“Te necesito vivo para que lideres a la humanidad” (Dios a José María
Aznar)
Artículos de
Opinión | Lucas Leon Simon | 03-12-2012 |
“La primera
vez que supe que no era un ser humano corriente, lo recuerdo bien, fue cuando
ETA voló mi coche conmigo dentro. Salí de allí, envuelto en llamas, y pensé:
¿cómo es posible que haya sobrevivido? Nadie se lo explicaba. Los médicos no
encontraban una respuesta, tampoco mi personal de seguridad. A todo el mundo le
pareció milagroso. Esa noche soñé con Dios. Era una luz, no tenía rostro, pero
sí voz. Me iluminó con su haz y me dijo: “José Mari, si te he salvado es porque
te necesito vivo para que lideres a la humanidad”. Me dijo un par de cosas más,
pero son personales. Aquella experiencia me cambió, por supuesto. Desde
entonces soy mucho más humilde.” José María Aznar. Memorias.
¡Anda, la
hostia! ¡Y yo con estos pelos!
Ahí donde lo
ven, este señor con un punto entre el gran Chaplin y el enloquecido Adolfo, ha
sido nada menos que presidente de una desgracia llamada España durante ocho
años.
¡Ahora
empiezo a explicarme muchas cosas! Por ejemplo, porqué este país se ha ido a la
porra. Con mitómanos, iluminados y salvadores como esté el resultado no podía
ser otro.
Ya lo dice
él en sus memorias, José Mari no “es un ser humano corriente”. Es un demente
desnortado, un botijo con bigote y un garañón fascista de medio pelo. La
certificación absoluta del absoluto declive y degeneración de la “marca
España”. Si la “marca” es capaz de generar un presidente como José Mari y un
ministro como Gallardón, y en tan corto espacio de tiempo, es que ha entrado en
reset y en la alcantarilla mental, de golpe.
Este loco de
los cojones, que se mueve entre las candilejas de la corrupción, mitad
cardenalicio y mitad hortera yankee, es la vertebración de la soflama pepera
con chorreras, un discurso de cocheros para ocho millones de votantes. Freud no
perdona.
España es a
la democracia como la bellota a los cochinos, y hasta por el ombligo nos sale
la debilidad mental. Lo milagroso es que no se hayan caído los edificios, los
autobuses circulen y salga agua de los grifos. ¡Con este percal mandando podía
haber ocurrido cualquier cosa!
Era una luz,
no tenía rostro, pero sí bigote. Y entre Mariano y Rodrigo, eligió al primero.
Fue como un salto mortal, entre Guatemala y Guatepeor, el asalto al palacio de
invierno, entre banqueros de rebusca y jamelgos de plastilina. Ahora, antes de
que la Piel de Toro se convierta en el mayor manicomio al aire libre, lo venden
en librerías.
Y el Verbo
se hizo chorizo, y habitó entre nosotros.

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