"A
esta luchadora que fue mi abuela, queremos hoy recordar; Una mujer que, como
tantas otras, fue moldeada por la dureza de nacer entre hoces y azadas, parte
de un pueblo que, en los principios del siglo XX, tal y como sus padres
hicieron con ella, alumbraba una esperanza y comenzaba a despertar,
preparándose para romper las cadenas que durante tantos años los había
atenazado."
En primer
lugar me gustaría agradecer vuestra presencia en el acto de homenaje a mi
abuela, vi muchas caras que reconozco como cercanas, compañeras en la
trayectoria vital de nuestra familia, manos amigas que han compartido la
alegría de la vida y nunca han dudado en estar ahí para sostenernos en los
momentos que ésta nos golpeaba, para no dejarnos caer, para seguir luchando.
Gracias Manolo, Arjona, Emi, Iván, Leo, Mery, que nos habéis acompañado en
estos últimos días.
Y a esta
luchadora que fue mi abuela, queremos hoy recordar; Una mujer que, como tantas
otras, fue moldeada por la dureza de nacer entre hoces y azadas, parte de un
pueblo que, en los principios del siglo XX, tal y como sus padres hicieron con
ella, alumbraba una esperanza y comenzaba a despertar, preparándose para romper
las cadenas que durante tantos años los había atenazado. No tardo esa batalla
en llegar, inspirada por sus hermanos abrazó la bandera de la libertad, y supo,
demasiado joven, lo que significaba defenderla: Sufrió la cólera de aquellos
que se negaron a aceptar la voluntad de un pueblo, conoció en sus carnes lo que
significaba levantar el puño para pelear, le arrebataron a sus hermanos,
encarcelaron a su compañero, a mi abuelo, la quisieron sumir en la pesadilla
del franquismo, donde las envidias de los serviles no dejaban de señalar con
inquina a aquellos que no habían podido doblegar. Pero, vivo ejemplo de su
clase, nunca dobló las rodillas, con el coraje y la fuerza de quien tiene la
razón, peleó, peleó y peleó. Cuando muchas mujeres era arrojadas al olvido y al
silencio de la cárcel del nacional catolicismo, ella, madre coraje, saltó a los
caminos de Asturies con su furgoneta para abrir los caminos que le habían
cerrado; Trajo vida, encarnada en sus cuatro hijas, fue fiel compañera hasta
los últimos momentos de mi abuelo, y cuando éste se fue, aseguró que nunca sus
hijas pasaran por más dificultades de las que ella pudiese evitar…
Y pasaron
los años, llegamos nosotros, sus nietos y, tal y como había hecho con sus
hijas, siguió luchando por nosotros. Se convirtió en nuestra segunda madre, su
casa era la nuestra, sus esfuerzos, para nosotros. Nunca tuvo pereza, no conocí
una queja o un lamento por su parte, siempre dispuesta a prepararnos uno tortos
de maíz para desayunar, llevarnos a la playa, a la feria de muestras, a
Sellañu, hacernos esa fabada como sólo ella sabía… Y a educarnos, su casa era
el centro de reunión familiar, su figura el nexo de unión entre tantos
caracteres diferentes, nuestra matriarca que siempre tenía la palabra adecuada
para que cada uno de nosotros se sintiese confortable a su lado.
La güeli
siempre estaba allí. Crecimos a su lado, conocimos a nuestro abuelo a través de
ella, nos enseñó nuestros orígenes, nos transmitió sus ilusiones: Siempre
recordaré como me contaba, en aquellas noches donde ella y yo nos quedábamos
sólos de cháchara, las travesuras de su infancia, el amor por los suyos, el
recuerdo de la ilusión republicana, su odio hacia aquellos que tanto nos habían
hecho sufrir, cuando, por la tele, salían los torturadores que se visten de
demócratas, o aquellos que traicionaron a las ideas por las que los suyos
lucharon. Aprendí la firmeza que dan las convicciones, aquellas que no hace
falta estudiar, sino que son innatas, que siempre están ahí, el instinto de
clase que todos los trabajadores tenemos. La escuchaba con ahínco, con orgullo
de ver, que aquella figura pequeña, que parecía frágil, tan buena conmigo,
fuese capaz de enseñarme en toda conversación lo que significaba ser su nieto.
Y llegó la
enfermedad, ella, que tanto recordaba, que era nuestra memoria, fue condenada a
olvidar, a que los suyos se convirtiesen en extraños a sus ojos, a borrarse
como persona… Pero lo que no pudo la enfermedad jamás, fue arrancar de su lado
el cariño de los suyos, hasta el último minuto estuvo rodeada de aquello que
había sembrado, de su amor por nosotros, de su dedicación plena.
El final de
su camino llegó en ese silencio de aquellos que han vivido con mayúsculas,
tranquila, sin cuentas pendientes, se une a nuestra memoria, ahí donde
permanecen mi abuelo, mi tía y mi madre. En esa memoria que nos recuerda cada
día que la tierra es leve, y que debemos ser dignos continuadores de su obra
callada: Su amor, su lucha, su ejemplo, nos servirá de aliento para continuar.
Gracies
güelina, camarada, no te preocupes que algún día los curas y frailes saldrán al
campo pidiendo libertad.
Gracias por
acompañarnos en la despedida de Carmen Calleja Bode Nos deja una matriarca, de
pequeño tamaño y de gran estatura simbólica a los 93 años, atacada por la
enfermedad de la desmemoria, pero recordada con fuerza por su entorno familiar
amplio.
Estos días,
con ocasión de los 20 años del levantamiento indígena en Chiapas, se ha
recordado a la Comandanta Ramona, y hay un parecido innegable entre ambas
mujeres. Similares en tamaño. Parecidas en la capacidad de lucha. Además, la
familia Calleja tiene en México ramificaciones: exiliados obligados por el
franquismo, cuya represión padeció abondo la extensa familia García Calleja.
Carmen enviudó joven: su compañero Laureano que había hecho la guerra como
correspondía en el bando legal, sufrió inmediata detención a su regreso a casa
debido a la denuncia de los caciques de la zona, los Tejuca, y a la fuerza tuvo
que repetir dos años de mili en el bando faccioso, y a su término seguir
marcado como rojo e imposibilitado de conseguir trabajo, que hubo de buscar en
túneles en Cantabria, hasta quedar silicoso en grado extremo, dejando toda la
responsabilidad de cuidar a sus cuatro hijas a Carmen, quien desarrollaría en
el medio hostil del franquismo todas sus inventivas para sobrevivir y no dejar
pasar nunca hambre a su gente.
La cárcel de
Cangas de Onís, ahora convertida en Casa de Cultura, y otros recintos
represivos, tienen huella de la persecución a la familia. Nada extraño es por
tanto que toda mención a los cuerpos represivos, y especialmente los de
uniforme verde, hayan tenido siempre el sentimiento de horror y desprecio por
parte de toda la familia, y especialmente de Carmen.
La partida
de Carmen ha estado precedida, hace pocos meses, de dos de sus hijas, Mari y
Cruz, con lo que el dolor se acumula, y los recuerdos resultan más necesarios
aún: de las hijas, de las ramas familiares, de la Vida que Carmen logró
inspirar en lo cotidiano de los recovecos del concejo de Ponga y alrededores.
Hace pocas semanas despedíamos también a mi madre, en
tierras extremeñas, y recordábamos una vida de lucha similar en
muchos aspectos a la de Carmina, y unos últimos años en que también se
hermanaban en la enfermedad terrible de la desmemoria.. una enfermedad que
parece la mayor de las cómplices de la maldita Impunidad.
¿cuánto
recuerdo acumulaba Carmina antes de que su cerebro se desmemoriara? ¿cuánto ha
quedado sin trasladar a la memoria colectiva de sus hijas y nietos? ¿cuánta
impunidad pendiente de resolver para con las injusticias a mansalva cometidas
por los que destrozaron la legítima y esperanzadora segunda República?
Consecuente,
referente, fortaleza de mujer de su tiempo, largo tiempo de vida, Carmen
Calleja Bode, como otras tantas personas de nuestra Asturies, nos traslada para
siempre el orgullo y el estigma de haber sido señalada como Roja.
Roja de la
mejor estirpe rural asturiana, plena de elemental y sencillo anticlericalismo,
nunca dejó de disfrutar con la música del himno de Riego, que escuchábamos
antes, con la letra más popular.
Roja, como
la rojinegra comandanta Ramona de la Chiapas Rebelde, que luchaba por tierra y
libertad y contra el Mal-gobierno. La tierra, las plantas, las hierbas, los
animales, han sido siempre centro de atención de Carmen, y si allá en México
dicen que a quienes tienen la suerte de acudir a la escuelita zapatista les
ponen a un Votán-Zapata, un guía , un protector, un sincretismo entre la
espiritualidad indígena y el revolucionario mexicano que trasciende también en
ese caballo de las películas, en las montañas y selvas mexicanas….aquí
podríamos asimilarlo de parecida forma en esta despedida fraterna: Carmen nos
ha dejado un 6 de enero del 2014, pero su fortaleza, similar a la del texu
celta, o como la del carbayu asturiano, para luchar contra el neofranquismo y
la injusticia, para luchar y lograr construir todos nuestros sueños, nos
acompaña, nos guía, nos protege.
Muchas
gracias.

No hay comentarios:
Publicar un comentario