Fin de huelga de hambre en Telefónica Fin de huelga de hambre en Telefónica...pero
la lucha sigue y la moral más alta
El 27 de noviembre, los cuatro trabajadores de
Telefónica que se mantenían en huelga de hambre desde hacía 23 días en
Barcelona, decidieron suspender la acción de protesta por recomendación médica
ante el riesgo de afectación a su salud.
España |
Ernest Cañada-Rel-UITA/Tercera Información | 07-12-2012 |
La huelga
fue motivada por la demanda de readmisión de Marcos Andrés, un trabajador y
sindicalista que había sido despedido el 4 de febrero de 2011 mientras estaba
de baja médica.
La empresa
ponía así fin a una relación laboral de 24 años. Después de tres juicios, y de
que el fallo judicial declarara improcedente su despido, Telefónica continuaba
negándose a readmitir al trabajador.
A pesar de
la intensa lucha, la multinacional no cedía y la acción sindical tradicional no
había podía lograr los objetivos planteados.
En ese
contexto Marcos y otros cuatro trabajadores de la empresa, Laurentino González,
Josep Bel, Carlos Ballena y Albert Díez, con una larga trayectoria sindical y
de lucha social decidieron iniciar una huelga de hambre.
Así lo
explicaba Josep: “Después de hacer huelgas, después de hacer flashmob, después
de hacer la acampada con el 15M, ganamos el primer juicio, el segundo lo
ganamos y lo declara improcedente pero acaba en la calle, decimos: no puede ser
que teoricemos que no se puede hacer nada cuando hay una injusticia”. Para
Albert, la huelga “no es una fiesta, no es una machada, esto es un grito
desesperado a la sociedad: nosotros ya no sabemos qué más hacer”.
Además de la
demanda de readmisión, la preocupación fundamental de los huelguistas tenía que
ver con la degradación de las condiciones de trabajo que se estaba produciendo
en la empresa.
El despido
de Marcos y de otra trabajadora en Madrid en realidad formaba parte de un
proceso de sustitución de una plantilla laboral que gracias a la lucha sindical
disponía de ciertas condiciones y derechos, por trabajadores subcontratados y
externalizados, y por tanto mucho más baratos para la empresa.
Estos hechos
se produjeron justo antes de la negociación del convenio colectivo de la
empresa y de un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que iba a acabar con
6.500 puestos de trabajo. Los despidos fueron dirigidos, según cuenta
Laurentino en declaraciones a Sicom, a provocar “miedo a la plantilla y que se
acogieran al ERE”.
Durante todo
el conflicto la empresa ha mantenido una actitud amenazante y no ha cedido a
las demandas de los trabajadores. Sin embargo la huelga de hambre ha permitido
romper con el cerco mediático que había impuesto la transnacional en torno a
sus problemas laborales.
Al cabo de
unos días Internet y las redes sociales se inundaron de videos, fotografías y
muestras de apoyo de todo tipo con los huelguistas; se realizaron numerosas
actividades de calle que congregaron a centenares de personas; fueron
muchísimas las personas que se acercaron al local en la que estaban los
huelguistas en el barrio del Paral.lel de Barcelona para hacer presente su
solidaridad, incluyendo políticos de diferentes formaciones de izquierdas que
se encontraban en esos días en plena campaña electoral para el Parlamento de
Cataluña.
La huelga
dio a conocer el conflicto y la demanda de los trabajadores, y sobre todo ha
permitido explicar los intereses empresariales por degradar e imponer un nuevo
régimen de condiciones laborales.
El conflicto
sigue abierto y será largo, pero la huelga de hambre que ahora termina ha
situado la lucha en Telefónica en otro escenario y ha fortalecido la moral de
sus trabajadores.
Los
huelguistas han sido un acicate moral, una negativa a aceptar la resignación y
la derrota. Su ejemplo de valentía y dignidad no solo cunde entre sus
compañeros, si no que también ha calado en gran cantidad de personas, gente
trabajadora golpeada por la gran estafa en la que se ha convertido la gestión
de la crisis económica.
Termina la
huelga de hambre, pero la lucha sigue y la moral más alta.

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