Artículos de
Opinión | Miguel Diéguez Rodríguez | 14-05-2013 |
Que la
Universidad de Vigo está pensada para anular cualquier posible actividad
intelectual crítica, es algo que sabemos todos los que hemos estado en contacto
con ella.
Por algo
tenemos un Campus al que solo se puede acceder en coche o en autobús, y que
está a más de 25 minutos en autobús de la ciudad. Por algo tenemos un Campus
construido en el medio de la nada, en un monte alejado de cualquier otro núcleo
humano. Para colmo, ni siquiera es un Campus plano donde te puedas desplazar
fácilmente de una Facultad a otra, sino que para moverte entre facultades
tienes que subir por cuestas que le quitan a cualquiera las ganas de
socializarse con gente de otras facultades dentro del Campus.
Sin embargo,
a esto hay que sumarle unas instituciones retrógradas, que de tan acostumbradas
a una sumisión absoluta y a una nula capacidad de creación de pensamiento
crítico por parte del estudiantado, se sorprenden cuando alguien no responde a
sus cánones, y reaccionan como han reaccionado siempre los caciques:
prohibiendo.
Ante la
convocatoria de una asamblea para estudiantes y trabajadores de la Universidad,
la Dirección del Centro denegó la solicitud de un aula alegando que era
"una actividad sin ninguna relación con el centro". Al final, el
Centro acabó cediendo, pero solamente cuando se le informó de que, en caso de
persistir en su negativa, recibiría una denuncia judicial por una posible
vulneración de la Ley Orgánica de Libertad Sindical (la asamblea estaba
convocada por varias organizaciones sindicales, y CCOO se había encargado de
realizar la solicitud), así como se informaría a los medios de información
locales y se llevaría una queja al Parlamento Gallego a través del Grupo
Parlamentario de AGE.
Lo peor, lo
más triste, es que es cierto que el acto no tenía nada que ver con el Centro.
La defensa de los derechos de los trabajadores, la creación de organización y
contrahegemonía ideológica, la lucha por la defensa de la educación pública, no
tienen nada que ver con la Escuela de Ingeniería Industrial. O más
concretamente, no tienen nada que ver con su Dirección.
Y es que no
es la primera vez que la Dirección del Centro se niega a ceder espacios para
actividades con contenido crítico. Este mismo curso, se denegó a la Liga
Estudantil Galega un espacio donde poder realizar un homenaje a Moncho
Reboiras, histórico militante independentista gallego asesinado por el fascismo
de Estado. A pesar de que la Liga alegaba que Moncho Reboiras había sido
estudiante de la Facultad, y que por eso se había elegido ese lugar, la
dirección dio la misma respuesta que para la asamblea: "no tiene nada que
ver con el Centro".
A la
Universidad de Vigo, como a muchos sectores de la sociedad gallega, le siguen
oliendo los pies a caciquismo. Mediocres que alcanzan un puesto en la dirección
de un centro se creen que el mismo centro les pertenece, y les encanta sentirse
los dueños de su tranquila aldea. Y cuando alguien se atreve a romper ese
silencio de corderos, cuando alguien introduce la verdadera esencia de la
universidad (que no es otra que la crítica y la transformación de la realidad
para cambiarla a mejor) en su feudo, se enfadan, tratando de ignorarlo, tratan
de prohibir "la peligrosa manía de criticar".
¿Hay
democracia en la Universidad de Vigo? Pues la misma que hay en el resto del
país. Hay democracia para hacer botellón en el Campus, hay democracia para
colgar carteles machistas de fiestas universitarias que harían vomitar a
aquellos jóvenes que lucharon en los 60 por democratizar el acceso a los
estudios superiores. Hay democracia para que Nuevas Generaciones del PP y el
Ejército Español organicen jornadas en las Facultades sin ningún problema. Sin
embargo, ante la solicitud de un grupo de estudiantes de 1º de Derecho de invitar
al PCE a hablar en un acto de homenaje a los Abogados de Atocha (militantes de
ese partido), la Decana se negó alegando que no tenían cabida organizaciones
políticas en la Facultad, cuando no mucho tiempo atrás había cedido un espacio
a Nuevas Generaciones para que vinieran a explicarnos lo maravillosos que son
los recortes.
La
democracia en la Universidad de Vigo existe mientras no la ejerzas. Y es que ya
lo dijo Rosa Luxemburgo: quien no se mueve, no puede sentir las cadenas.

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