“Para los
españoles, tener un trabajo ya no garantiza tener un sueldo”
El New York
Times vuelve a poner sus ojos en España para publicar un reportaje en el que
ofrece una imagen muy diferente de la que el Gobierno quiere vender
Lejos de la
engañosa imagen, más positiva y optimista, que el Gobierno español pretende
vender de la situación que están creando en España las medidas que toma para
hacer frente a la crisis, los medios del mundo siguen poniendo sus ojos en
nuestro país para dar un ejemplo de lo peor que está pasando en Europa. La
reportera Suzanne Daley, que hace unos meses ya había publicado otro trabajo
sobre la reaparición del hambre en España, esta vez ha acudido a Valencia para
hurgar en un problema creciente que el gobierno no afronta, el de los
trabajadores que tienen empleo pero no cobran, o tardan un tiempo insufrible en
cobrar.
Ni los
trabajadores públicos saben cuándo van a cobrar
El diario norteamericano comienza su reportaje contando el caso de una mujer, casada con un minusválido y con una hija, que trabaja para una empresa de cerámica que le debe atrasos por unos 10.000 euros. “Los días en los que te pagan es como si el sol saliera 3 veces”, dice la trabajadora, según la reportera estadounidense.
El diario norteamericano comienza su reportaje contando el caso de una mujer, casada con un minusválido y con una hija, que trabaja para una empresa de cerámica que le debe atrasos por unos 10.000 euros. “Los días en los que te pagan es como si el sol saliera 3 veces”, dice la trabajadora, según la reportera estadounidense.
A partir de
aquí, el trabajo del New York Times hace un repaso de los problemas que viven
los ‘otros parados’, la gente que trabaja, pero que no cobra regularmente o
que, en manos de empresarios desaprensivos, se ve forzada a trabajar sin saber
siquiera si le van a pagar. “Ni siquiera quienes trabajan para los
profundamente endeudados gobiernos municipales o autonómicos, incluso
conductores de autobús o sanitarios, cuyos salarios dependen del Gobierno,
reciben regularmente su paga”.
Difícil
incluso saber cuánto te deben
Como ejemplo, el reportaje pone a una pareja de un conductor de autobús y una fisioterapeuta, que trabajan para la Comunidad y que “pensaban que tenían una vida confortable”, pero que ahora arrastran sueldos atrasados hasta los 6.000 euros en el caso de ella con la repercusión que para su calidad de vida ha traído esta situación.
Como ejemplo, el reportaje pone a una pareja de un conductor de autobús y una fisioterapeuta, que trabajan para la Comunidad y que “pensaban que tenían una vida confortable”, pero que ahora arrastran sueldos atrasados hasta los 6.000 euros en el caso de ella con la repercusión que para su calidad de vida ha traído esta situación.
El periódico
norteamericano también entrevista a algún abogado que se dedica a defender a
estos trabajadores en apuros, y que explica que la gente tiene “miedo incluso
de protestar”. Lo peor para ellos, escribe la reportera, “es tener
incertidumbre sobre si se le llegará a pagar el sueldo… Los pagos que se les
hacen son tan irregulares que tienen dificultades incluso para saber cuánto les
debe (el Gobierno de la Comunidad valenciana), porque en sus cuentas aparecen
pequeños ingresos esporádicamente”.
“Sé que
nunca cobraré lo que me deben”
También pone el reportaje el foco sobre la situación que viven los inmigrantes, que viven una situación aún más difícil. “Sé que nunca cobraré lo que me deben”, dice la reportera que le ha contado un ciudadano rumano que se dedica a la construcción y que “trabaja gratis durante meses, aunque ocasionalmente su jefe le da 50 euros”.
También pone el reportaje el foco sobre la situación que viven los inmigrantes, que viven una situación aún más difícil. “Sé que nunca cobraré lo que me deben”, dice la reportera que le ha contado un ciudadano rumano que se dedica a la construcción y que “trabaja gratis durante meses, aunque ocasionalmente su jefe le da 50 euros”.
En su
reportaje, el New York Times recoge la opinión de empresarios que muestran su
dificultad para cobrar de sus clientes, y ponen los casos de quienes incluso
han vendido su patrimonio personal para poder mantener sus negocios. Pero
también comenta la opinión de los abogados laboralistas, que se quejan de una
situación que permite a las compañías presionar a los trabajadores, que
incapaces de mantener procesos legales largos se ven obligados a aceptar
acuerdos por cantidades menores de las que se les debe.
Fuente: www.elplural.com

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