señalada como Roja.
Roja de la mejor estirpe rural asturiana, plena de elemental y sencillo anticlericalismo, nunca dejó de disfrutar con la música del himno de Riego, que escuchábamos antes, con la letra más popular.
Roja, como la rojinegra comandanta Ramona de la Chiapas Rebelde, que luchaba por tierra y libertad y contra el Mal-gobierno. La tierra, las plantas, las hierbas, los animales, han sido siempre centro de atención de Carmen, y si allá en México dicen que a quienes tienen la suerte de acudir a la escuelita zapatista les ponen a un Votán-Zapata, un guía , un protector, un sincretismo entre la espiritualidad indígena y el revolucionario mexicano que trasciende también en ese caballo de las películas, en las montañas y selvas mexicanas….aquí podríamos asimilarlo de parecida forma en esta despedida fraterna: Carmen nos ha dejado un 6 de enero del 2014, pero su fortaleza, similar a la del texu celta, o como la del carbayu asturiano, para luchar contra el neofranquismo y la injusticia, para luchar y lograr construir todos nuestros sueños, nos acompaña, nos guía, nos protege.
Muchas gracias.




No hay comentarios:

Publicar un comentario