13 mayo 2013
Octavio Granado
ExSecretario de Estado de la Seguridad Social
ExSecretario de Estado de la Seguridad Social
Como bien recogía Público el pasado día 2 el Programa Nacional de
Reformas de España 2013 contenía en su página 44 una información increíble, la
de que según la metodología AROPE la tasa de pobreza
correspondiente al año 2012 había experimentado, según datos provisionales del
Instituto Nacional de Estadística, un ligero descenso, situándose en el 26,8%
frente al 27% de 2011. “Hay que destacar —continuaba el Programa— que este
descenso, aunque muy reducido, se produce en un contexto de caída del PIB y aumento
del desempleo”.
Los estudiosos de las
ciencias sociales no salíamos de nuestro asombro. La nueva tasa AROPE (at
risk of poverty or social exclusión), aplicada desde 2010 en sustitución de
los indicadores que únicamente tenían en cuenta los ingresos monetarios,
intenta evaluar la pobreza desde una perspectiva que incorpore elementos más
amplios que la mera proporción entre hogares con menores ingresos y los
ingresos medios de las familias del país. Así, considera en pobreza o exclusión
a una persona que sufra falta de ingresos, como hasta 2010, privación material
severa, o vivir en un hogar con baja actividad laboral. Se considera privación
material la conjunción de tres de los siguientes nueve indicadores, y severo el
sufrimiento de cuatro al menos de las situaciones:
·
Falta
de capacidad para afrontar gastos imprevistos
·
No
poder permitirse una semana de vacaciones al año fuera de casa
·
Retrasos
en el pago de la vivienda habitual en el último año
·
No
poder permitirse una comida de carne, pollo o pescado cada dos días
·
No
poder disfrutar de temperatura adecuada en la residencia habitual
·
No
poder permitirse lavadora
·
No
poder permitirse tv
·
No
poder permitirse teléfono
·
No
poder disponer de automóvil
En España, los datos
laborales se extraen de la Encuesta de Población Activa y de la Encuesta de
Condiciones de Vida, y ésta última facilita los datos de pobreza y privación
material. Sobre los datos laborales, poco que añadir a lo que reconoce el
propio documento del programa Nacional de Reformas, con el paro creciendo más
de un millón de personas desde que Rajoy ocupa La Moncloa, lo que se traduce en
un crecimiento de cerca del 11% de las familias que carecen de ingresos
laborales o de prestaciones en este periodo (del 578.400 a finales de 2011 a
647.700 en la última EPA).
En cuanto a los datos
de privación, la Encuesta de Condiciones de Vida 2012 señala que este año las
familias que tienen muchas dificultades de llegar a fin de mes han pasado del
10,1% al 13,5%, y con dificultad del 17,2% al 19,7%. Desde 2011 a 2012 las
familias que no pueden permitirse una semana de vacaciones han pasado de 38,9%
al 44,5%, la falta de capacidad de afrontar gastos imprevistos del 35,9% al
40%, y los retrasos en los pagos de la vivienda habitual han crecido del 6,2%
de las familias al 7,4% en este año.
Crecen las familias
con dificultades para pagar sus gastos mínimos, la morosidad, la imposibilidad
de afrontar pagos imprevistos u otras actividades, la privación en suma. Crecen
las familias sin ingresos laborales o prestacionales. Aumenta el paro. ¿Cómo
puede estar bajando la pobreza y la exclusión?
La respuesta a este
disparate es una manipulación tan burda que da grima, o al menos debería darla
a los responsables del Ministerio de Economía. Al lado de los datos ya
comentados de 2012, procedentes de la Encuesta de Condiciones de Vida realizada
entre abril y julio de dicho año, se ha preguntado a la gente por sus ingresos.
Y los ingresos utilizados “son los ingresos netos percibidos durante el año anterior
al de la entrevista”, tal y como reconoce el propio Instituto Nacional de
Estadística en la nota de prensa de 22 de octubre de 2012 que presenta la
Encuesta de Condiciones de Vida de dicho año.
Aunque los datos
encuestados se hubieran estimado en evolución anual, los resultados se hubieran
distorsionado igualmente. Por ejemplo, en la fecha en la que se realizó la
Encuesta de Condiciones de Vida los empleados públicos no sabían que no iban a
cobrar paga extraordinaria en Navidad, y los pensionistas confiaban en la
revalorización de las pensiones con una paga de desviación de inflación de
1.300 millones de euros que nunca se cobró. De hecho, entre la presentación
provisional de los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida y la definitiva
ya otros años han existido desviaciones notables.
En
conclusión, al empeoramiento radical de la situación de los españoles en 2012
le hemos tenido que mezclar los ingresos de los hogares en 2011 para maquillar
unos datos incuestionables de crecimiento de la privación, la exclusión y la
pobreza, que hubieran crecido brutalmente si hubiera sido posible conocer la
disminución de ingresos en dicho año. No conocerla tiene justificación,
utilizar este hecho para justificar con datos de 2011 las políticas de 2012 es
indecente. Mira tú por dónde, los datos, tan abominados, del último periodo de
Zapatero, son utilizados para destacar que las medidas antisociales del
actual Gobierno “disminuyen la pobreza”. La pobreza y la privación crecen, pero
hay algo que evidentemente disminuye, y es la vergüenza en algunos ministerios.
Fuente: www.publico.es
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